2012: pacificación, legitimación, gobernación

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Opinión
/ 29 mayo 2011

La atención sobre la sucesión presidencial de 2012 está concentrada en la definición de los candidatos y el cálculo sobre quién podría ganar. Es algo muy parecido a un concurso deportivo. La realidad y los núcleos más conscientes de la sociedad están en otra cosa. ¿Cómo disminuir el nivel de violencia desde ahora, antes de que éste nos arrastre a una catástrofe? ¿Cómo cambiar la agenda de quién va a ganar, a quiénes están en posibilidades de competir, dirigir y gobernar?

Las elecciones de 2012 traen consigo dos riesgos que habría que disminuir. Uno es el riesgo de la ilegitimidad. El otro es el de la violencia. Por una parte, de no tomarse las medidas preventivas, los riesgos de cuestionamiento a su legitimidad volverían a presentarse como ocurrió en 2006, pero ahora con mayores probabilidades de confrontación social que entonces. Por la otra, de no convenir acciones que disminuyan el riesgo de que la violencia criminal invada la competencia política, las probabilidades de que eso ocurra serían muy altas.

Por los niveles de violencia que ya tenemos en nuestro país y la falta de consensos sobre el desarrollo, tendremos que llegar en algún momento a un acuerdo de fondo entre las fuerzas políticas y la sociedad para cambiar el régimen de gobierno y hacer más equitativa la estrategia de desarrollo.
 
Ahí está la solución para unir, pacificar y acelerar el desarrollo de México.

Pero como ese cambio mayor no es hoy posible, deberíamos al menos tomar medidas de tres géneros: las que permitan aumentar la legitimidad de la próxima elección; las que contribuyan a reducir el nivel de violencia en el proceso electoral; y las que faciliten que el nuevo gobierno tenga un soporte más amplio con el cual hacer frente a los retos que habrá de enfrentar.

Legitimación. Antes de que empiece el proceso electoral habría que tomar decisiones para legitimar la elección presidencial.
 
Lo que hoy tenemos, siendo conservadores, no es suficiente. Lo fue en 2000; no lo es hoy. No encuentro razones suficientes que impidieran convencer a los partidos políticos, al Gobierno Federal, a los Gobernadores y a los medios de comunicación de algunas medidas preventivas e indispensables para aumentar la legitimidad del proceso. Debe fortalecerse la autoridad de las instituciones electorales y llegar a un acuerdo con los medios cuyo propósito sea aumentar la equidad y legitimidad de la elección.

Pacificación. El peso y los niveles de violencia que hoy tiene México son semejantes a los que tenía Colombia hace 20 años.
 
Las elecciones colombianas de 1989 fueron escalofriantes. Y nosotros, desafortunadamente, no podemos decir que nuestra situación sea diferente. Podría no ocurrir aquí nada de lo que pasó entonces en Colombia, pero sabiendo lo que ha pasado y con los antecedentes de lo que ya está pasando aquí, sería una gran irresponsabilidad nacional no hacer nada para disminuir el riesgo.

Todo lo que se haga para separar el proceso político de la confrontación con y entre las organizaciones criminales será útil. Antes de que empiece la elección es necesario tomar medidas de gobierno que permitan que baje la confrontación violenta y se eleve el costo de acceder a un financiamiento criminal a las campañas.

Gobernación. El próximo gobierno va a arrancar con márgenes muy reducidos de acción. Sólo un respaldo mayoritario, gran claridad de rumbo y un equipo competente podrán ampliarlos. Se va a necesitar una fórmula de gobierno de coalición dentro del régimen presidencial. Entre más al fondo vaya el debate y se mantengan abiertos los canales de comunicación, más se facilitará arribar a la conformación de un gobierno con un programa que cambie el rumbo y cuente el respaldo necesario.

Ante los altos riesgos de ilegitimidad y violencia que acompañan a la próxima sucesión presidencial, ya es hora de hablar en serio sobre legitimación, pacificación y gobernación incluyente, antes y después de la elección.

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