La receta familiar
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Según algunos estudiosos de las finanzas públicas, el Estado tiene cuatro instrumentos para financiarse: impuestos, utilidades generadas por empresas paraestatales, deuda y acuñación de moneda. Algunos consideran éstas dos últimas son sólo otra forma de impuestos al suponer que un empréstito no es más que una carga que se le evita al contribuyente presente a costa del contribuyente futuro que deberá amortizar la deuda y que el aumento de billetes en un mercado, ocasiona en el bolsillo del ciudadano la disminución del poder adquisitivo de su dinero actual y corriente. Â
El pulso que tuvo lugar en Washington D.C. durante los últimos días, es el estudio de caso perfecto para el primer curso de Economía Política de las Finanzas Públicas.  ¿Cuál era el escenario?
Estados Unidos padece un twin déficit, significando que su economía importa más de lo que exporta y que su gobierno gasta más de lo que recauda en impuestos. Su Presidente tiene la Asamblea en contra y la oposición presiona duro para condicionar a quién cobrar impuestos, en qué gastar el presupuesto y hasta qué límite elevar su deuda. La autoridad del Presidente para endeudarse tiene un plazo, al que le quedan horas por cumplirse y aún contra la oposición, podría invocar su facultad constitucional para aumentar el techo de la deuda sin la aprobación del Congreso. Debe decidir, sin embargo, entre dar confianza al mercado o sostener un discurso electoral. Sin un aumento en el techo de la deuda, hay riesgos de caer en suspensión de pagos con el riesgo mayor de que acreedores e inversionistas decidan vender sus bonos y moneda, ocasionando el fin de la hegemonía del dólar como la divisa de uso corriente internacional. Hasta ese punto habría podido endeudarse indefinidamente, con la confianza plena de que la potencia mundial haría honor a sus compromisos de pagar, y habría gozado de la envidiable posición de poder "exportar" inflación y reducir así la presión que implica imprimir ilimitadamente billetes verdes. Â
Ante el panorama económico actual, la receta familiar parece aplicar: a guardar las tarjetas de crédito y dedicar la hora de siesta a trabajar. Con el acuerdo bipartidista, nos salvamos todos de un nuevo colapso financiero internacional y confirmamos que no hay democracias perfectas ni sistemas políticos AAA.  Â
Felipe Carrera. Abogado e Internacionalista. Maestro en Política Pública.