Los maestros (1/2)
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A lo largo de mi vida he tenido a sabios y eruditos maestros los cuales han guiado mis pasos, mi formación, mis valores y lecturas
Soy mal alumno. Soy mal discípulo. Las pocas virtudes que tengo, o creo tener en mi vida, son producto de las enseñanzas de mis maestros. Los defectos y yerros son sólo míos. No se le pueden achacar a nadie más. A lo largo de mi vida he tenido a sabios y eruditos maestros los cuales han guiado mis pasos, mi formación, mis valores y lecturas.
Lo he escrito antes, descubrí la literatura en los libros de mis hermanos mayores, en las famosas Lecturas Clásicas para Niños, edición de la SEP de 1971, publicación la cual hoy atesoro y he mandado empastar en piel de becerro. Pero, a la par, en la escuela Secundaria tuve la fortuna de tener como maestro de Literatura a don Pedro Ángel González. Su magisterio caló hondo en mi pálido alfabeto. Sus tareas y lecturas sugeridas fueron fundamentales. Él ahora, todo mundo lo sabe, es un prestigiado autor de varios libros de excelente calado literario e histórico.
En el Ateneo Fuente, de la inconmensurable Universidad Autónoma de Coahuila, el mundo se abrió amplio y ancho. Cómo no recordar a don Armando Fuentes Aguirre âhoy para fortuna mía, compañero de armas en este diario y en otras publicaciones periódicas en el paísâ, a don Jesús García, La coyota; a don Jorge Ruiz Schubert, a Dora Alicia Martínez Valero, a don Ramón Moncada, a Everardo Martínez el espacio es corto, mis reconocimientos y deudas son muchas.
Mis maestros son buenos. Este pálido alumno es mal escritor. Pero, debe tomárseme en cuenta que sigo en la brega y tratando de perfeccionar mis letras. Cómo no recordar en este gris recuento de expertos, a un viejo maestro del periodismo local, don Mariano Farías. Vestido pulcramente, sin ostentación, pero si con limpieza y donaire, con poca plata en los bolsillos, pero con la noticia exclusiva y la ocho columnas guardada celosamente en su ajada libreta, el maestro Mariano Farías sigue siendo referencia ineludible para mí.
Ya adulto y para salir de la ignorancia que es mi ropaje habitual, entré al ISER a estudiar Teología, institución dirigida por el maestro con voz de trueno, hoy unido a la eternidad y de la mano de Dios, Antonio Usabiaga Guevara. Aquí y no en otro lugar conocí a un puñado de sabios: Rodolfo Flores, Juan Manuel Ledesma, Carlos Manuel Valdés, el mismísimo Antonio Usabiaga y, Felipe de Jesús Balderas. He deletreado al final el nombre de don Felipe de Jesús por un motivo: acaba de publicar un libro de proporciones centáureas, La multidimensionalidad del salario.
Esquina-bajan
Lo voy a decir en cristiano, para escribir el libro de 370 páginas con el cual mi amigo, el maestro Felipe de Jesús Balderas, logró su Doctorado en Humanidades, hay que chingarse. El volumen fue publicado por el ITESM y Liblio Ediciones. Ya se encuentra disponible en librerías de México y en esa tienda virtual, Amazon. Licenciado en Filosofía y Máster en Educación Superior, a su Maestría en Ética agrega hoy un blasón más, Doctor en Humanidades por el ITESM.
Creo recordar que fue en el mes de febrero que, ante un atestado auditorio en el ITESM, campus Saltillo, presentó su libro de investigación que le valió su grado de Doctor. Repito el título completo del volumen: La multidimensionalidad del salario. Aproximación a un modelo de salarios equitativos para México. Una aplanadora de pensamiento.
El volumen lejos de ser un material académico aburrido y lento, se lee como un libro de denuncia sobre los malos pasos del Gobierno Federal, entretiene como una novela de detectives y ladrones, se lee como una investigación de un buen reportero; pero sobre todo, son las letras de un hombre alto, honorable, de valor y valentía, que sigue las máximas de aquel hijo de Dios sobre la tierra, el maestro Jesucristo.
Letras minúsculas
Próxima entrega, la reseña del volumen que debe de ser lectura obligada en cualquier Universidad. Invulnerable letra por letra.