Grizelda Tamez: ¿la abstracción obligada?
COMPARTIR
Â
"Por definición -escribe la lic. Gloria Barocio, Galerista F. I. M. E.- la obra de Griz [Grizelda Tamez] está obligada a ser abstracta, porque parte de una filosofía del caos, germen de las innumerables formas no definidas y por esto, abiertas al infinito, creando otra realidad." (sic).
El anterior es un fragmento del texto explicativo que de la citada licenciada se reproduce en una cartela de mediano tamaño puesta en una de las salas de la galería del Icocult, lugar en que se exhibe "El Sueño de la Razón", una muestra al parecer retrospectiva de la pintora coahuilense Grizelda Tamez.
La alusión al grabado de Goya no debe llamarnos al equívoco: las obras que estas paredes ofrecen a la mirada del visitante poco tienen que ver con las del pintor español y mucho con una rama del expresionismo abstracto estadounidense, la del "action painting". La goyesca evocación, sin embargo, es útil para enmarcar la intención de esta pintora.
Intención: "cautelosa advertencia con que alguien habla o procede", ésta es una de las acepciones que de esta palabra da el diccionario. Si es así, ¿de qué nos advierte Grizelda Tamez en sus acrílicos sobre loneta? ¿De que "el sueño de la razón produce monstruos", como sabía Goya? ¿De que "el sueño de la razón" provoca vértigo, "porque [ella] parte de una filosofía del caos", estando como está, según Gloria Barocio, "obligada a ser abstracta"? Estos acrílicos tienen la respuesta. Mejor dicho: estos cuadros tienen la mitad de la respuesta; la otra mitad está en la lectura que nosotros hagamos de ellos, como acerca del poema postula José Emilio Pacheco.
La dieciochesca advertencia nos pone en guardia al tiempo que nos desarma: cuidado con la ambición ilustrada del progreso: su anhelo puede despeñarnos en un abismo ya no de concreto y fibra de vidrio, sino en uno digital, nanotecnológico y hologramático. Pero no, dice la obra de Grizelda Tamez, no somos cyborgs... todavía.
¿Y quién en los 40 ó 50 del siglo XX iba a pensar que sesenta años después, en una ciudad de un país en vías de desarrollo, una artista nos restregaría en la mirada la textura de estos abisales riesgos, echando mano, precisamente, de una pintura que entonces fue tan denostada por demencial y apátrida? "¿Pero es que aún existe la pintura abstracta?", preguntaría un detractor de Pollock desde el más allá. Y un altamirano respondería con otra pregunta: "¿Ah, pero es que aún existe la pintura?" Y se escucharía el resplandor de una voz áurea diciendo: "Todo es cíclico, remember". Y entonces todos callarían y recordarían que al principio fue el caos. Y evocarían que al final también fue el caos.
La tarea abstraccionista de Griselda Tamez camina en la cuerda floja. Ha inventado un alfabeto que deriva de algunos artistas como F. Kline, Pollock, Yoshihara, Tàpies y algunos otros, pero ese alfabeto parece, de pronto, convertirse en un petrificado decálogo. Hay una frase que se sostiene a lo largo de esta colección de acrílicos, frase que por fortuna es modulada e impelida a la construcción de algunas variaciones, éstas sí obligadas, para romper lo que por momentos parece el seguimiento de una fórmula reiterativa.
El uso constante de texturas similares en un lienzo y otro amenaza con tornar monótona la frase visual de la artista. Las incisiones sobre la arena densificada, la huella del cepillo en la gruesa capa de pigmento, el "chorreado", la salpicadura... Reiteraciones antes que proposiciones plásticas; repeticiones y no huellas de una exploración sin cartografía posible. En medio de la tautología, el lujo de algunos lienzos y la aventura de algunas bocanadas de auténtica búsqueda.
Entre los que buscan: "Diáfano como el Silencio", de suave textura y color atemperado; "Nocturna" y "Velos del Misterio", acrílicollages de menor dimensión pero de más lirismo y experimentación que otros de sus lienzos, de gran tamaño y de insistente afán. Entre los suntuosos: en primerísimo lugar, "Pasión Contenida" (técnica mixta), cuadro cuyo protagonista es el color, especialmente el rojo, que destaca aún más porque la artista le opone un azul velado y, valiéndose de materia arenosa y de gruesas capas de barniz brillante, lo dota de un cuerpo que podría adjetivar de sensual.
Siempre había visto las obras de Grizelda Tamez acompañadas de otras de colegas diversos, en exposiciones colectivas. Este "Sueño de la Razón" nos brinda el privilegio de ver una muestra individual de su trabajo plástico, que a pesar de mis reparos de aficionado, me parece digno de visitarse, y en algunos casos, de sentarse a contemplar (si se pudiera). Por cierto, el lenguaje abstracto de Grizelda Tamez se me ofrece de manera tan natural que sigue intrigándome la idea de que ella, o cualquier otro artista, pudiera verse "obligado" a ser abstracto, figurativo, conceptual, minimalista o todo junto, si así lo desea.