Las trivialidades

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Opinión
/ 13 noviembre 2013

Debemos ser cuidadosos en el tratamiento mediático que le damos a ciertos personajes, para evitar distracciones

Molesto y con razón, un lector me hace patente su disgusto por el trato de celebridad que los medios procuran a los actores políticos.

Podría transcribir su airado mensaje de indignación, pero se puede resumir en dos palabras: "¡Son chingaderas!".

Con la libertad de prensa por delante, me

adhiero al disgusto de este ciudadano, que no desea desayunarse con los triviales pormenores de la vida íntima de quienes cobraron notoriedad al amparo de un cargo público.

Como si de Brangelina se tratara y soslayando, como ocurre tantas veces, el valor utilitario que debería tener la información, se nos rindió cuenta de que el exmandatario de la gente, "the master of disaster", Humberto "El Profe" Moreira, sumaría un vástago a su de por sí amplia progenie.

¿Qué se supone que debe hacer el público (en especial el coahuilense) con semejante acaecimiento? ¿Alborozarse por el expatriado? ¿Enviarle una felicitación? ¿Tejerle una chambra?

Sí, quizás, de no haber quedado tan profundamente dañada la relación del exgobernante con sus coterráneos por una serie de afrentas a la democracia, a la legalidad y a la dignidad del pueblo que constituyen el desglose de una súper factura llamada.

¡Exacto! Gracias por evitarme hoy la pena de tener que escribirlo yo.

Es el caso que por tanto, resulta perfectamente comprensible que si un titular destaca como un panegírico la paternidad de Moreira Valdés, le caiga éste al lector en sus gónadas como patada de Oribe Peralta.

Sin duda que cualquier editor deberá considerar, antes de darle a Humberto Moreira un trato de personalidad del jet set, que el solo nombre del exgobernador despierta una animadversión que es cualquier cosa menos gratuita, como tampoco es un asunto de preferencias políticas, sino un sentimiento ciudadano generalizado y ello es constatable en la acogida y retroalimentación que estas notas reciben.

Pero no fue la nota sobre su próximo reencuentro con la paternidad la última ni la primera vez que desde el exilio Humberto ha acaparado (sea o no su propósito) la atención de quienes nos quedamos comiendo mocos de este lado del Atlántico.

Primero conocimos algunos detalles de su estilo de vida posterior a su inconclusa gestión como Gobernador de Coahuila y su breve actuación como dirigente nacional del priísmo.

Y si nunca nos quedó claro con qué recursos se costea residencia y estudios en la Madre Patria, mucho menos de dónde salió el lujo que ostenta, de tal suerte que, tratándose de un exfuncionario, nos deja el campo libre para todo tipo de suposiciones (que es lo que en México utilizamos como sustituto de justicia bajo en calorías).

Luego Humberto nos presumió su sitio web, humbertomoreira.com.mx que le recomiendo no deje de visitar para que siempre recuerde lo bendecidos que fuimos en Coahuila con la gestión del hermano del actual Gobernador.

Pero nada de lo anterior nos pudo preparar para lo que estaba por llegar: Una imagen "filtrada" de un Humberto Moreira recargado, luciendo una improbable transformación, de fodongo promedio a ser el único coahuilense que se tomó en serio el asunto de combatir la obesidad.

Un burdo trabajo de photoshop, al decir de los expertos, que encuentran varias inconsistencias en la imagen. Eso o que la cabeza de Moreira luce desproporcionadamente grande en su "nuevo" y atlético cuerpo.

Por supuesto, las críticas no se hicieron esperar, así como las alusiones a su "lavadero" abdominal donde presuntamente lavó el dinero que hoy le permite llevar una vida que deja a todas las demás en calidad de intentos.

El mismo profe body builder, salió en defensa de la autenticidad de esas imágenes, aduciendo además que es ahora todo un atleta experto en combate cuerpo a cuerpo (así que cuidado, porque ahora es además de todo una máquina de matar).

Si es un embuste grosero de tan burdo ¿es esto digno de considerársele noticia?, me pregunta con indignación escéptica otro lector.

Sin duda, de demostrarse la falsedad nos revelaría lo deschavetado que está el exmandatario. Recuerde cómo se las gastan en el PRI (¿o ya olvidó a Roberto Madrazo corriendo maratones con chapuza?).

Lo cierto es que debemos ser sumamente cuidadosos en el tratamiento mediático que le damos a ciertos personajes, pues en el ánimo de evitar circos que distraigan a la sociedad de los asuntos vitales, no podemos permitirnos el servir de comparsa a quienes están en el ojo público por presuntos malos manejos.

Y siempre que Humberto Moreira salga a relucir, antes que sus tragedias personales, antes que sus venturas familiares, antes que su vida social, antes que su estado de salud, condición física o cualquier otra trivialidad, recordemos que no es un artista, que no es una socialité, ni un divo de la moda y tengamos por delante los cuestionamientos sobre su corrupta administración estatal.

petatiux@hotmail.com




Columna: Nación Petatiux

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