Homeland y su chocante final. ¿de temporada?
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Cuando apareció Homeland en 2011, los críticos favorecieron su historia y alabaron sus actuaciones, principalmente la de Claire Danes. Al estrenarse la segunda y la tercera temporada, en 2012 y 2013, el ánimo se desinfló y las observaciones comenzaron a brotar mucho más que los halagos. Aunque en algo, creo yo, los televidentes estábamos de acuerdo: Homeland no era Claire Danes; Homeland era Damian Lewis.
No me voy a meter en la discusión de si la serie perdió o no el encanto. Muchos comentarios existen ya sobre la caída de la historia y con la mayoría soy empática, aunque reconozco que la sigo viendo. Pero concuerdo en que los guionistas, ahora, parecen caballos desbocados que no saben para donde correr. Fueron dos temporadas sin ton ni son, arrítmicas, con historias secundarias irrelevantes e inconclusas. ¿Por qué continuar sintonizando este drama? Pues porque queríamos saber qué pasaba con el marino Nicholas Brody.
Sin duda, Brody es el hilo conductor de esta historia sobre la guerra entre Estados Unidos y algunos países islámicos. Así que su muerte en el último episodio de la tercera temporada, anuncia una simple y profética verdad: Homeland ha terminado. No importa que el año entrante se estrene una cuarta entrega, para mí -como para muchos- el verdadero desenlace de Homeland ya lo observamos. Y terminó al minuto 45, porque algunos decidimos eliminar de nuestras mentes ese último cuarto de hora que no solo resultó innecesario, sino también contradictorio y ridículo. ¿La desobediente y alterada Carrie aceptó a los pocos meses que la CIA sacrificara a su amado Brody? ¿Algo así puede quedar tan fácilmente atrás? Mejor, despidamos a Lewis como se merece.
La impactante muerte de Brody me dejó perpleja por dos razones. Si hablamos del meollo narrativo, era un paso lógico. Con su deceso, se cierra la trama de una víctima de esa maquiavélica guerra que solo refleja el hambre de poder de las naciones. La imagen Brody, colgado sin vida en una plaza de Teherán, nos revela un sentimiento paradójico. Es tristísimo, terrible e injusto su destino (escrito desde su secuestro) y a la vez, es liberador verlo partir después de tanto sufrimiento. Porque, para Brody, la muerte (aunque pública y en la horca) significaba descansar. Y la muerte terminó convirtiéndolo en mártir para los televidentes. En la víctima que aunque lo deseara y lo intentara, ya no podía escapar del futuro que otros le impusieron.
Sin embargo, esta misma conclusión me obliga a preguntar: ¿será que las series de televisión están sacrificando su esencia con tal de generar impacto? Si se tratara de un filme, este hubiera sido el final correcto. Pero, a menos que nos regresen a Damian Lewis como fantasma, una cuarta temporada suena, simplemente, a oportunismo. Para mí, lo repito, Homeland ha finalizado. Mi Twitter: @CalladitaR