La máquina imposible

Opinión
/ 13 abril 2013

La obra de Yaumil Hernández expone, de manera no tan cifrada, el mundo de asfixia insular que ha vivido este país caribeño desde que "triunfó la revolución"

De tres series y un grupo de obras autónomas está compuesta la exposición de óleos "Mutatis Mutandis", de Yaumil Hernández Gil, que se exhibe en el Centro Cultural Universitario. Irónicamente, las series se llaman: "Disciplina", "Formas de la Huida" y "Actualizaciones".

La ironía tiene su origen en el hecho de que el artista nació en La Habana, Cuba (1972), donde aquella revolución "socialista", llena de "camaradas" y rabia "antiburguesa", convirtió a Fidel Castro primero en un mesías salvífico, luego en un simple dictador más. "Todo sea por la revolución", dirán algunos ante la montaña de arbitrariedades y la violación de los más elementales derechos humanos que se llevaron a cabo en medio de un terror vertical y jupiterino. El hecho histórico es que los extremos se tocan: Stalin y Hitler fueron unos ególatras neuróticos cuyo destino debió ser el hospital psiquiátrico y no el poder político. Irónicamente, Castro y cualquier oligárquico dictador tienen mucho en común.

La obra de Yaumil Hernández expone, de manera no tan cifrada, el mundo de asfixia insular que ha vivido este país caribeño desde que "triunfó la revolución". En su trabajo plástico, el artista conjuga una formación académica estricta y sólida y la necesidad de denunciar ciertas cosas, a través de un tamiz fantástico que debe mucho a Magritte, a la pintura flamenca, a la ciencia ficción y a una terrorífica concepción de la tecnología como forma de tortura.

De factura impecable, estos óleos nos presentan a hombres y animales intervenidos por la tecnociencia: ¿han sido víctimas de la tenebrosa investigación científica realizada en Alemania durante el régimen nazi, son meros conejillos de Indias sometidos a la experimentación de una civilización deshumanizada o representan a todos los que han sido presa de la furia socialista por el nefando crimen de pensar o ser "diferente"?

Pintura en el más alto sentido de la palabra, pero también pintura ideológica y política, sin duda. Imposible no pensar en El Bosco, Brueghel el Viejo y Van Eyck. Difícil no recordar a Kafka, Bradbury, Huxley, Orwell y Burguess. ¿Y cómo no pensar en las máquinas inventadas por Leonardo, por Verne y por esos grandes creativos de la Santa, muy Santa Inquisición, cuyo ingenio para provocar sufrimiento hizo realidad una numerosa e imaginativa gama de instrumentos de tortura? "Mutatis Mutandis": cámbiese lo que deba ser cambiado. A pesar de la exquisitez de la realización plástica, no hay ambigüedad alguna en esta locución latina que Yaumil Hernández utiliza para dar nombre a esta colección de óleos. No estamos ante una muestra de arte panfletario; no se trata, por supuesto, de "realismo socialista". Muchos de estos cuadros son hermosos, escalofriantes y reveladores, lo mismo por lo que muestran que por lo que no.

Diría que son heladamente escalofriantes. La precisión del dibujo, la exactitud del claroscuro, la gélida composición: algo grita, algo se desgarra debajo -o detrás- de esta apariencia de clasicismo ingrávido. ¿La fila de cubanos para obtener unos gramos de arroz, los no favorecidos por el ecuménico sistema socialista, los parias de ese sistema ideal, los amordazados y obligados al "autoexilio" como Lezama Lima, los "diferentes"..? ¿O allá, en la volátil cápsula de su soledad analizada por un Poder innombrable, gritan los hombres todos ante la irracionalidad de una civilización que malinterpreta la nanotecnología?

Hombre y animal han sido intervenidos: todos alimentan y forman parte de una máquina imposible. Hay que buscar "formas de la huida", antes de caer en manos de quienes instauran la "disciplina" metiendo en nuestro cuerpo "actualizaciones" que nos convierten en entes sin voluntad. ¿Pintura ideológica? No. Mejor, pintura humana, pintura de advertencia, y de excelente calidad, la de Yaumil Hernández Gil.

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