Diario de un nihilista
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La reina de los escotes. Existen fotografías de María Carlota Amalia Agustina Victoria Clementina Leopoldina, princesa de Bélgica, archiduquesa de Austria, princesa de Nicaragua, baronesa del Mato Grosso, pero sobre todo y encima de todas las cosas emperatriz de México, en las que aparece como una diva del cine mudo. Prima hermana de la reina Victoria, su reinado duró apenas tres años, frente a los 64 de la emperatriz de la India. Nieta de Luis Felipe, el Rey Burgués de Francia y bisnieta de Ernesto XXIV, de la minúscula pero antiquísima casa de Reuss, única que dio a la historia reyes de tres equis, como el buen coñac y las buenas películas, debió soportar la traición de un rey arribista como lo fuera Napoleón III, tan arribista o más que don Agustín de Iturbide, nuestro primer emperador. Concuña de Sissi, la emperatriz de Austria y una de las mujeres más frívolas y liberales del siglo 19, única reina que sufrió un atentado, bajo la forma de un fino puñal esgrimido contra su bello escote, no tuvo buenas relaciones con ella, por lo que empujó a su marido Maximiliano a aceptar la corona de un ficticio imperio mexicano, por tener reino propio, aunque ello significara la ruina de la romántica pareja. Instalados ya en el Anáhuac, en la región más transparente del aire, después de haber vivido una temporada idílica como reyes de juguete en Venecia, en una escenografía de cuento de hadas, la pareja empieza a distanciarse. Max -como lo llamaba ella- queda prendado de la belleza y el temperamento de las criollas mexicanas, e inclusive de las mestizas. Tuvo a una de ellas, a una de esas bellas indómitas, como amante de planta en Cuernavaca, a quien instaló en la mansión Borda, que cuenta con un grande y bello jardín, y que había sido construida por un acaudalado minero de la sierra de Taxco. Existe la leyenda de que su locura fue causada por un hongo mexicano llamado teyhuinti, que le fue proporcionado por una yerbera adscrita a la causa de Benito Juárez, y a la que Carlota visitó por el deseo que tenía de concebir un hijo, que fuese sucesor de Maximiliano en el trono de México. Lo cierto es que Maximiliano no tuvo hijos ni con ella, ni con su amante de Cuernavaca ni con ninguna otra mujer, bestia o quimera, por lo que se vio obligado a adoptar a un descendiente de Agustín I y de doña María Huarte, la primera, la original, la auténtica emperatriz de México. (Un descendiente de ese niño, llamado Eduardo de Iturbide, desempeñaría un oscuro y maquiavélico papel en la Revolución Mexicana, intrigando y asesinando entre las huestes de Francisco Villa y de Emiliano Zapata). Las actrices mexicanas Medea de Novara y Laura Flores, así como la norteamericana Bette Davis -aquella de la célebre canción titulada "Los ojos de Bette Davis- han interpretado el papel de la emperatriz Carlota de México para el cine y la televisión. Edith González nunca ha hecho ese papel, como tampoco hará el de primera dama, al lado de Santiago Creel, pues este último libreto pertenece hoy por hoy a la protagonista de la telenovela "Destilando amor". Antes de morir, María Félix estuvo a punto de comprar las joyas de la emperatriz, pero no le completó el dinero. Hoy por hoy, quien podría interpretar a la famosa reina loca sería Salma Hayek, distinguida recientemente con la Legión de Honor, entre la general protesta de los habitantes de aquella desprestigiada nación, sobre todo si Carlota, por necesidades de época, tiene que aparecer con pronunciados escotes.
¡Hasta el próximo lunes!