La juventud del teatro

Opinión
/ 1 octubre 2011

Primera Parte

Desde las vanguardias de principios del siglo 20 se ha discutido mucho acerca de la relación entre el teatro y la dramaturgia. Hoy, gracias a la interdisciplinariedad de las artes y la tecnología, entendemos que el teatro es libre de manifestarse como desee, con palabras o sin ellas. Un problema sigue vivo: ¿el teatro -como el cine, el video, la danza, la ópera- debe contar una historia? La respuesta es: sí, pero la forma de contarla no necesariamente es lineal, es decir, lógica.

Dos montajes recién presentados en la Casa de la Cultura han provocado esta elucubración: "Don Conejo Tijeras", del autor mexicano Juan Trigos, y "Mientras Termina de Maquillarse la Muerte", del autor saltillense Héctor Cabello. La dirección del primer montaje es de Jorge Alberto Durón y actúan en él varios actores además del director; la del segundo es de Gina Garnica y quien actúa este monólogo es Aurelio Pérez. Por razones distintas, ambos trabajos merecen un comentario.

Mucho hay por hacer en el grupo que ofrece una muestra de "teatro de hemoficción", corriente que encabezan en España el escritor Juan Trigos y el actor y director Lorenzo Mijares. Sugiero amablemente al lector un breve viaje por el ciberespacio para enterarse de lo que estos artistas definen como "hemoficción.com". Como adelanto, aventuro que este movimiento se nutre del teatro del absurdo, del teatro de la crueldad, del surrealismo y del teatro pánico, entre otras corrientes.

Teatro sustancialmente verbal, el drama hemoficcional quiere cuestionar al individuo y a la tribu, exactamente como en la Antigüedad de Esquilo, pero con recursos y palabras de nuestra transposmodernidad. El subsuelo de este teatro y de esta dramaturgia es vetusto y de espesa contextura, por eso nos son presentados en un empaque "vanguardista". Pero el hacer un teatro de esta índole suele pasar su factura, sobre todo a quienes no han penetrado lo suficiente en el quehacer y la investigación del drama.

El "ensayo abierto" que de "Don Conejo Tijeras" este grupo presentó el sábado 24 de septiembre, a las 5 de la tarde, en el Centro Cultural García Carrillo, me confirma algo: en las artes representativas, la trama de una historia debe no ser evidente. Richard Ellman dice de Beckett, en "Cuatro Dublineses": "Que `Murphy' [1938] era una obra primeriza parece demostrarlo el que tuviera trama". Interesantísimo comentario. ¿Significa esto que una historia debe dejar de lado la trama? Claro que no: una historia sin trama no es una historia, una historia sin trama sería una suerte de matemática pura. Lo que los fabuladores de principios del siglo 20 querían era contar una historia desde ángulos diferentes de los que habían empleado los autores del 19.

Trama: drama: acción. Lo que los dramaturgos y narradores desearon a partir de ¿Joyce? fue abolir la trama convencional e instaurar una forma nueva de contar una historia. Ejemplos contemporáneos son Lezama Lima y Julio Cortázar; SamuelBeckett y Fernando Arrabal; quizá Murakami. En esta tradición "deconstructiva" entraría la obra de Juan Trigos, quien encontró en Lorenzo Mijares a su mejor difusor. En esta forma del teatro -la hemoficción- no es tan importante el trabajo actoral como la puesta en escena de un discurso dramático que parece lo mismo coro de tragedia griega que narrador de teatro psicológico; lo mismo recitado de letanías que ejercicio mnemotécnico. La trama queda escondida entre este alud de palabras: los espectadores nos enteramos de algo gracias a cierta información esporádicamente telegráfica que escuchamos por boca de los actores.

El lenguaje y una historia cifrada son los protagonistas en la obra de Juan Trigos: el tiempo de la representación queda virtualmente tapizado de palabras, muchas palabras que cuentan allá, en el fondo del entramado mental, una historia atávica y vigente, o vigente por atávica. Los actores se convierten en oficiantes de un "folklore abstracto" (Trigos dixit) y en figurantes alegóricos de un auto no sacramental sino demencial. El único problema está en la formación, en la técnica y en la capacidad de lectura y recepción de los actores y del director de este grupo de teatro. La apuesta por nuestros jóvenes artistas sigue abierta, pero "LosEmpeños de una Casa" es más que el nombre de una obra de Sor Juana.

COMENTARIOS

NUESTRO CONTENIDO PREMIUM