México agraviado
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26 agosto 2011
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No puedo quedarme callado. No voy a ser cómplice del miedo y de la barbarie. Menos de la mierda en que está convertido este país nuestro. Sólo sé escribir y aquí estoy, escribiendo. Si de algo sirve en estos tiempos convulsos -y al parecer sirve de mucho- escribir, comparto mis ideas y lo voy a seguir haciendo.
Amo a la ciudad de Monterrey. Amo y respeto su emblemática Avenida Madero -refugio de trasnochadores, de parias y haraganes; refugio ya en decadencia de prostitutas y chulos-; amo y respeto su mítica calle Villagrán, donde se intercambian pesos por caricias falsas en lugares hoy cerrados, clausurados por el miedo y la muerte, no por autoridad alguna que en Monterrey, no la hay. Amo a la ciudad de Monterrey. Aquí ha pasado parte de mi vida, aquí sigue pasando y la sigo habitando (escribo de tiempo completo para Biznews). Y no, no me voy a ir y jamás, jamás renunciaré a seguir haciendo mi vida normal y cotidiana, una vida normal y cotidiana que raya en el suicidio a estas alturas.
México está agraviado, injuriado, secuestrado. La autoridad no puede. El gobierno no puede. No puede el Gobierno Federal (Felipe Calderón Hinojosa), no puede el Gobierno Estatal (Rodrigo Medina de la Cruz) no puede el Gobierno Municipal (Fernando Larrazábal). En Torreón, Coahuila (Eduardo Olmos Castro) miembros del crimen organizado vapulearon a policías municipales a las afueras de un estadio de futbol y cuando se disputaba un juego del equipo Santos; el evento fue transmitido a todo el país en televisión abierta. El caos, el terror.Â
Una balacera se desató a las afueras de la primaria "Ricardo Flores Magón" en Ciudad Juárez, Chihuahua y cuatro madres de familia fueron heridas. En Culiacán, Sinaloa, fue "levantado" mi compañero periodista Humberto Millán Salazar por un comando armado. Al día siguiente amaneció ejecutado y con el tiro de gracia. En Veracruz y Acapulco, Guerrero, las ejecuciones ya son en pleno día y a ojos de los azorados turistas. en Monterrey, le prendieron fuego a un casino, presumiblemente por no pagar la cuota requerida por el crimen organizado y ardió. Pero también, ardieron vivos 61 seres humanos. El infierno; el gobierno no puede.
El país se resquebraja y nadie puede controlarlo. Una y otra vez en este generoso espacio de VANGUARDIA este amargado columnista lo ha dejado por escrito en sus textos: la violencia es extrema y no hay manera de pararla. El Gobierno no puede. Hace apenas días, el 8 de julio, un comando armado irrumpió en el lugar de baile y reunión "El Sabino gordo" -lugar que frecuentaba para ir a bailar la sabrosa cumbia colombiana- y masacró a 21 personas (cifra oficial). El Gobierno se apresuró a decir que aquí se vendían drogas y que casi todos los muertos eran "delincuentes." Se tapó el sol con el dedo.
¿Qué dirán ahora del Casino Royale ubicado en pomadosa avenida de Monterrey, qué dirán ahora cuando se sabe que el permiso de funcionamiento estaba vencido y que lo otorgó el panista exalcalde Adalberto Madero, que dirán ahora cuando se sabe que sus primos-hermanos al parecer son socios; que dirán ahora cuando se sabe que una diputada federal quiso y pidió el cierre de dicho casino, según la averiguación previa 156/2011 por no contar con los permisos correspondientes y no, nadie le hizo caso y se le otorgó un amparo para seguir operando? ¿Qué jodidos dirán ahora?
Hay un enemigo común, el crimen organizado; sí, pero al parecer, las autoridades estatales y municipales de Monterrey, también juegan en su bando. Rodrigo Medina no puede. México está secuestrado. ¿Qué voy hacer yo en específico? Lo único que sé hacer: escribir, documentar lo anterior, vivir. Y no, no pasarán.