Bailando en 'chones'. como Tom Cruise
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Llega esa semana del año en que me siento como Tom Cruise. Quizás lo recuerde en aquella escena que se volvió emblemática del cine ochentero.
En la película "Risky Business" ("Negocios Riesgosos". 1983), Cruise de 20 años interpreta a un preuniversitario cuyos padres dejan solo en casa durante un fin de semana que promete ser divertido, pero se torna caótico.
Apenas se queda solo el muchachón, festeja con un baile que era una auténtica celebración de la libertad (y de la nula vigilancia parental).
En "chones", el cotizado galán en ciernes danza al ritmo de "Old Time Rock N Roll", como si estuviera ofreciendo un concierto para las masas, aunque está en la más recóndita privacidad de la sala de su casa.
Con un fin de semana sin restricciones por delante, sabiéndose joven y afortunado, al Cruise sin pantalones no le importan mucho el ridículo ni el desparpajo. y baila.
Pues así, ni más ni menos, cada año en vísperas de Semana Santa, me poseo por el mismo espíritu que hizo bailotear a Cruise en calzoncillos. La desolación propia de estas fechas me hace pensar que durante este receso de la rutina nadie observa -o a nadie le importa- lo que haga, diga o escriba, a diferencia (espero) del resto del año.
¿Qué será en periodismo el equivalente al baile en calzoncillos casero de Tom Cruise? Lo ignoro, pero apuesto que si lo hago ni el editor me va a poner reparos, pues debe estar demasiado frustrado porque le tocará cerrar la edición durante los días del puente vacacional.
De cualquier forma, no sería la primera vez que ocupara la Semana Mayor en desvaríos. Aun así, intentemos aterrizar en alguna reflexión útil:
La Pascua cristiana conmemora el sacrificio del Hijo de Dios como promesa de redención para la humanidad.
De hecho, una promesa que no alcanzo a ver cumplida por ningún lado. No quiero comenzar un debate de fe, pero es que sencillamente no puedo entender aun la mecánica divina que obra en este misterio.
La tradición dice que Cristo se inmoló por nuestros pecados. Sin embargo tenemos que seguir haciendo méritos por nuestra salvación. ¿Entonces?
Yo digo que eso de una humanidad redimida es una promesa que aun está por cumplirse y que depende no de un mesías, sino del hombre mismo.
Es tiempo de promesas, en efecto y nos harán las mejores, las más estúpidas, las de siempre, las más extravagantes y las que se les ocurran -hasta una hermana nos prometerán- con tal de que nuestro sufragio les favorezca.
Téngalo presente a la hora de atender la perorata del candidato o candidata de sus presidenciales predilecciones. El prometer no empobrece y al político por definición jamás le ha dolido la conciencia el trepar por la escalera de los embustes.
Para que esté alerta, le voy a refrescar la reciente memoria:
Con seguridad recuerda a los candidatos que el año pasado se disputaron la Gubernatura coahuilense, el actual Gobernador y su contrincante, el "Soñador" conLicencia, Memo Anaya.
¿Recuerda cómo uno y otro empeñaron su palabra en unas tarjetas que repartieron indiscriminadamente?
¿Y recuerda que dichas tarjetas eran una promesa de miles de pesos mensuales para cada portador?
¿Acaso tiene usted la más plurinominal idea de cómo o con qué pensaban los entonces candidatos cumplir aquella desmesurada promesa?
Pues ellos tampoco, por supuesto. Si el Estado ya desde antes de aquellos días había sido saqueado en forma vil por la administración del derroche y la malversación de Humberto Moreira.
Aún a sabiendas -uno y otro, Rubén y Memo- que aspiraban a la Gubernatura de un Estado en bancarrota, no tuvieron el menor recato para prometer lo que de ninguna manera podía ni puede cumplirse.
Claro que les valía sorbete la justicia, la rendición de cuentas, el desarrollo sostenible. Lo que buscaban era el voto de la masa, del monstruo que no piensa, del gran conglomerado humano que no tiene sentido crítico pero puede decidir una elección.
Esa es la consabida calidad las promesas políticas y pues, a partir de allí, puede usted juzgar, a fin de cuentas, los mismos partidos se están ahora disputando la Presidencia de la República.
Las promesas no se juzgan, pero sí a quien las oferta. No es lo mismo una promesa hecha por Jesús, que una hecha por un mequetrefe con ambiciones, como los que ahora saturan los espacios publicitarios.
petatiux@hotmail.com