Vince In Bono Malum

Opinión
/ 11 junio 2013

Vince In Bono Malum, vencer con el bien al mal o vencer al mal con el bien, es el lema de mi alma mater, de ahí que me vino a la mente en automático. Aunque en realidad es una frase tomada de la carta de San Pablo a los romanos. Se me ocurrió titular así esta colaboración en VANGUARDIA porque, a mi juicio, esta frase explica por sí misma lo que implica la elección de Presidente Municipal en Saltillo.

Cuento con experiencia de varias campañas en Saltillo y en todo el Estado; y cuando fui diputado federal, atendí durante años una oficina de atención ciudadana, en la capital de Coahuila y en otras ciudades. Puedo decir que conozco de cerca las grandes virtudes y las carencias de nuestra capital estatal. 

A lo largo de los años, conversé con numerosos dirigentes de una industria pujante, generadora de miles de empleos; pero vi de cerca también las grandes injusticias que entraña la pobreza urbana. Sostuve prolongadas conversaciones con empresarios valientes y trabajadores que quieren trabajar en paz, generar empleos y aportar su granito de arena; pero vi de cerca también a aquellos que prefieren abdicar de sus principios y del producto de su esfuerzo por miedo o cobardía frente al gobierno autoritario de nuestro Estado.

En esta campaña electoral volveremos a ver algo muy emblemático del Saltillo de contrastes, los medios de comunicación. Por fortuna existen aquellos que defienden su profesión y cumplen su deber de informar, pero bien sabemos que los más, únicamente atacan y reproducen boletines oficiales, en su papel de alfiles del autoritarismo, enarbolando como bandera la mentira y la difamación. 

Lo que más me ha impactado en esta ciudad de contrastes, es la reacción de muchos ciudadanos cuando se acude a ellos para presentarse como candidato y pedir su voto. En el Saltillo ilustrado, ya sea del medio empresarial o del académico y profesional, contrasta la actitud de aquellos que actúan con honestidad intelectual y expresan libremente su sentir; con la de aquellos que ahogan su buen juicio por congraciarse con el poder. 

Por el contrario, en los sectores populares y marginados de la ciudad, casi no percibí ese contraste; en esos medios los gobiernos emanados del PRI coahuilense han hecho de Saltillo su bunker, su centro de operaciones, su vivero de votos, porque han acostumbrado a los sectores marginados a votar a cambio de dádivas y dinero. El cinismo priísta en esta perversa relación ya no se esconde ni disimula, más bien se exige y se ostenta. 

Sería correcto y acertado que el PAN marcara el contraste y concientizara a los miles que sólo reciben sometimiento a cambio de unas monedas. Sabemos de sobra que no hay gobierno que pueda mantener a un pueblo por tiempo indefinido. Al final del día, quienes, por necesidad, venden su voto al PRI, acaban siendo minoría. La mayoría organizada podría ser la respuesta a nuestros males si Acción Nacional hiciera bien el bien. Sin embargo, la esperanza de aprovechar para bien a esa mayoría ignorada por el gobierno estatal o municipal, fue barrida por la oleada que primero encabezó Oscar Mohamar; y Luis Fernando Salazar, después. A través de estos dos personajes, el PAN abandonó en Saltillo la posibilidad de hacer bien el bien y, en lugar de ello, optaron por tratar de vencer al PRI con sus mismas armas de corrupción, compra de votos y condicionamiento de programas sociales. Con esta estocada final, la democracia en Saltillo vivió sus últimos días y con ello, consolidó el poder de los autoritarios en detrimento de la democracia y la libertad.

Pero el bien resurge siempre. A pesar de esos errores del pasado, Saltillo tiene hoy una nueva oportunidad para enderezar el camino. El contraste entre las opciones en esta elección es evidente: Isidro López representa al Saltillo trabajador, emprendedor, honesto . El llamado Diablito, encarna la complicidad con la mega deuda ilegal, la opacidad en el manejo de los recursos públicos y el burocratismo improductivo tan costoso para los ciudadanos.

Isidro López proviene de una familia generadora de miles de empleos a lo largo de muchas décadas; por su lado el llamado Diablito, sólo puede presumir que es hijo del diablo mayor, el gobernador más autoritario, represivo y corrupto entre tantos malos gobernantes que ha padecido Coahuila.

Isidro representa al coahuilense que trabaja y emprende, el Diablito representa al gobierno que se burló de los coahuilenses y arrojó deuda, descrédito, corrupción, pobreza, desapariciones forzadas, crimen organizado y balaceras callejeras.

Ahora debemos estar atentos a las campañas de los candidatos y esperar la decisión de los ciudadanos. Me queda claro que si Isidro López quiere ganar, tendrá que hacer muy bien el bien. Deberá deslindarse de quienes, desde el PAN, querrán venderle la corrupción como única fórmula para alcanzar el triunfo.

La historia del PAN en Saltillo lo demuestra: nuestra fórmula ganadora es el trabajo honesto, así ganaron Rosendo Villarreal y Manuel López, su referente obligatorio para alcanzar el éxito, aunque haya quien absurdamente le recomiende que mantenga su distancia. No necesitamos nuevas fórmulas. Saltillo ha cambiado mucho, resta tan sólo actualizar la formula y vencer al mal con la fuerza del bien.

Columna: Regresando a las Fuentes

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