"Decíamos ayer."
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Gerardo Unzueta
Mi última aparición en este espacio terminaba con una frase histórica: "Decíamos ayer." Corresponde al insigne poeta, teólogo y luchador político Fray Luis de León y fue pronunciada hace seis siglos (1576); su vitalidad deriva de un compromiso: "no renunciamos a lo hecho hasta la interrupción, lo continuaremos hoy"; eso hizo De León tras cinco años de encierro que le impuso la Inquisición; la dijo al regresar a su cátedra en la Universidad de Salamanca: "Decíamos ayer", y su frase quedó para la historia.
Quise brindar su frase histórica a quienes hoy padecen prisión política: un electricista, un estudiante, varios campesinos ecologistas y muchos hombres y mujeres más, presos de conciencia; yo, por mi parte, conjugué al fraile conquense, tras mis tres años y medio en Lecumberri. No dudé en escribir estas líneas de admiración a quien, antes de abandonar los calabozos de la Inquisición, escribió una décima que así iniciaba: "Aquí la envidia y la mentira/me tuvieron encerrado."
Rendida la excusa y hecho homenaje al origen. Decíamos ayer: ¡Voto para los mexicanos en el extranjero!; ahora es oportuno reiterarla cuando se inicia la preparación de la Ley de Inmigración de la era Obama. He de admitir que mi amigo Porfirio Muñoz Ledo se me adelantó e hizo la propuesta apenas hace 15 días.
En su artículo del 13 de febrero, Porfirio destaca la importancia que en el contexto actual cobra "el sufragio universal de los ciudadanos del exterior en las elecciones mexicanas..." y afirma que "las organizaciones de residentes en el extrajero nos han solicitado reiteradamente su participación en la vida política del país, a la que tienen sobrado derecho, inclusive a la representación en el Congreso."
Hay que estar de acuerdo con él en que la presencia y la aceptación de los derechos de esos mexicanos "implica el reconocimiento de que somos una nación que trasciende sus fronteras, aboga por respeto irrestricto a los derechos humanos y afirma su identidad en el mundo". Y hay que subrayar que esta demanda ha promovido un extenso movimiento en EU y en México, hasta lograr su planteamiento en el Congreso por no menos de 15 iniciativas de ley.
Esos planteamientos han partido de las organizaciones y partidos de izquierda. Y cobraron mayor fuerza cuando se logró un cambio trascendente en los derechos políticos de esos mexicanos: la modificación (agosto 1996) del artículo 36 de la Constitución política, suprimiendo una parte de su Fracción III que establece las prerrogativas de los mexicanos: "Votar en las elecciones populares en el distrito electoral que le corresponda."(cursivas mías), con lo que se impedía todo voto que no se produjera en los límites patrios. Eliminada tal limitación se abrió la posibilidad, que bien apreciaron nuestros compatriotas, al dirigirse en un documento de los miembros de todos los partidos en EU, que decía: "Los mexicanos residentes en el exterior resolvemos: 1º hacer un llamado a los partidos que gobiernan la república para que en un esfuerzo metapartidista... se dé inicio a un proceso de reconstrucción de la soberanía que se manifieste en torno a los derechos políticos plenos de los mexicanos en el exterior de votar y ser electos en las próximas elecciones de 2006."
Atribuyo mucha importancia al documento, pues inició una acción conjunta que desembocó en la primera ley aprobada por la Cámara de Diputados conteniendo las reivindicaciones fundamentales. Por primera vez, y con una votación aplastante, se reconocían esos derechos políticos. Mas al pasar al Senado se produjo un acto perverso de las fracciones del PRI y el PAN que anuló esa ley. Hoy es tiempo de realizar las acciones necesarias para reivindicar los esfuerzos de 20 millones de compatriotas, y partir de las iniciativas presentadas -en particular la de 2005- para la elaboración de un texto que cumpla la justiciera demanda: ¡derechos políticos plenos a los mexicanos en el extranjero!