Impuestos

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Opinión
/ 17 agosto 2011

Todo parece indicar que en los siguientes meses las cosas van a ponerse color de hormiga en la economía del vecino del norte, y con mayor razón en la nuestra. Ante ello, los gobernantes de los tres niveles tendrán que buscar otras formas de allegarse recursos, sea a través de nuevos tributos, o -como siempre-, el incremento de los existentes.

Por lo pronto, diputados locales del Distrito Federal propusieron hace poco la creación de un "impuesto ambiental" o "verde", para sustituir los ingresos que se dejarán de obtener por la falta de cobro de la tenencia vehicular para revertir, dicen, los efectos de la contaminación.

Esto, señores, acerca peligrosamente a los defeños a la imposición de un impuesto por respirar, pues aún cuando el tributo propuesto se cobre a propietarios de fábricas o negociaciones contaminantes, al igual que a conductores de vehículos motorizados, en esa ciudad sus millones de habitantes también desechan diariamente cantidades incalculables de dióxido de carbono al respirar.

Los integrantes de la Asamblea Legislativa propusieron, además, aplicar un impuesto a los dueños de las mascotas, "para que le brindemos un manejo responsable a nuestros animales de compañía, lo que implica un trato digno y de respeto, con calidad de vida y libres de cualquier tipo de maltrato". Sólo el vendepatrias Antonio López de Santa Anna cobró impuestos por tener perros y por el número de ventanas y puertas en cada casa.

Los "boquetes" que abrirá el fin del cobro de la tenencia -si alguno o todos los estados no mantienen esta contribución-, las deudas públicas y la evasión y la elusión fiscal en una ya de por sí reducida base gravable, llevará a las economías estatales a una situación verdaderamente angustiante. Esto podría dar lugar a que se propongan impuestos inimaginables, adicionales a los conocidos.

He aquí algunos ejemplos de ese tipo de contribuciones alrededor del mundo:

El alcalde de Washington, D.C., quiere cobrar el "impuesto sobre el uso de la luz de la calle", que costaría 4.25 dólares al mes a los usuarios de la vía pública. En Holanda, el Gobierno estableció un impuesto que va a sustituir al de la tenencia (matriculación, le dicen allá), por una tasa al kilometraje, que medirá un dispositivo GPS. Los datos son enviados a una agencia de cobro, y ésta elabora la factura mensual correspondiente. La tasa es del 10 por ciento sobre el kilometraje recorrido.

En Tabasco, el diputado local del PT, Andrés Ceballos, propuso la "Ley del Trabajo Sexual", que obligaría a pagar impuestos a quienes ejerzan la prostitución, "para que contribuyan al gasto público", y pide además que prostitutas y prostitutos anden uniformados y en calles o antros bien delimitados, y con la obligación de notificar sus cambios de domicilio.

En Argentina se propuso cobrar el 1 por ciento en la facturación mensual de los usuarios de celulares para apoyar al deporte de alto rendimiento con becas, gastos de viajes en competencias, insumos para la actividad, atención médica, apoyo a organizaciones y honorarios de los entrenadores. El proyecto fue ideado por el Comité Olímpico, con el aval del Gobierno de aquel país.

Desde hace 91 años se implementó en Colombia el "impuesto de los pobres", que consiste en gravar con 10 por ciento los ingresos brutos de los espectáculos públicos y los juegos de azar. Entre 2005 y 2009, en Tennessee, EU, los consumidores de estupefacientes podían justificar la posesión de drogas para uso personal ante la Policía, si previamente habían pagado impuesto por ellas, lo que comprobaban con una especie de sellos. La contribución se conoció como "el impuesto del crack".

El Queen's Medical Center, de Nottingham, Inglaterra, ha sugerido en un estudio, que tres tipos de impuestos conducirían a reducir los malos hábitos alimenticios, disminuyendo la obesidad y las patologías que la acompañan. Uno sería para los alimentos con altos niveles de grasas saturadas, otro más para los productos alimenticios que perjudican la salud, y un tercero que gravaría los productos con muchas grasas, azúcar y sal (la "chatarra", pues).

En Arkansas, quienes se hacen tatuajes o usan piercing pagan el 6 por ciento de IVA, mientras que en Utah, territorio en el que la puritana religión mormona es mayoritaria, los bares y restaurantes donde los empleados vayan ligeritos de ropa deben pagar a las arcas locales un 10 por ciento más de impuesto que los recatados, y en Maryland existe un impuesto por cada baño que tenga la casa.

El Gobierno rumano incluyó la profesión de bruja en la lista de actividades obligadas a tributar, por lo que deben pagar un 16 por ciento en base a sus ganancias y hacer contribuciones a la seguridad social para gozar de pensión y cobertura médica. Dinamarca, Irlanda y Nueva Zelanda discuten actualmente la posibilidad de cobrar impuesto por las vacas, ya que sus eructos y flatulencias aumentan el efecto invernadero, al producir alrededor de 4 toneladas de metano al año, en tanto que un automóvil apenas produce 2.7.

¿Cuál de estos impuestos se tendrá que pagar en un futuro, y cómo se garantizaría su correcta aplicación?

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