Megaupload y sus mártires de los 40 millones

Opinión
/ 23 febrero 2012

La riqueza, aún sin merecimientos, inspira reverencia hasta a gentes desinteresadas,

porque acaso les sugiere la idea de los grandes proyectos que permite realizar.

I. Kant

Cuando en enero pasado el FBI cerró Megaupload estuve varios días con sentimientos encontrados. Por un lado, extrañaba la accesibilidad de contenidos a través de Megavideo, sin duda. Pero, por otro, no me cuadraba la figura de Dotcom al estilo mártir de la libertad en Internet.

Y ni siquiera ahora que está en libertad bajo fianza y Nueva Zelanda debe decidir si será extraditado a Estados Unidos, me atrevo a pugnar por la vuelta de Megaupload al ciberespacio. Me resulta difícil, pero es la verdad.

Cuando la policía detuvo a los fundadores y operadores de esta empresa, declaró haber incautado 38 millones de euros en propiedades y cuentas bancarias en varios países. Al hacer el repaso de esta fortuna, confieso descaradamente que lo que menos me preocupa son los «derechos de autor» que el gobierno de Estados Unidos dice proteger, sino el cuento de la «gratuidad».

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Y es que, aunque para los habituales de Megaupload es shoqueante ser privados de las bondades de este sistema de streaming y descarga de contenidos «gratis», la verdad es que de gratis no tenía nada. Por una parte, Megaupload cobraba por las cuentas Premium, y por otro, facturaba miles de dólares en publicidad. Y, bueno, pues por los contenidos no pagaba un centavo.

¿Los usuarios? Meros instrumentos de Megaupload y anunciantes.

Las protestas contra iniciativas de ley como SOPA, ACTA y otras, pugnan por la libertad de compartir contenidos libremente en Internet y no ser vigilados ni criminalizados por ello. Y eso está muy bien. Pero de algún modo, en el caso de Megaupload solo facilitamos el cambio de flujo de dinero, de manos de los grandes corporativos del entertainment a las de corporativos que acumulan riqueza aprovechando: a) la flexibilidad de Internet para compartir contenidos, b) la relativa facilidad de aprovechar esos contenidos sin pagar por ellos, y c) usuarios ávidos de series y películas «gratis». Negocio redondo.

No esperaba que Megaupload o alguno de sus fundadores privilegiara la labor social, pero mártires propiamente dichos.

En fin, Cuevana y Series Yonkis no son lo mismo ahora. Pero tal vez esta sea una oportunidad para que alguien más llegue con una estrategia equilibrada, que nos permita acceder a contenidos, que haga un buen negocio pero que nos quite a los usuarios del torpe papel de intermediarios en este doble juego de la compra-venta de la «gratuidad».

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