`Nadie tiene derecho a rechazar o humillar a otro por su color o raza.'

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Opinión
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QUERIDA ANA:


Yo soy de ascendencia asiática. Mi padre tiene un restaurant y mi madre tiene una pequeña tienda de regalos. Ellos son personas muy trabajadoras, honrados, amables, y serviciales. Nací en este país, y soy feliz aquí. Mis padres me han enseñado a quererlo y respetarlo. Para ellos es su verdadera patria, tanto como para mí.


Ellos quisieron que yo tuviera estudios, así que para honrarlos hice una carrera profesional. Me recibí con honores hace algunos meses y, aunque puedo conseguir un buen empleo, preferí preguntarle a mi padre que si aceptaba que fuera a ayudarle en el negocio. Yo siempre he visto que trabaja mucho y mi deseo siempre fue que descansara un poco. Tengo una hermana menor, que tiene 5 años menos que yo. Mis padres quieren que también sea profesionista y ella está de acuerdo. Ella también siente a este país como el suyo y está contenta. Tiene muchas amigas y hasta hay un muchacho que quiere ser su novio.


Por lo que le pedí, comencé a trabajar con mi padre después de graduarme. Yo quise, y él estuvo de acuerdo, hacer de todo, para aprender bien a manejar el negocio. He estado en la cocina, he lavado vajilla y sartenes, he limpiado el local, he ido a comprar la mercancía, y sirvo mesas. También estoy todos los días un rato en la oficina aprendiendo el movimiento.


Cuando he servido mesas, y es lo que quiero contarle, he tenido dos experiencias muy desagradables. En esas dos ocasiones, una vez unos muchachos jóvenes y otra vez unos señores no tan jóvenes, trataron de humillarme. Uno de los muchachos tiró un tenedor y al escuchar, yo desde luego iba a ir a recogerlo para llevarlo a la cocina, pero cuando me agaché cerca de la mesa, uno derramó la cerveza en mi espalda, y todos se rieron. No me pidió disculpas. Yo no dije nada y solamente fui por un trozo de tela para limpiar el piso.


Y cuando se trató de los hombres, dos me dijeron "meserillo amarillo" y soltaron la carcajada. ¿Qué creían, que yo no entendía? ¿Trataban de humillarme porque no soy de su raza? Esa vez tampoco hice nada, solamente le pedí a otro compañero mesero, que siguiera atendiendo esa mesa. Como le digo, soy profesionista preparado, una persona digna, respetuosa y honrada. Pero aunque no fuera hijo del dueño, ni profesionista, la gente no tiene derecho a molestar o humillar a nadie.


Por favor publique esta carta pues tengo la esperanza de que las personas que la lean puedan comprender que detrás de una persona, sea blanca, negra, amarilla, morena, etc., hay una mente y un corazón que se siente ofendido cuando las personas no se molestan por apreciar la diversidad de la raza humana.


Muchas gracias. Mi mamá y mi hermana me dijeron que podía escribirle. Me inclino ante usted.


UN CIUDADANO


QUERIDO CIUDADANO:


Con gran pena y vergüenza leí tu carta. Pena al comprobar una vez más, que los humanos, cuando no tenemos nada de humanos, somos capaces de derramar animadversión y hiel en nuestro derredor sin importar los sentimientos de los demás. Y vergüenza porque no quisiera que en ninguna parte del mundo y especialmente en este país, existiera la xenofobia. Cuando viajamos o vivimos en un país extranjero, estamos expuestos a recibir, por parte de personas ignorantes y groseras, desaires o faltas de respeto por ser considerados como ciudadanos de segunda, o simplemente "diferentes".


Y por ese motivo, porque nadie estamos exentos de que nos suceda algo desagradable, quiero recordar a los lectores que no lleguen a calificar a los "extranjeros", o a cualquier gente, como personas "non gratas". Todos somos iguales y ningún derecho tenemos de lastimar o de humillar a nadie. Todos somos ciudadanos del mundo, no debe haber color ni raza que haga la diferencia entre unos y otros.Finalmente, todos somos hermanos.


 


ANA


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QUERIDA ANA:


Hace unos días me encontré con una amiga que es "especial". Iba con su hija, quien llevaba a su bebito de año y medio. Para entretener al niño, la mamá le dio un llavero con un manojo de llaves. Cuando estábamos platicando, el niñito movía hacia arriba y hacia abajo el llavero. Yo le dije a la joven mamá que no le diera llaveros al niño, porque podía lastimarse un ojito con una llave. Lo hice por la experiencia que tuvimos en mi familia con una circunstancia igual. Inmediatamente la abuela me dijo: "Si tú ni tuviste hijos. No puedes dar consejos sobre niños". Ya no dije nada y me despedí. Pero Ana, aunque no sé cómo criar un hijo, no significa que no puedo dar una opinión objetiva. Apreciaré su opinión.


CONSEJO RECHAZADO


QUERIDA CONSEJO RECHAZADO:


Gracias por escribir. Un hombre no tiene que caminar en los zapatos de otro para hacerle saber que sus cintas están desbrochadas. Usted solamente quiso ayudar ofreciendo un consejo, no porque pensara que esa joven era una mala madre o que usted podía hacer mejor el trabajo. Pienso que lo mejor es que todos mantengamos nuestras observaciones personales en un mínimo, aunque lo único que tratemos es ayudar.


ANA

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