La manzana mordida
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Las primeras Macs parecían tostadores de pan.
Su pantalla era pequeña y su vista blanquinegra. Producía gran admiración su graficación nítida, los tipos variados de sus letras, eran un camino diferente a la de la tecnología usual de las PCs.
Los programas de Microsoft no se adaptaban a esta línea Apple de la manzana mordida. (Ahora que murió Steve Jobs, Jonathan Mak, estudiante de 19 años de la Escuela de Diseño de la Universidad Politécnica de Hong Kong, en un diseño original, le dio al mordisco la silueta exacta del perfil de Jobs en negro sobre la blancura de la manzana. Le dio la vuelta al mundo ese dibujo en las redes y ya está impreso en muchas playeras juveniles).
Lo de Apple era siempre algo especial y diferente. Fue una tecnología tan eficiente que empezaron a adaptarse muchos programas a sus exigencias. Desde aquellas primeras computadoras cúbicas hasta las delgadísimas Mac Air, y claro, las tabletas iPad, y los polifacéticos iPhones, Steve impulsó una serie de innovaciones geniales que ahora agradece toda una generación de cibernautas.
El éxito feliz del consumo multitudinario de los productos Apple está despertando la creatividad de los competidores. Presentan ahora nuevos tamaños y novedosos servicios, precios mejorados y presentaciones atractivas.
El ojo en la pantalla es ya una característica humana en esta época. Pantalla cinematográfica, pantalla de computadora, de teléfono celular, de tableta electrónica. En muchas vidas la mirada apantallada es la más larga y la más repetida cada día.
Muchos antiguos encuentros interpersonales de diálogo directo están siendo sustituidos por las imágenes de Facetime y los mensajes tecleados desde un teléfono celular. El comercio combinado de tarjeta e internet suprime muchas idas y venidas y logra, con un lapso necesario, recibir en casa lo que podría haberse comprado desplazándose hasta una tienda.
Jobs puso en sus inventos y aplicaciones lo amigable y lo humanizado buscando siempre la satisfacción del consumidor y no su adaptación incómoda a exigencias tecnológicas. Unió siempre a su genialidad una rica y valiosa humanidad.
Quizá el mordisco en la manzana podrá tener ahora esa silueta del genio que fue dado en adopción al nacer. En el paraíso virtual no fue la mordida un pecado original sino una valiosa obediencia al mandato divino de dominar la tierra. Al hombre contemporáneo toca la tarea de dominarse a sí mismo para no convertir una liberación en adicción esclavizante.