Lo razonable y lo creíble
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Se fue rechazando poco a poco la figura paterna.
Esa orfandad voluntaria buscaba la independencia, quitar ataduras, intentar la realización plena de sí mismo. Ese camino de la Ilustración del siglo XVIII quiso introducir una era de la razón adulta, dueña de sí misma y del destino del mundo donde cada uno pudiera dirigirse a sí mismo y ordenar la vida según el propio cálculo y proyecto.
Eso llevó a las ideologías masificadoras. Querían eliminar por la fuerza todo lo que fuera diverso. Vinieron los sustitutos del padre: los líderes carismáticos, los guías de partido, la idea de progreso. Como Dios se ha manifestado como Padre se llegó al ateísmo programático y hasta se proclamó `la muerte de Dios". Parecía necesaria para la vida y la gloria del hombre.
Pero las ideologías se desbordaron a sí mismas en hornos crematorios y en genocidios multiplicados. La sociedad sin padres produjo una multitud de soledades. Vino el fracaso de las pretensiones de la razón adulta. Se rechazaron las certezas ideológicas y sobrevino un sentimiento de malestar y de incomodidad. Surgió la indiferencia, la falta de pasión por la verdad, el relativismo y el encerrarse en cortos horizontes: los propios intereses y los de grupo. Fue la fragmentación. Se teme entonces aceptar algo como verdadero.
El rechazo del padre llevó a la desconfianza hacia el Otro. Se dilapida la existencia en lo efímero. Lo que quiso ser emancipación se convierte ahora en indiferencia hacia cualquier figura paterna.
En esa zozobra existencial, el hombre y la mujer contemporáneos se vuelven a encontrar con la gran noticia de una paternidad divina que se ofrece como una plenitud eterna, una salvación, una verdadera esperanza que evita caer en el sin sentido y le da a la vida el rumbo de un peregrinar
Muchos se abren al Otro que nos visita y nos hace salir de nuestros miedos y de nuestros egoísmos para vivir por los otros y con ellos. Entonces nacen nuevos encuentros de paz, diálogos que de otro modo se considerarían imposibles.
Esa noticia se hace creíble y se vislumbra una patria prometida que viene a nuestro encuentro como un misterio deslumbrante al cual confiarse y por el cual dejarse alcanzar y salvar... Lo razonable tiene límites, solo lo creíble nos hace descubrir un destino trascendente para la humanidad peregrinante...