Pobres Panistas/Hazaña de Yunes

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Opinión
/ 9 agosto 2011

Sin consensos, es evidente, no puede funcionar un gobierno democrático, mucho menos en una nación plural ideológicamente y con diversos perfiles regionales y culturales. No obstante es necesario establecer líneas generales y tendencias para definir el rumbo general con un criterio afín al de la mayoría, sustento definitorio del modelo. Porque, desde luego, si los únicos acuerdos a los que se llega devienen del chantaje, las diatribas y las complicidades, incluso para retornar por donde se vino hacia la autocracia, es obvio que tales no pueden tener valores históricos porque no tienen ninguno moral.

Desde su asunción a la Primera Magistratura a trompicones, Felipe Calderón se planteó dos prioridades: atemperar la crispación general y combatir la creciente y asfixiante inseguridad pública. En cuestión de meses se interpretó el hastío colectivo ante la recurrencia de los discursos huecos, en el gobierno y la disidencia, como un síntoma de salud política superado, de acuerdo a la misma sesgada visión, el escollo poselectoral y la denuncia sobre la ilegitimidad del régimen en curso. Al mismo tiempo se ofrecieron estadísticas, con lecturas ad hoc naturalmente, para subrayar la supuesta "eficacia" de las autoridades federales en el combate al narcotráfico: esto es, como las bajas policiales y militares son notorias ello se debe a que las mafias están siendo copadas.

La realidad es otra: los de arriba se paran el cuello; las infanterías, mal pertrechadas, se juegan la existencia. Y la opinión pública converge hacia una nueva manipulación con el registro de que la oficialidad va ganando una batalla desproporcionada frente a las mafias excelentemente pertrechadas en contraste con la precariedad de nuestras fuerzas armadas. Pero, ¡qué bien suenan los argumentos, basados en el derramamiento de sangre como prueba de la voluntad gubernamental por perseguir y reprimir a cárteles y bandas, cuando se recitan en los foros internacionales a donde, claro, no llegan los gritos de las víctimas!

Si nos detenemos en la promesa de conciliar, el elemento central del discurso de Calderón tras conocerse el amañado veredicto del Tribunal Electoral, resulta confusa, cuando menos, la pretensión de alcanzar el objetivo a costa de negociar con los representantes del llamado "viejo régimen" -los elementos más perniciosos- y del antiguo esquema corporativo delineado a partir de un sindicalismo venal, basado en la distribución de prebendas como seño de poder. Se acuerda con cuantos debieron quedar atrás, vencidos en las urnas y en la historia, y no con una sociedad cuya vez es desdeñada bajo la falacia de que no puede determinar rumbos y destinos porque carece de información precisa. Lo mismo se ha dicho siempre en las grandes autocracias de todos los tiempos. ¿Y quién se preocupa por elevar el nivel de una comunidad erosionada por el paternalismo y estimulada por las inducciones tendenciosas desde la cúpula del poder?

A lo largo de la compleja controversia sobre las iniciativas de reforma energética, el régimen calderonista no se preocupó por tomarle el pulso a la ciudadanía, de manera directa, para consultarle sobre el particular considerando la importancia estratégica del petróleo y los antecedentes que marcaron el devenir de la República exaltando el vigor de una nación unida frente a la ambición de las corporaciones extranjeras adueñadas de nuestros recursos. ¿Ya se olvidó que, tras la nacionalización cardenista, el pueblo salió a las calles para ofrecer bienes diversos, desde joyas hasta animalitos de granja, con el propósito de cubrir las indemnizaciones de ley en apoyo a la determinación de recuperar, para todos, el patrimonio petrolero?

Todavía hay quienes sostienen, entre los cabilderos oficiales, que la elección de 2006, con todo y su desaseado desenlace, debe servir para avalar las decisiones discrecionales de quienes ejercen el gobierno. Esto es como si durante seis años, lo que dura una administración, los usufructuarios del poder central mantuvieran el privilegio de la infalibilidad con el pueblo a rastras, sin derecho siquiera a opinar y sumar voluntades, por haber cumplido con el rito electoral de origen. Dijéramos que esta es la manera de caer en la antítesis de la democracia, esto es la demagogia, por la exaltación de la camarilla, o de la elite, que marca lineamientos y ni siquiera requiere justificarlos.


Debate


Malos vientos soplan para la democracia en México. El partido en usufructo de la Presidencia, el PAN, requiere, con miras a evitar su propio desmantelamiento, sumar a su plataforma dirigente a quienes lo han erosionado. Una enorme confusión en cuanto a las perspectivas, sobre todo porque se dijo que el señor Calderón había tardado un año entero en tomar los controles de su brazo político superando aviesas resistencias. Y menos de un semestre después reviró, marchó sobre sus pasos y llegó al rancho San Cristóbal en busca de la unidad perdida. Una patología compleja, sin duda.

Tal confirma la tendencia que parece marcar, definitivamente, al sexenio en boga: se acuerda con quienes representan al pasado del que es necesario desprenderse para buscar otras alternativas, sobre todo al corroborarse los daños infringidos por ellos. ¿O acaso personajes como el senador Manlio Fabio Beltrones y la profesora Elba Esther Gordillo, dos de los interlocutores de mayor relieve en la casa presidencial, son garantes del cambio supuestamente democrático?¿Y los Fox tienen perfiles insustituibles en el largo andar de los mexicanos en busca de mejores condiciones para quienes vienen detrás? Ni unos ni otros merecen vindicación alguna en tanto no se consumen los juicios históricos sobre los deleznables saldos de sus actuaciones. Pero, al parecer, Calderón les ha otorgado el indulto histórico con tal de tenerlos cerca.

De los dos presupuestos iniciales del gobierno vigente, la conciliación y la lucha contra la inseguridad, sólo quedan los discursos reiterativos. El primero se atoró en el chantaje; el segundo en la inoperancia. El gobierno habla pero no actúa. ¿Sirve de algo contar, entonces, con un ejecutivo que no ejecuta?



La Anécdota

Uno de los grandes amigos de Patricio Chirinos Calero, ex gobernador de Veracruz y uno de los más avispados analistas políticos a la vera de Carlos Salinas, me confió no hace mucho:

-Chirinos se perdió o lo perdió, más bien, la perversidad de Miguel Angel Yunes, quien fungió como secretario general del gobierno veracruzano durante el lapso de Patricio. Él, Yunes, fue quien lo corrompió, hasta marginarlo, en tanto ocupaba los espacios libres, forjaba su propia fortuna y se proyectaba a los planos nacionales.

Yunes después fue legislador y se hizo "elbista" bajo las "muchas faldas" de la novia de Chucky. Y por ella resultó proyectado a la subsecretaría de Seguridad Nacional -fue el primero en llegar a donde yacía quien fue su jefe en esta dependencia, Ramón Martín Huerta, en busca de los reflectores más bien-, a la dirección del ISSSTE y a la fallida candidatura panista por el gobierno de Veracruz. Ahora se aduce que ya no está a las órdenes de "la maestra" pero sí tiene capital para comprarse y conservar un lujoso yate, valuado en varios millones, y cumplimentar así sus aficiones como navegante tránsfuga. Con personajes como éste consensa y acuerda el señor Calderón.

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