"¿Soy una mala mujer por guardar rencor.?"
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QUERIDA ANA:
Llegamos a Saltillo hace muchos años. Yo apenas tenía 12 cuando mis padres decidieron venirse del rancho en Zacatecas. unos amigos ya tenían algunos años en esta ciudad y como el señor era compadre de mi papá, nos ayudó a conseguir una casa de renta acá por la zona oriente.
Poco recuerdo de esos tiempos de la vida en el rancho, pero lo poco que recuerdo es que batallábamos mucho, como la mayoría de las familias que allí vivían. A mí, mis tres hermanas y mi hermanito nos tocaba ayudar con las labores de la casa, de la tierra y los animales. Nuestra familia era normal, como todas allí, gente de trabajo y tranquila. decidir dejarlo todo fue una decisión muy difícil, nos costó mucho aceptar que ya no viviríamos allí, ni volveríamos a ver a nuestra familia y amigos. Los primero días en Saltillo fueron muy duros, sin trabajo y sin qué comer.
Papá y mamá se llevaban bien, su relación era muy buena. Poco a poco las cosas mejoraron para nosotros. Él consiguió trabajo en una fábrica en Ramos y mamá comenzó a trabajar en una casa. La verdad es que ella sacaba más dinero por semana y lo fueron ahorrando. Lo de mi padre era para el diario.
Cuando llegué a mis 15 años, mis abuelos me mandaron un dinero, pues vendieron un terreno que tenían en el ejido, me dijeron que era para mis estudios, pues ellos querían que saliéramos adelante y estaban convencidos que el estudio era la mejor manera de lograrlo. y comenzamos a ahorrarlo.
Meses después, papá nos abandonó, se fue con una muchacha que tenía una tiendita a cuatro cuadras de la casa y que era 10 años menor que él. Además del dolor que le causó a mamá y a nosotros sus hijos, lo peor fue que se llevó todo el dinero que teníamos y no volvimos a saber de él, nos dejó sin nada.
Contra todo, mis hermanos y yo apoyamos a mamá, tuvimos que trabajar todos y dejar los estudios, pero al final logramos hacer cada quien nuestras vidas.
Yo conocí a un buen hombre y me casé con él, tuvimos tres hijos. Mamá se murió hace cinco años; mis hijos ya están casados y ya tengo dos nietos. En las heladas del 2010, mi esposo Roberto murió en un accidente y yo regresé al trabajo para no ser una carga para mis hijos, que ya tienen sus familias.
En agosto del año pasado, sin siquiera imaginarlo llegó mi papá a la puerta de la casa para pedirme perdón, decirme que lo sentía mucho, que le daba mucha pena no haberse disculpado con mi mamá. Fue algo muy sorpresivo, pues ni siquiera podía imaginar en dónde y cómo estaría.
Yo le dije que estaba bien, pero no pude evitar enojarme y reclamarle que me regresara algo del dinero que nos había robado cuando se fue, pues ahora como viuda estaba necesitada. Él dijo que no podía pues de eso ya no quedaba nada, y que había llegado a la vejez sin ahorros. Me dijo que cuando se fue, hizo su vida al lado de aquella joven, tuvieron dos hijos, pero al tiempo ella lo dejó y se fue con otro hombre. También me platicó que ya tenía muchos años de vivir solo, y que nunca los volvió a ver. Finalmente le hicieron lo que él nos hizo a nosotros.
Llamé a mis hermanos para avisarles que nuestro papá estaba en mi casa, pero sólo dos de mis hermanos pudieron ir a verlo. Los demás no quisieron ir.
Se fue y no volví a saber nada de él, hasta enero, cuando me avisaron que murió en Monterrey y me fui con mis hijos al funeral.
En su momento le dije que sí le perdonaba, pero la verdad es que no estoy segura sí así fue, pues en el funeral vi a su otra familia.
¿Estoy mal en guardar rencor? ¿Por qué sentí eso hasta que me topé con sus otros hijos? ¿Soy una mala persona?
ANGUSTIADA
QUERIDA ANGUSTIADA:
Lo que te sucede es algo completamente normal, una reacción que cualquier persona que puede llegar a tener ante las circunstancias que tú viviste. Una cosa es que en su momento, después de tanto tiempo y ya con tu vida hecha hayas decidido perdonar a una persona que representó tanto daño en tu vida, y principalmente porque es tu padre.
Reclamarle por algo pasado quizá te hizo sentir bien, pues tenías mucho enojo por las condiciones en las que él se fue, pero haberlo perdonado seguramente hará que esos sentimientos de rencor o enojo poco a poco desaparezcan.
Además, el ser viuda te pone en una condición vulnerable ante la vida. ya frente a emociones tan fuertes como la muerte de quien te dio la vida, aunque él se haya portado mal contigo.
La vida nos lleva por muchos caminos y así como nos da muchas penas, las alegrías tarde o temprano nos devuelven el ansia de vivir plenamente y sin rencores.
Lo importante es que a final de cuentas, tu padre tuvo la oportunidad de pedir perdón, y tú decidiste escucharlo. el tiempo te dará claridad para entender que el disculpar a alguien va más allá de las palabras.
ANA`