Sabrás que es hora de ir a hacerte una limpia con el chamán cuando.
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El dominio público da fe y testimonio de que no soy un hombre creyente, mucho menos supersticioso.
Si alguna vez aludo a la suerte es apenas como una forma de expresar buenos deseos. La fortuna es para mí puro azar, nada que responda a caprichosas voluntades ultraterrenas.
Si formarse -y forjarse- en el pensamiento racional es arduo, lo es más cuando una buena parte del mundo (que incluye a la familia) insiste en vivir bajo los dogmas del pensamiento mágico y religioso. A mí todavía me dieron de niño mis buenas barridas con pirul para curarme los sustos, pero ya de grande opté por la psicoterapia.
Hay que recordar que el método científico es nuestra única vía disponible hacia el conocimiento, mientras que todo aquello que no es medible o verificable pertenece al ámbito de la fe, que es netamente especulativa.
El misticismo ancestral exige tanta credulidad como el de la corriente new age, así que yo me guardo a las religiones tradicionales en el mismo cajón que a las terapias alternativas, el feng shui y el sudoku.
De manera que ante cualquier problema, situación o eventualidad, me decanto por abordarlo de la forma lógica y en esa misma senda buscarle solución y/o explicación. Yo, antes que rezar, prefiero consultar la Sección Amarilla.
Sin embargo, estoy a punto de hacer una excepcional excepción. Quiero decir que por una vez me siento tentado a darle la espalda a mis más firmes creencias para recomendarle al Gobierno del Estado y principalmente a su titular, Rubén Ignacio Moreira, los servicios de un chamán que le haga una buena limpia.
¿Exagero? ¿Será un despropósito aconsejarle al Góber que consulte al médico-brujo-exorcista que más confianza le inspire?
Se me hace que, por el contrario, ya nos estábamos tardando y le repito que no es sencillo para mí desoír la voz que me reprende por hacerle en esta ocasión un guiño a la superchería.
Pero evaluemos la situación como lo habría hecho unas tres décadas atrás mi personal Biblia, la revista MAD. Y dice:
Sabrás que es hora de ir a hacerte una limpia con el chamán cuando.
.Eres Gobernador, pero te dejan el Estado en quiebra luego de una pachanga que duró seis años.
.Todas las preliberaciones que pensabas hacer durante el sexenio se dan en un mismo día, sin esperar tu aprobación.
. Manejas con sumo cuidado el tema de la MEGADEUDA y un niño de secundaria te saca la garra delante de todos.
.Publicas una felicitación monumental por las fiestas decembrinas y viene con faltas de ortografía.
.Partes una rosca para seis mil personas y como quiera te toca "el monito".
.Quitas el pino navideño y te chingas una de las reliquias de la ciudad.
Hasta allí me animo por hoy. Hay muchas otras situaciones que dan soporte a la teoría de que la milenaria maldición de Tutankamote pesa sobre la presente administración y que es urgente conjurarla mediante las oscuras artes de un poderoso hechicero nivel 5, pero no todas las desgracias son para mencionarse dentro de un contexto mordaz.
Claro, no es que digamos que el Góber está salado, nomás un poquito alto en sodio.
Ahora debo hacer otra pregunta: ¿Es justo embarrar al Gobernador en la desafortunada destrucción del emblemático elemento escultórico que coronaba la fuente en la plaza principal de esta ciudad capital? ¿Está bien asociar a Moreira Valdez con este menoscabo al simbolismo local?
Por supuesto, la llamada Fuente de las Ninfas que delinea el perfil de esta ciudad fue semidestruida por el anónimo operador de una grúa. ¿Hay necesidad de asociar al Mandatario Coahuilense en este hecho?
Juzgue usted: Digamos que en vez de la destrucción de la escultura, habláramos de la construcción de una escuela.
El Góber no habría participado por supuesto en su construcción: No habría trabajado en los cimientos, ni en los muros, ni en el vaciado de la losa; ni en los acabados, ni el equipamiento de las aulas. No habría cargado ladrillos ni preparado mezcla en fatigosas jornadas a pleno rayo de sol. No obstante, lo más seguro es que en el discurso se le atribuya a la figura del Ejecutivo la autoría de cuanta cosa se erige en el Estado durante su gestión. Es de hecho probable que se le ponga su nombre a la obra -o el de alguno de sus familiares o favoritos- e incluso que se coloque una placa que dé constancia de que tal o cual fue construido por "El Ciudadano Gobernador en Turno Fulano de Tal y Tal".
Así que bajo ese mismo criterio, habríamos de responsabilizar a nuestros gobernantes por todas las torpezas que se comenten en su nombre y durante su gestión, estén o no ejecutadas por su mano. Sería lo correspondiente, ¿no? Si se lleva el crédito de todo lo bueno, ¿por qué nunca quieren asumir su parte de todo lo malo?
petatiux@hotmail.com