Vías alternas

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Opinión
/ 11 abril 2011

Hoy abordaremos un tema muy delicado que involucra porciones anatómicas comprometidas con el pudor. Confío en que sabrán tomarlo con la debida madurez. No quiero escuchar risitas ni cuchicheos, en particular de los lectores sentados allá atrás, que siempre están platicando. Quedan advertidos, que conste.
Alguna vez, en este mismo espacio, hablamos sobre la capacidad creativa del hombre para pervertir el original propósito de sus cavidades corporales.
Y si aquella afirmación pareció en algún momento temeraria, información reciente parece ratificarla.
En su afán perpetuo por alterar sus sentidos, el hombre no ha mostrado el menor empacho por atascarse cualquier sustancia imaginable por cualquier vía concebible.
Todo con tal de alcanzar el muy anhelado estado de intoxicación o "pachequez". Lo de menos es corromper la noble vocación de los orificios que Natura nos proveyó para el intercambio de elementos con el exterior.
De las entrañas de las sociedades más "avanzadas", Estados Unidos y Europa, nos llegan  reportes de aberrantes prácticas que sin embargo están ganando adeptos en los estratos juveniles, tan proclives siempre a la experimentación.
Se le llama "slimming" y se trata de la ingestión de alcohol por rutas alternas al muy ortodoxo canal oral, concretamente por vía vaginal o rectal.
Si tiene dificultades para recordar la palabra "slimming", quizás le sea más sencillo evocar esta costumbre por su nombre alternativo, "el tampón de vodka", que de manera inequívoca nos dice cuál es la mecánica involucrada en todo esto.
Todo es empapar uno de estos útiles higiénicos en vodka y, una vez rebosado en la bebida, llevárselo a los entresijos por el canal de su preferencia.
Se  dice que se coge con esto una borrachera de miedo, casi instantánea, con la ventaja adicional de que no es tan fácilmente detectable para los padres de familia como ocurre con el consumo de alcohol a la bendita vieja usanza.
Se supone que el alcohol así se absorbe con mucha rapidez y sin pasar por el filtro hepático, lo que provoca un estado de intoxicación etílica muy superior a un cuete ordinario.
Hay más aún. Una variante es ingerir alcohol por la vía oftálmica. Le llaman "eyeballing" y dicen que también pega duro (aunque así debe arder agarrar el Oso Negro como colirio).
Está de más decirle que la comunidad médica ha lanzado toda clase de advertencias sobre las posibles lesiones (algunas graves y permanentes) que estos jueguitos pueden ocasionar.
En lo que a mí concierne, mi duda es: ¿Por qué sólo vodka? Caray, digo. me encanta el vodka (bebido, no absorbido), pero. ¿Qué hay del whiskey, de la cerveza o de un buen tequila?
- "¿Por qué estás caminando tan raro?".
- "Bueno, tú sabes. Es que pedí un margarita salado, con todo y el adorno de sombrillita".
Por el bien de nuestra especie, esperemos que esta práctica llegue hasta allí y no transite de los líquidos a los sólidos.
- "Y ahora. ¿por qué estás caminando más raro aún?".
- "Bueno, tú sabes. Dejé de beber, pero la goma de mascar me ayuda a controlar la ansiedad por la abstinencia".
Otra cosa que no alcanzo a imaginar es cómo serían los operativos de prevención vial de fin de semana. ¿Qué le dirían los oficiales a los conductores en los retenes?: "Por favor, descienda del auto, bájese los pantalones y ponga la manos sobre el cofre. Si siente un cuerpo extraño es sólo el alcoholímetro. No sople en tanto no se le indique, ¿entendido?".
Pongámonos serios un instante para preguntarnos qué es lo que tiene a los jóvenes tan insatisfechos al grado de que nos les basta ya un reventón dentro de los parámetros de relativa normalidad que conocieron las generaciones precedentes.
Este afán por elevar la intensidad de sus experiencias con métodos tan artificiosos revela lo deteriorado que anda el espíritu humano por estos días, si hasta los jóvenes (que se supone son felices por definición) tienen tantos problemas para encontrarle el goce a la vida que literalmente intentan  metérselo por el trasero.
El "eyeballing" y el "slimming", téngalo por seguro, terminarán por tener su apogeo en México, tarde o temprano, pues nuestro país no está vacunado contra las crisis existencialistas.
Así que, padres de familia, atentos porque en lo subsecuente no sólo tendrán que vigilar lo que consumen sus hijos, sino también habrán de cuidar por dónde se lo suministran.
petatiux@hotmail.com

Columna: Nación Petatiux

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