El vuelo de Icaro
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En la mitología griega existe una hermosa historia:
"Dédalo era un famoso constructor e inventor, cuya capacidad y talento inventivo atrajo la atención del rey Minos soberano de la isla de Creta, quien quería construir un enrome laberinto con la intención de ocultar a un monstruo conocido como el Minotauro.
El rey solicito la encomienda a Dédalo quien acepto el trabajo sin saber lo que luego le esperaba.
Para realizar la obra solicito la ayuda de su hijo Icaro. Así ambos emprendieron la colosal faena y con el tiempo concluyeron un complicado laberinto. Fue tan grande el laberinto que solo ellos sabían el camino correcto tanto para entrar y salir.
El rey Minos quedó muy satisfecho, pero pensó que tenía que hacer algo con Dédalo y su hijo, pues posiblemente podrían revelar el secreto del laberinto, entonces el rey decidió mantenerlos en cautiverio el la isla de Creta.
Dédalo deseoso de recuperar su libertad no cesaba de pensar como salir de la isla, pero sabía que no podía ser por el mar ya que el rey tenía a su ejército vigilando las playas día y noche.
Sin embrago, esto no era un imposible para Dédalo quien ideó un osado plan: escaparían volando, tal como lo hacen las aves.
La leyenda cuenta que Dédalo e Icaro reunieron plumas a fin de construir para ambos las alas de su libertad. La tarea fue ardua pero, cuando reunieron las suficientes, estas las pegaron con cera de abeja.
Cuando estuvieron listas, Dédalo pegó un par de alas en la espalda de Icaro y otro par en su propia espalda Y Dédalo dijo a Icaro: "¡Volemos fuera de la isla! Pero debemos de tener cuidado de o volar demasiado alto, pues el sol quemaría nuestras alas. Además Dédalo advirtió a su hijo que permaneciera en la trayectoria media, evitando el sol y el mar.
Dédalo e Icaro iniciaron el vuelo, a Icaro le pareció tan hermoso de volar como los pájaros, que emocionado por la experiencia olvidó las advertencias de su padre. Voló tan alto que no escuchó los gritos desesperados de su padre.
El Icaro del siglo XXI
La leyenda de Icaro viene a colación porque el pasado 14 de octubre un sorprendente ser humano hizo historia al haber obtenido en un mismo evento tres diferentes records históricos: ser la primer persona en realizar un vuelo tripulado en globo al punto más alejado de tierra, en realizar una caída libre desde el punto más alto sobre la tierra y ser el primer ser humano en romper la barrera del sonido, sin ningún vehículo, bajo el esquema de caída libre (rompió la barrera del sonido durante los 40 primeros segundos, al llegar a unos 1.342,8 km/h)
Pioneros
Siempre han existido personas realizan sus sueños, aun cuando estos se encuentren más allá de los límites que otras personas se autoimponen. Me refiero a seres humanos que hacen una particularísima historia: la historia de la humanidad forjada a través de sus propias biografías.
Hablo de esos seres humanos que retan los imposibles con el único objetivo de ampliar las del conocimiento humano, sus potencialidades, sus horizontes. Son los que están siempre dispuestos a volar más alto, a navegar más lejos, a caminar más tiempo, a ir a las profundidades inhóspitas de las cuevas y de los océanos, a ir más rápido en cualquier inimaginable forma, siempre poniendo en riesgo sus reputaciones, sus aparentes privilegios e inclusive sus propias vidas para lograr sus más excelsos ideales. Son ellos los idealistas, los que representan el progreso, lo mejor del ser humano y que impulsan el bien del mundo; siendo, a la vez, y parafraseando a Ingenieros, la antítesis de la mediocridad.
Transgresores
Estas personas son las que Ayn Rand define como transgresores o rebeldes: "(.) Seguramente se le consideró un trasgresor que se había aventurado por territorios prohibidos. Pero desde entonces los hombres pudieron viajar más allá de cualquier horizonte. Les dejó un legado inconcebible para ellos y abrió los caminos del mundo.
Ese gran hombre, el rebelde, está en el primer capítulo de cada leyenda que la humanidad ha registrado desde sus comienzos. Prometeo fue encadenado a una roca y allí devorado por los buitres, porqué robó el fuego a los dioses. Adán fue condenado al sufrimiento porque comió del fruto del árbol del conocimiento.
Cualquiera sea la leyenda, en alguna parte en las sombras de su memoria, la humanidad sabe que su gloria comenzó con un gran hombre y que ese héroe pagó por su valentía".
Vida al límite
A esa clase de seres humanos pertenece el austriaco Felix Baumgartner, quien logro la hazaña referida, (Salzburgo, Austria, 20 de abril de 1969), pero como todo lo extraordinario , esta proeza nace de conquistas previas: "su primer récord (1999) fue en Kuala Lumpur, Malasia, al registrar el salto más alto desde un edificio cuando se arrojó desde las famosas Torres Petronas.
En el 2003, se convirtió en la primera persona en cruzar el canal de la mancha en caída libre. Aunque la definición suene increíble, el austríaco apeló al diseño de un ala hecha de materiales ultralivianos para literalmente "volar" sobre el estrecho que separa Inglaterra de Francia. Otro récord mundial que lo identifica es el salto BASE más bajo en toda la historia, desde la mano hasta la base de la escultura del Cristo Redentor, en Río de Janeiro.
También se convirtió, en diciembre de 2007, en la primera persona en saltar desde un piso 91. Fue en el edificio Taipei 101, en Taiwán".
Todo logro posee el tiempo y la dedicación de quien lo conquista. Tiempo curtido en el esfuerzo, en ocasiones aderezado en la mismísima angustia, en la desesperación vencida.
A todo logro lo precede un sueño a conquistar y su poseedor sabe que al alcanzarlo se abrirán las puertas de su mismísima eternidad.
No se requiere
No se requiere poner la vida en riesgo, pero si una avasalladora pasión, para hacer la vida grande, para culminar esa personalísima misión y vocación que toda persona tenemos en la existencia. Solo se requiere la menuda tarea de encontrar el sentido de la vida, la vocación, y actuar, sin excusas, en consecuencia.
Bien lo expresa Martin Descalzo: "efectivamente, no es que la luz de la propia vocación suela ser oscura. Lo que pasa es que muchos las confunden con las tenues estrellas del capricho o de las ilusiones superficiales. Y que, con frecuencia, como les ocurrió también a los Magos, la estrella de la vocación suele ocultarse a veces -y entonces hay que seguir buscando a tientas- o avanza por los extraños vericuetos de las circunstancias.
Y, sin embargo, ninguna búsqueda es más importante que ésta y ninguna fidelidad más decisiva. Unamuno decía que la verdadera cuestión social no es un problema de mejor reparto de las riquezas, sino un asunto de reparto de vocaciones".
Indudablemente, como Félix, todos llevamos a Icaro en el alma, solo falta la luz para iluminarla y ahí encontrar las alas, las razones, para volar hacia el sol. Ciertamente, para emprender vuelos no para morir, sino para cambiar formas de vivir la existencia y, en ocasiones, para hacer historia.
cgutierrez.itesm.mx