Días de reflexión
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Es febrero el mes en el que la conmemoración de acontecimientos importantes tienen lugar en el calendario nacional. El primero, en el que se recuerda, precisamente hoy martes 5, a la Constitución de 1917, promulgada por el coahuilense Venustiano Carranza.
También, la Decena Trágica, que desembocó en el asesinato de Francisco I. Madero y José María Pino Suárez. Iniciada el 9, tendría como vergonzante colofón la muerte de los dos prohombres, intachables, leales servidores de México, ordenada, en uno de los capítulos más denigrantes de la historia del país, por ese oscuro personaje de nombre Victoriano Huerta.
El 19, otro jornada más para conmemorar: el Día del Ejército Mexicano y el 24, el de la Bandera.
Todos estos días nos conducirán a la reflexión de los momentos históricos que vivieron sus protagonistas; pondrán en la mesa del análisis a estos mismos personajes, producto de su tiempo, y sin duda, hechos, los que defendieron hasta la sangre a México, de una madera muy poco común.
Acontecimientos que nos llevan de la mano en el recuerdo de un personaje cuyo idealismo y bondad lo llevaron al cadalso, pero que dejó cimentadas las bases de la democracia por la que era deseable transitara el país.
Tal era don Francisco I. Madero. Dueño de una forma de ser carismática, su bondad no tenía límite. Confiaba tanto en los demás, que no dudó en que siguiera a su lado Victoriano Huerta aún cuando su propio hermano Gustavo le hiciera ver que era quien lo iba a traicionar.
Antes sí lo había escuchado, en un acto que también le costaría la vida a Gustavo, cuando le recomendó que Victoriano se quedara al frente a una plaza que pronto se volvería en contra del Presidente. Pero al final, en el momento determinante, Francisco no escucha a su hermano. A Huerta le da 24 horas para que le demuestre su lealtad. En ese tiempo, lo traicionó. Pese a que siempre confió en su hermano, no se sabe qué habrá ocurrido en su interior cuando éste le alertaba de la traición que ya fraguaba Huerta.
El Apóstol de la Democracia, el que creyó que con la salida de Porfirio Díaz de la Presidencia de la República los problemas de México, su pobreza y falta de libertades se arreglarían como por arte de magia, también desoyó a quien, igual de ejemplar a la hora de defender a la Patria, sí tenía, a diferencia de él, una visión mucho más práctica de los acontecimientos que se suscitaban a su alrededor.
Don Venustiano Carranza. Visión y sentido para percibir los vientos que dirigían al país. También lo alertó. Con su frase: "Revolución que transa se suicida", fue contundente a la hora de cuestionar las decisiones de Madero al término de la primera etapa de la revolución armada.
Luego fue Carranza quien, dentro de la ley, desconoció a Huerta a la muerte de Madero. Su posición, impecable, para dirigir la Revolución Constitucionalista, la promulgación del Plan de Guadalupe, después su eficaz gobierno y la promulgación de la Constitución de 1917. Todo ello construye ante nuestros ojos un caudillo necesario para el país que supo entender el rumbo que iban tomando los acontecimientos.
Hombres de una sola línea, orgullosamente coahuilenses, Madero y Carranza serán este año objeto del estudio de especialistas a lo largo y ancho de nuestra República Mexicana, y por supuesto particularmente en nuestro estado. Su obra, su legado, permanecerán siempre como la base que sustenta las instituciones; la base que fortalece la esencia del mexicano, y que nos lleva a replantearnos, a repensar en nuestra propia visión de país y en nuestro personal compromiso para con él.
Las efemérides que también se recuerdan, la del Ejército Mexicano, la del Día de la Bandera, sería deseable sean objeto también de una reflexión. Una reflexión que nos lleve a observar al mexicano del Siglo 21, responsable con su presente, y recordando el paso de los que dieron la vida por el país. Los que aún la ofrendan en las circunstancias actuales.
La democracia por la que pugnó Madero; el irrestricto respeto a la legalidad, impulsado a toda costa por Carranza. Legados ante los que estamos altamente comprometidos los habitantes de este territorio en este Siglo 21. El orgullo de pertenecer a una nación, he allí la senda a transitar.