GPS femenino

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Opinión
/ 17 septiembre 2012

Trabaja en tareas domésticas de su hogar.

Tiene un trabajo remunerado de medio tiempo. Lleva y trae a los escolares de su casa. Va a un gimnasio. Estudia idiomas. Está activa en un voluntariado y tiene un ministerio en su parroquia. Tiene diálogo semanal con su pareja. Medita todos los días...

Es el perfil panorámico y disminuido de un gran número de mujeres contemporáneas. Es admirable lo que pueden meter en el frasco de 24 horas.

No pocas viven tensas. Preocupadas más que ocupadas. Las muy sensibles toman sobre sí problemas ajenos y hasta lo que no comen las indigesta. Las menos organizadas olvidan el verbo disfrutar y parecen sufrirlo todo diariamente.

Muchas viven asustadas, temerosas llenas de miedos. El mundo relacional se les complica y surgen las ataduras interiores de temores, prejuicios, resentimientos y apegos. Es el agujero negro que parece engullir toda dicha. Saben muy bien qué hacer pero descuidan el cómo, el para qué y el por qué. Solo unas pocas descubren un por quién. No aprenden a construir su actitud y todas sus acciones resultan contaminadas.

La moderna tecnología ha puesto en los automóviles el GPS que va dictando, desde un satélite, los virajes y los rumbos para llegar a la meta propuesta. Ese copiloto verbal va guiando a la conductora por las intrincadas vialidades de la gran ciudad.

En el trayecto de la vida es necesario diseñar la mejor ruta. No hacerse bolas. Tomar en cuenta la densidad del tráfico. Conocer las rutas alternativas. Conocer la propia ubicación. Poner atención a la voz del GPS. Estas necesidades se enfocan en el XVIII Congreso Regional de la Mujer 2012. Lo organizan Familia Unida Saltillo y Pastoral Familiar. Jueves 20 y 21 de este septiembre, en Villa Ferré, desde las 9 am.

El objetivo del Congreso es descubrir una guía personal y segura que lleve a la mujer a entender lo que realmente vale y permanece siempre. Se trata de ponerle fuerza a lo débil. Quien es vagabundo no necesita guía.
Le conviene al turista pero, de manera especial al peregrino. Es pésima la situación de quien ha olvidado, en el metro de una gran ciudad, el nombre de su estación de destino.

Para muchas mujeres el Congreso puede ser una gran oportunidad para mejorar su actitud existencial. Merecen felicitación los promotores de este gran servicio a quienes podrán llevarlo a los ambientes de nuestras colonias populares...

El autor de Claraboya, quien ha escrito para Vanguardia desde hace más de 25 años, intenta apegarse a la definición de esa palabra para tratar de ser una luz que se filtra en los asuntos diarios de la comunidad local, nacional y del mundo. Escrita por Luferni, que no es un seudónimo sino un acróstico, esta colaboración forma ya parte del sello y estilo de este medio de comunicación.

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