Biocombustibles: qué son, cómo funcionan
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José Sarukhán
Biólogo investigador de la UNAM
En nuestro país somos rápidos para copiar modas generadas en el exterior, desde las de los estilos de vida, hasta las que tienen que ver con acciones que influyen en la calidad ambiental. En contraste, somos aletargados para corregir los errores que conllevan tales modas. Enumerar algunos ejemplos de ello tomaría el espacio de esta y de varias futuras colaboraciones.
Me referiré hoy solo a un tema que, siendo básicamente correcto e interesante, se ha distorsionado con resultados ecológica y económicamente desastrosos: la producción de los biocombustibles (BC). Por su importancia, trataré el tema de forma que sea comprensible a todos los lectores, aun aquellos no versados en el tema.
Los BC son combustibles líquidos obtenidos a partir de materia orgánica fresca, renovable, en contraste con los tradicionales (gas, petróleo, carbón) que también provienen de materia orgánica, pero fosilizada y transformada por millones de años, y que no son renovables.
La mayoría de los BC (de primera generación) se producen a partir de cultivos para uso humano o animal y son de dos tipos, dependiendo de su forma de producción. Uno es el biodiesel a partir de aceites provenientes de grasas animales, de las semillas de una variedad de nabo ("canola") o de palma africana de aceite; también se ensayan plantas de zonas semidesérticas (Jatropha) y cultivos masivos de algas. El otro es el bioetanol, producido por procesos de fermentación de materia vegetal con altos contenidos de azúcares o almidón. Los productos más usados son el bagazo de caña de azúcar, maíz y algunos otros cereales como trigo o cebada. Ocasionalmente se usa biomasa (madera y desechos vegetales) para producir varios tipos de energía. El propósito de los BC es reducir, o llegar a sustituir, el uso de combustibles fósiles, disminuyendo las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI).
Los BC de segunda generación se producen de la planta completa o de biomasa, y es una tecnología no disponible aún comercialmente. Podrían aventajar a los BC de primera generación al reducir más GEI, producirse en tierras no agrícolas, requerir menos insumos (agua, fertilizantes) para su producción, no competir con alimentos humanos, etcétera.
Un concepto erróneo y muy extendido acerca de los BC es que absorben la misma cantidad de carbón al producirse en el campo como la que emiten al ser quemados. Resulta que no es el caso cuando se consideran las emisiones de GEI generadas al producir los BC: el uso de maquinaria, el suelo, el uso de fertilizantes nitrogenados, la energía usada al convertir la materia prima en combustible líquido y todo el transporte utilizado para trasladar la materia prima y el combustible para su uso. Además, al usar suelos no agrícolas se deforesta y el carbón emitido equivale al uso de BC 50 ó 100 años para compensar esas emisiones.
Qué volúmenes de GEI se ahorran al usar BC, depende de la forma y el lugar en que éstos se producen y de su procesamiento. Cuando se toman en cuenta todas las fuentes de emisión, la mayor parte de los BC acaba emitiendo más GEI de los que ahorrará con su uso. Existen otros (pocos) casos en los que pueden obtenerse reducciones totales interesantes de GEI.
Lo que no hacemos en México con el cuidado debido es contabilizar de manera precisa el balance entre el costo energético y de producción de GEI al producir los BC y el ahorro que significarán. Por ello, algunos gobiernos estatales y varios productores agrícolas trasnochados se han lanzado a aventuras que resultarán muy costosas económica y ecológicamente. Pero este será el tema de mi siguiente entrega.