La CIA en México

Opinión
/ 9 agosto 2011

La injerencia de Estados Unidos en los asuntos de México es tema recurrente en nuestra historia, los asombros no vienen al caso

El desgarramiento de vestiduras y las críticas por la presencia de la CIA en el país, insulta la inteligencia de los mexicanos porque -con la anuencia de las autoridades-, Estados Unidos ha espiado a México desde hace por lo menos 150 años.

La Agencia Central de Inteligencia fue creada en septiembre de 1947 por el presidente Harry S. Truman, en sustitución de la OSS (Office of Strategic Services). Su misión era que civiles aportaran a la Casa Blanca puntos de vista distintos a los de los militares, en el propósito prioritario de impedir la expansión del comunismo en el mundo, durante lo que se conoció como Guerra Fría (1945-1989).

Tras la caída del Muro de Berlín su objetivo era, y es hasta la fecha uno de ellos, la guerra contra el narcotráfico y el crimen organizado en el exterior, lo mismo que el derrocamiento de gobiernos "no afines", e incluso el asesinato de líderes contrarios a Washington. En 1949 se le otorgaron poderes para investigar, sin necesidad de autorización judicial, expedientes administrativos y fiscales. Desde los ataques de 2011 se dedica, además, a enfrentar las amenazas de grupos terroristas como Al-Qaeda.

Documentos desclasificados revelan que la CIA comenzó a operar en México sólo dos años después de su creación, y puso en marcha el Proyecto Litempo, del cual fueron agentes los expresidentes Gustavo Díaz Ordaz (Litempo-8), Luís Echeverría Alvarez (Litempo-14); contó, asimismo, con la colaboración del también exmandatario mexicano, Adolfo López Mateos, así como del fallecido político veracruzano, Fernando Gutiérrez Barrios, y el salinista José Córdoba Montoya.

Esta información no es ninguna novedad; es de dominio público desde principio de siglo, y tampoco ya es un secreto que la red de espionaje de la agencia se extendió desde las más altas oficinas gubernamentales, hasta el reclutamiento de amas de casa, policías, maestros, estudiantes, vendedores casa por casa, corredores de bienes raíces, e inclusive un jugador de fútbol americano de la Universidad Nacional Autónoma de México. Todos estos datos se encuentran contenidos en "La Historia Secreta de la CIA en México", del archivo Russ Holmes, sobre el asesinato de John F. Kennedy.

El espía Winston Scott, muy famoso en ese tiempo, reclutó a Gustavo Díaz Ordaz, a quien le hizo costosos regalos y convirtió en su compadre; colocó en la nómina de la agencia a Luis Echeverría Alvarez y trabajó con Adolfo López Mateos para que prestara los aeropuertos de Cozumel y Chetumal, como respaldo para la operación aérea en la fallida invasión de Bahía de Cochinos, Cuba (1961), misma que no se llevó a cabo.

Dicen los documentos que cuando Echeverría ocupó el cargo de Secretario de Gobernación, permitió que en el aeropuerto, agentes de la CIA tomaran fotografías de los pasajeros procedentes deLa Habana, y consintió una operación de espionaje telefónico denominado "Lifeat", en contra de las representaciones diplomáticas de la Unión Sovética, Checoslovaquia y Polonia. En aquel tiempo, la lucha en contra de la URSS llegó hasta las universidades mexicanas, en donde los norteamericanos reclutaron agentes dobles de la KGB (Komitet gosudárstvennoy bezopásnosti, o Comité para la Seguridad del Estado).

Phillip Agee, agente de la CIA designado para dar seguimiento a los Juegos Olímpicos de 1968, quien abjuró de la agencia y fue a refugiarse a Cuba, donde murió, escribió el libro "Inside The Company CIA Diary", en el que relata que el entonces jefe de la estación de espionaje, el ya citado Winston Scott y su asistente, Annie Goodpasture, dirigieron en el país "una serie de programas de respaldo operativo a las diversas fuerzas civiles mexicanas de seguridad, con propósitos de intercambio de información, operaciones conjuntas y un constante mejoramiento de la recopilación de datos de inteligencia y de las funciones de la seguridad pública de México".

Regresemos al mes de agosto de 2011:

A los "masiosares" les cayó como roca en el hígado la publicación del New York Times en el sentido de que al menos 24 elementos de la Agencia Central de Inteligencia y de la DEA, así como oficiales militares retirados, pertenecientes al Comando Norte del Pentágono y empleados civiles del ejército de Estados Unidos trabajan en una base militar mexicana, localizada en el norte del país, para recolectar información sobre el narco y planear operaciones. ¿Verdad que no hay gran diferencia entre lo que hacía la CIA hace 55 años y lo que hace ahora?

Bueno, ya hasta Javier Sicilia calificó como inadmisible e ilegal la presencia de las agencias para adiestrar a efectivos mexicanos en contra del crimen organizado. Al paso que va, el poeta terminará hablando solo en el zócalo de la ciudad de México. Para él no hay tema aborrecido, pero casi nadie lo toma en serio por la volubilidad de sus pronunciamientos. Como dice una cosa, dice la otra.

Al gobierno calderonista, ¡claro!, no le quedaba otra más que admitir que, por sí solo, no puede con la delincuencia organizada, aunque disfrazó su incompetencia al señalar, por conducto de su vocero Alejandro Poiré, que "los estadounidenses están para capacitar a militares y policías de nuestro país. No realizan ninguna labor operativa y por lo tanto están dentro de la ley". Y ni modo que la tarea la hagan el zorro del Desierto de los Leones y el soldado Juan Garrison (Eduardo Manzano y Enrique Cuenca, Los Polivoces).

Nos guste o no, la CIA, la DEA, el FBI, el ATF, NSA, SS, US Marshall y todas las siglas que a usted se le ocurran, de una u otra manera han tenido, tienen y tendrán metidas las manos en nuestro país con el pretexto de cuidar los intereses norteamericanos. La diferencia es que ha habido presidentes que han sabido lidiar con el Tío Sam, y a otros les ha importado un soberano pepino el riesgo de otro "santanazo". ¿Qué han hecho los políticos para evitar que los gringos vengan, si son ellos los que se lo han permitido? ¿Cuántos de esos políticos son agentes de la CIA e hipócritamente se indignan? ¿Entonces pá que tanto brinco estando el suelo tan parejo?

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