Frida y Diego
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Apenas inicia este electoral año mexicano de 2012 y para fortuna nuestra, México a través de su arte da de qué hablar en el extranjero. Si no mejora la percepción del País, al menos funciona como atenuante. Por lo demás y a juicio de quien esto escribe, vuelve a exportarse lo poco o lo único que llama la atención de México, los clichés sobados de siempre o bien, en otras palabras, lo más conocido de México: las bodas artísticas de Diego Rivera y Frida Kahlo.
En la primavera de este 2012 que ya va encarrilado, en una ciudad cercana a Frankfurt, Alemania, se exhibirán en una galería propiedad de una familia de coleccionistas, los señores Wirth (tienen 13 museos y galerías en Europa), 76 obras de la colección del Museo Dolores Olmedo, centrado el acento en exhibir las obras más representativas de la pareja artística de Frida y Diego. La muestra se abrirá al público alemán entre abril y mayo de este año.
¿Por qué sigue gustando y enamorando Frida Kahlo en el extranjero, por qué sigue estando de moda? Por ese aire rancio a extravagancia, a dolor compartido, a muerte mexicana -entre festiva y llorosa- y por esas figuras, esos artes preñados de ropajes mexicanos autóctonos, de colores explosivos y dotados de un mestizaje mexicano que refleja, claro, a toda la cultura latinoamericana.
¿Un ejemplo? Claro. De apenas 70 x 62 centímetros (es decir, apenas el doble de una hoja de un cuaderno escolar), un óleo sobre masonite anuncia desde su título lo que habrá de contemplarse: "Diego en mi pensamiento." Aquí se ve a Frida en su autorretrato ataviada con su huipil juchiteco "de carita", ribeteado en encaje. Sobre su frente, la imagen de Diego. Mientras en su mata de cabello negro luce flores mexicanas de colores vivos y frescos. Imposibles estos colores y esta extravagancia para los alemanes. Viajarán entonces al otro lado del mundo "Hospital Henry Ford", "Autorretrato de changuito" y no podía faltar, "Unos cuantos piquetitos."
Aunque alguna vez lo escribí, hoy otra vez lo dejo en letra redonda: para mí, su arte está más emparentado con la enfermedad, con la tortuosa psicología y el dolor físico y emocional, que con la representación y apuesta de un artista. La verdad, sus cuadros no me impactaron cuando hará cosa de cuatro años, visité la Sala Frida Kahlo del Museo Dolores Olmedo (ojo, aquí está su obra, no en el llamado Museo Frida Kahlo en Coyoacán, donde hacen fila los mal informados turistas, sólo para llevarse al final un chasco y salir con los ojos vacíos: fue la morada de Diego y Frida, pero aquí no está su obra).
Esquina-bajan
"Pinto mi propia realidad" dejó por escrito de su puño y letra la Kahlo. Y vaya que tenía o tuvo sobradas razones para espetarlo. Le practicaron no menos de 32 operaciones. De aquí entonces derivan o tienen su génesis de creación, cuadros como "La columna rota", "Lo que me dio el agua" o el famoso dibujo de su diario de su pie amputado, con la leyenda: "Pies para qué los quiero si tengo alas para volar", fechada la hoja en 1953.
Menos artística y almibarada que dicha inscripción, fue su triste realidad. Frida Kahlo, según un estudioso de su obra, Philip Sandblom, tenía una anomalía que se conoce como "spina bífida", que le causaba ulceraciones progresivas en las piernas y los pies. Le fue amputada una pierna. Efectivamente, en "Lo que me dio el agua", Frida sólo pinta su realidad: las lesiones y ulceraciones de su pie en una bañera. ¿Y el arte?
Para desgracia del marketing, de las galerías millonarias y de los cresos coleccionistas, no hay más "Fridas" qué traficar. Su producción fue parca. Aún así, está muy valorada en el mundillo. Prueba es que una vez más, su arte convocará a miles de europeos en esta primavera, no lo dudo, cuando se inaugure dicha muestra. Quien más sabe de arte, el poeta Javier Treviño Castro, ojalá pronto discurra aquí sobre este fenómeno.
Letras minúsculas
México está de moda. Diego y Frida, una vez más, están de moda.