Intolerancia Aguda
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En 2003, a sugerencia de mis entonces editores, publiqué "Marta" -Océano-, sin intentar siquiera presentar la obra como una biografía de la dama, "primera" le llaman los lacayos del sistema, considerando que para exaltarla como tal se requería tiempo, merecimientos y acaso el finiquito de una existencia exitosa. No era el caso, desde luego. Por otra parte, se importó a una trepadora argentina, primero contratada por la residencia oficial ex professo y luego como solista ambiciosa que calculó mal cuanto le redituaría una obra sobre la esposa de Vicente Fox con contenidos escandalosos -algunos pasajes poco demostrables- gozando con ello del apoyo de algunos semanarios de izquierda y algunos diarios despistados.
Mi intención era otra: prevenir la posibilidad real de que la pareja entonces presidencial fraguara una suerte de reelección permitiendo a la airosa zamorana colocarse del otro lado del lecho conyugal, como comenzaba a estilarse en algunas naciones sudamericanas, en concreto en Argentina en donde la devoción por "Evita" tiene visos multinacionales. Hace poco, por ejemplo, encontró una iconografía del personaje, con obras múltiples sobre ella, en la apretada biblioteca de Elba Esther Gordillo. De ello hablo en mi próxima obra.
Los Fox, al fin, se enfurecieron. Hablaron horrores de los libros -siempre en plural- pero sólo optaron por denunciar a la argentinita. Y siempre que hablaban al respecto solían subrayar que se les había difamado en "sendas" obras pero sin mencionar nunca a la de este autor, sólo a la de la escritora de importación que incluso me fue presentada cuando ambos preparábamos nuestros trabajos; y creyó muy fácil que podría sacarme toda la información que ella, obviamente, no tenía.
A cambio de ello, la empresa Latinoamerican Speakers, que hasta entonces organizaba mis conferencias, a través de su director, Javier Díaz Brasetti, el albino que ahora es protegido del director de Pronósticos Deportivos, sugirió un encuentro con la señora Sahagún y acaso igualmente con su herido marido. Acepté a sabiendas que aquello era como meterse en la boca del lobo. (Debo recordar que años atrás, en 1998, Vicente Fox, a auspicios de Díaz Brasetti, presentó gustoso mi obra "El Gran Simulador" -Grijalbo-, cuyo personaje central era Ernesto Zedillo, en el Palacio de Minería, y aprovechó el foro para lanzar, de plano, su candidatura presidencial en el Distrito Federal en un auditorio plagado de perredistas quienes esperaban la llegada del ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas).
El encuentro planteado, desde luego, jamás se realizó. Y a las constantes posposiciones siguió una nueva actitud de los "expertos" en conferencias: sencillamente no volvieron a contratarme ni a sugerir mi nombre para evento alguno. Tiempo después me enteré que algunos organismos habían solicitado pláticas mías y en Latinoamerican Speakers les respondieron que yo ya no las daba por decisión propia; o bien que cobraba tan elevados emolumentos que no valía la pena. Dos falacias evidentes para apostar por mi silencio.
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Polémica
Un año antes de las elecciones presidenciales, suelo presentar mis obras más críticas. En 1993, por ejemplo, "Presidente Interino" -Grijalbo- adelantó la posibilidad de que el candidato oficial a la Primera Magistratura fuese asesinado; y en 1999, "Los Escándalos" -también publicado por Grijalbo-, presentó la podredumbre del priísmo hegemónico cargado a la derecha siguiendo los lineamientos del FMI. Lo curioso del asunto es que esta obra, en algunos de sus episodios, fue motivo de inspiración para los consejeros del foxismo que tomaron del mismo incluso algunos adjetivos juveniles característicos de su adversario, el sinaloense Francisco Labastida.
Ahora pretendo publicar una obra igualmente crítica, de hecho terminada -faltan algunos pequeños detalles-, y me enfrento a la resistencia de mis editores que consideran ya no deben darse obras de denuncia como ésta para no crispar más el contaminado ámbito nacional. Contra esta tesis alego que es necesario sacudir, de nuevo, la gran conciencia nacional para no caer en el linde de la manipulación colectiva que tan bien conoce la derecha en el poder, apoyada por sus expertos en marketing político de importación.
Me resisto, lo digo abiertamente, a mutilar mi obra para vadear las críticas hacia un gobierno cuyos desaciertos plantean bastante más que una transición compleja, y vi9olenta, en el 2012, el año próximo. Máxime por los antecedentes -1994-, el poderío operativo de las mafias del narcotráfico y la resistencia panista a soltar el poder aduciendo que si el PRI tuvo setenta años para ejercer el poder, la derecha sólo ha contado con dos sexenios... paralizantes.
Pero más allá de respetables puntos de vista, alarma que las obras dedicadas a radiografiar al narcotráfico y a los "capos" más célebres estén, por decirlo de alguna manera, de moda. El magnífico de Anabel Hernández, entre ellos. Pero cualquiera que se acerque a los anaqueles encontrará bibliografía bastante sobre el flagelo y sus autores aseguran -algunos de ellos me lo han dicho abiertamente- que no tuvieron para publicarlos la menor restricción.
¿Cómo es, entonces, que una obra de análisis y crítica política, como la que acabo de entregar, sí sea motivo de presión y de intentos de censura para no tocar, siquiera, a la familia que habita la casona blanca de Chapultepec y pretende asegurar la continuidad a cualquier costo, incluso sobre la dignidad y la voluntad de los mexicanos... como en 2006?
Espero sus reflexiones, amables lectores.
Por las Alcobas
En Guanajuato, cuna de la Independencia y en donde se encuentran las corrientes más emblemáticas de liberales y conservadores a través de la historia, está por darse en el PAN una riña interna de campeonato. El gobernador panista, Juan Manuel Oliva Ramírez, uno de los pilares del grupo ultra "El Yunque", ha puesto toda la parafernalia gubernamental en pro de su secretario de Gestión Pública, Miguel Márquez Márquez, político de medio pelo; y el grupo presidencial, de plano, optó por apoyar al doctor José Angel Córdova Villalobos, secretario de Salud, quien en algún momento aspiró a la Presidencia cuando sintió los reflectores de la influenza sobre él.
Para el efecto, hasta el senador Luis Alberto Villarreal, ex alcalde de San Miguel, no tuvo opción más que la de integrarse al equipo muy a pesar de sus propios propósitos. Tendrá que esperar un sexenio más, cuando menos. Cosas de familia.
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