¡Ojalá y me equivoque!

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Opinión
/ 7 septiembre 2011

La Federación Mexicana de Futbol anunció con bombo y platillo que las mallas perimetrales que existen en los estadios han sido abolidas y se espera que para cuando inicie el próximo Torneo Clausura 2012, todos los inmuebles hayan acatado la nueva disposición.

Desafortunadamente, en nuestro país tiene que mediar un siniestro de grandes proporciones para que se tomen cartas en determinados asuntos.

Así ocurrió con las estancias infantiles del IMSS, que cuando fueron concesionadas a particulares, nadie se atrevió a cuestionarlas, pero luego de la trágica muerte de 58 niños y de 76 heridos en la guardería ABC, en Hermosillo, Sonora, la opinión pública puso el grito en el cielo.

Del mismo modo, durante muchísimos años estuvieron prohibidos, pero repentinamente, los casinos pulularon en el territorio nacional, ante la complacencia de propios y extraños. Tuvo que ser otro lamentable acontecimiento, el incendio intencionado del Casino Royal, de Monterrey, en donde perecieron 52 personas, para que las autoridades se dieran cuenta que prohijar ese tipo de negocios es nocivo para la sociedad.

Nuestro querido deporte no podía escapar a esa práctica y fue merced a que hace unas semanas fue suspendido el encuentro que se diputaba en el Territorio Santos Modelo, entre el equipo de La Laguna contra Monarcas, debido a una balacera que se suscitó en las inmediaciones del estadio, que sembró el pánico entre los espectadores y los protagonistas del encuentro, que se reunió el Comité de Seguridad de la FMF.

Todos estos tristes ejemplos sirven para demostrar que en México, no es sino hasta que se ahoga el niño, cuando se pretende tapar el pozo.

Ahora, las autoridades (in) competentes del balompié mexicano han optado por quitar las rejas en los estadios. Aunque hay quien piensa que se trata de una medida racional y necesaria, yo me atrevo a cuestionarla. Se está tapando un hoyo, para destapar otro quizá más peligroso.

Me parece que bien podrían poner puertas en todo el derredor que se abrieran automáticamente ante cualquier eventualidad; pero eso de dejar que cualquier aficionado logre ingresar al terreno de juego, como Pedro por su casa, puede llegar a tener un costo muy alto en el corto plazo. Sobre todo, si sabemos que, debido a las legislaciones vigentes, la persona que lo haga, pagará una ("onerosa") multa de 20 pesos y se irá a dormir a su casa.

¿No me creen?... Dejémoslo al tiempo. ¡ojalá y me equivoque!

Comentarios: ebrizio@hotmail.com

Columna: Bajo el microscopio. El ex árbitro profesional conoce el comportamiento del futbolista dentro y fuera del campo de juego. Gusta de escribir de forma amena las innumerables anécdotas que su paso por el futbol profesional le ha dejado, claro, sin dejar a un lado la crítica y el comentario puntual cuando un tema polémico está en el aire. Siempre va en favor de la libertad de palabra y acción.

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