Sin tolerancia a los intolerantes

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Opinión
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"¡Pago 30 mil pesos para que estos `gatos' hagan lo que les digo!". Ese fue el argumento utilizado por el "Gentleman de Polanco", un individuo de nombre Miguel Sacal Smeke, para golpear y tratar de forma humillante a un empleado de un edificio de departamentos en una zona residencial de la Ciudad de México. Al conocer la evidencia, mucha gente se mostró indignada y en las redes sociales se alimentó el debate que condenó al empresario de origen judío que envileció con su actos los orígenes del pueblo de Moisés.

Es cierto que los golpes y dichos de Sacal expresan racismo; pero el fondo es que la discriminación está arraigada entre nosotros. Sus acciones concuerdan con los resultados de la Encuesta Nacional de Discriminación en México. Aquí se discrimina por el aspecto físico, por lugar de residencia, por nivel socioeconómico, por género, por diversidad sexual y creencias religiosas. En resumen, los mexicanos discriminamos por todo.

Los resultados del estudio lo confirman. Y es que cuando a los encuestados por el Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (Conapred) se les preguntó por qué han sido discriminados, la mayoría respondió: "Por no tener dinero". Así, seis de cada 10 mexicanos consideran que la riqueza es la principal causa de división social. Por otra lado, el 40 por ciento asegura que a la gente se le trata diferente por su color de piel, y el 30 por ciento dijo que a las personas se les insulta en la calle por esa razón. Las mujeres, por ejemplo, al ser cuestionadas sobre su tono de piel, se identificaron con tonalidades más claras de las reales.

Otros factores mencionados fueron los partidos políticos, la educación, la repartición de apoyos del Gobierno y las preferencias sexuales, tema en el que la discriminación toma niveles de alarma. Entre los resultados sobresale que casi la mitad de los mexicanos (4 de cada 10) no está dispuesto a que en su casa viva un homosexual o una lesbiana, y 5 de cada 10 jamás compartirían techo con una persona con VIH.

La encuesta preguntó por primera vez acerca de los migrantes. Más del 70 por ciento de los nacionales creen que "la gente que llega de afuera" no genera divisiones sociales, aunque 60 por ciento también considera que los derechos de los migrantes, en particular de los centroamericanos, se respetan poco o nada. La encuesta también toma en cuenta la opinión de los inmigrantes. Seis de cada 10 creen que sus derechos se respetan poco. Sus principales problemas son el desempleo, la discriminación, la inseguridad y la falta de documentación legal.

Ricardo Bucio, presidente del Conapred, muestra la preocupación sobre el camino que ha tomado la convivencia social en México y afirma que existen muchas maneras de discriminar, que por diversos motivos y situaciones "nos cuestan mucho reconocer", además de asegurar que nos hemos organizado socialmente de tal forma, que ya establece las divisiones, y muchas de éstas las tenemos muy normalizadas.

Casos como el de Miguel Sacal son la expresión arraigada de que el clasismo, los prejuicios, el racismo y el odio están enraizados en una sociedad que discrimina todos los días y en donde la tolerancia es un recurso en peligro de extinción.

Pero reflexionemos y en un ejercicio de sinceridad pensemos si nosotros también discriminamos a nuestros semejantes. ¿Cerramos el vidrio del carro cuando una mujer de rasgos indígenas nos pide apoyo económico para sobrevivir? ¿Respetamos los estacionamientos de las personas con capacidades diferentes? ¿Observamos con recelo a los migrantes? ¿Nos burlamos de alguien por su color de piel o su condición económica?

Decidamos jamás tolerar a los intolerantes y aprovechemos la oportunidad de convertir el caso Sacal más que en un trending topic en twitter, que una vez que surge un nuevo escándalo pasa al olvido, intentar promover un cambio de actitud, enseñando a nuestros hijos a no discriminar y entender el valor de la igualdad. De lo contrario nos exponemos a que los más peligrosos de los enemigos de México, la desigualdad y los prejuicios, terminen, como decía el poeta y dramaturgo austriaco Hugo Von Hofmannsthal, reinando en nosotros contra nosotros mismos.



Columna: Dogma de fe

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