El mariscal cuestionado

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Opinión
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Enrique Peña Nieto está hoy en la cima del poder. Aventaja holgadamente en las preferencias electorales con rumbo a la Presidencia y dentro del PRI no hay quien le haga sombra en la búsqueda de la candidatura. Pero la hegemonía que hoy tiene no justifica lo que sucede a su alrededor. Heredero de lo mejor de la clase política mexiquense, con el carisma de Adolfo López Mateos y de Carlos Hank González, ha dado señales de poseer también lo peor del viejo PRI, un autoritarismo vertical y excluyente. ¿Es la otra cara del Peña Nieto que quiere ser Presidente?
Peña Nieto es un político muy enérgico con sus colaboradores pero no usa la misma mano para tratar a sus interlocutores y adversarios. En los cuestionamientos que se le hacen en privado responde sin alterarse. Acepta las críticas sin intolerancia y reconoce en aquellas que no están cargadas de insidia ni falsedades, la buena fe de ellas aunque le incomoden. Sin embargo, en los últimos días la imagen de un Peña Nieto que crece y evoluciona, tiene una impronta de alguien desconocido, avasallador de rivales y déspota con sus iguales.
Las formas se han roto. Y paradójicamente, en el momento en que tras la victoria del PRI en Michoacán, la cohesión que el triunfo significaba provocó el efecto contrario hacia el interior del partido, que hoy se encuentra en convulsión y molestia creciente contra Peña Nieto.
La primera señal de que las cosas no marchaban bien la dio en vísperas de viajar a Tuxtla Gutiérrez para asistir al informe de labores del senador Manuel Velasco, quien no es del PRI, sino del Partido Verde. La senadora María Elena Orantes, que aspira la gubernatura en su estado, le expresó su inconformidad por esa muestra de apoyo político a un miembro de otro partido. Peña Nieto, reveló la senadora a sus correligionarios de cámara, le reviró que Velasco era su amigo y que lo respaldaría para llegar a la gubernatura. De ahí en adelante, las cosas se complicaron dentro del PRI.
Humberto Moreira, líder nacional, se encargó del trabajo sucio. Con atribuciones jurídicas en los estatutos que le cuestionaron, modificó la convocatoria de registro para pre candidatos presidenciales, lo que provocó una explosión. Eliminó con su mano la cláusula que impediría a gobernadores y líderes de sectores pronunciarse por los precandidatos, que buscaba equidad en el proceso. Al no existir ese candado, el senador Manlio Fabio Beltrones prácticamente canceló su registro. Ante las críticas contra Moreira, el único que salió a su rescate fue Peña Nieto, beneficiado con una convocatoria hecha a su medida.
Moreira continuó la zapa. En una reunión de consejo político, sacó por un voto mayoritario -que participantes dicen que fue minoritario-, la coalición electoral para 2012 con los partidos Verde y Nueva Alianza. Le regaló posiciones a esos partidos y entregó cuotas familiares, como al PANAL de la maestra Elba Esther Gordillo, que logró a cambio de su amor las primeras senadurías para su hija Mónica Arriola en Chiapas y para su yerno Fernando González en Sinaloa, donde el partido es marginal. El líder del PRI fue casi adorno parapeto en la negociación, armada y pactada por representantes de Peña Nieto.
Moreira se convirtió en una pieza de sacrificio para Peña Nieto, quien sobre las ruedas del líder nacional, está machacando a los priístas. Sus cercanos dicen que no son las instrucciones del ex gobernador golpear a nadie, pero dentro del PRI no están seguros. Por ejemplo, aducen que desoyó más de 30 invitaciones del partido para acudir a un acto proselitista en el Distrito Federal, y que la primera vez que lo hizo, hace unas semanas, fue al informe de labores del ex perredista René Arce, donde destapó a Beatriz Paredes como su candidata al gobierno del Distrito Federal.
Esa acción le provocó un duro enfrentamiento con el líder de los pepenadores Cuauhtémoc Sánchez, que tiene control en el 20 por ciento de la capital; el 80 por ciento lo tiene el PRD. Junto con él, Orantes ya abrió fuego por Chiapas, y también el senador Francisco Labastida, ex candidato a la Presidencia, que disparó contra Moreira por el caso de Sinaloa. Gobernadores aliados de Peña Nieto tampoco están a gusto con sus arreglos con otros partidos, y ven a Moreira como un mero instrumento del mexiquense.
Peña Nieto, el hijo pródigo de Atlacomulco, debe entender que es muy pronto para que haya tanta molestia en el PRI en su contra, aunque por ahora se estrellen las críticas en el escudo de Moreira. En su entorno dicen que no es él quien da las instrucciones, sino sus subalternos. Sin embargo, Peña Nieto no es un político que deja cabos sueltos. Es frío y ha mostrado últimamente buenos reflejos. ¿Le está saliendo un talante desconocido? La duda crece, y este mariscal que tiene campo abierto para llegar a Los Pinos, tendrá que resolver las interrogantes, aclarar malos entendidos o asumir el costo de lo que está haciendo.
rrivapalacio@ejecentral.com.mx
twitter: @rivapa

Periodista en busca de decodificar la toma de decisiones en la política mexicana y exponer las tensiones del sistema en el que operan. Actualmente es director general del periódico digital Eje Central.

Columna: Estrictamente personal

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