Religión (es) en crisis
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Al Maestro Carlos Eduardo García Osegueda
La crisis económica revela las miserias y virtudes de las personas. El sentido de sobrevivencia disminuye o exalta la competencia sin misericordia. La compasión y la solidaridad luchan, entre gritos darwinistas de sálvese quien pueda, contra la indiferencia y el individualismo a rajatabla.
¿Podemos remontar la crisis sin destrozarnos para que sobreviva el más apto? ¿Podrán entender esta pregunta aquellos que viven resguardados en islotes de privilegio económico o político? O los que sobreviven, en palabras de Eduardo Galeano, Despreciando la honestidad, castigando el trabajo, recompensando la falta de escrúpulos y alimentando el canibalismo entre las personas. ¿Podrán asumirlo los que se benefician profundizando las desigualdades sociales y sus violencias inherentes?
¿Qué alternativa existe? ¿Dónde encontrar la esperanza que nos permita desplegar un blindaje colectivo de valores anti-crisis? ¿La podemos encontrar en la religión? La pregunta es pertinente, en una época en la cual las religiones pierden fuerza ante una crisis económica que exige soluciones individuales y no colectivas a la misma. Pero, ¿cuál religión? ¿La católica, la cristiana, la mahometana, la hinduista, la universalista china, la budista, la sikh, la bahaísta o la judía?
Leonardo Boff, teólogo católico brasileño, preguntó al Dalai Lama, ¿Cuál era la mejor religión para él?. El Dalai reflexionó por segundos. Miró fijamente a Boff, y respondió: La mejor religión es la que te hace mejor. Boff insistió, ¿y qué es lo que me hace mejor?. El Dalai replicó, Al hombre le hace mejor todo aquello que le sirve para ser más compasivo, más sensible a las necesidades del que sufre más, más humanitario, más responsable. El Dalai Lama sentenció, La religión que sea capaz de hacer eso de ti es la mejor religión.
El Dalai con sabiduría tocó el denominador común de las religiones: Vivir la compasión, la sensibilidad y la responsabilidad ante el dolor o miseria del otro como parte esencial de nuestra humanidad.
Si esto es cierto, porque los administradores de la religión y de la esperanza, llámense santos padres, ministros, sumos sacerdotes o rabinos, prefieren hacer llamados a la oración, la fe y la unión ante la crisis que enfrentamos, en lugar de unirse y formar un frente común, de carácter ecuménico que integre a las religiones occidentales y no occidentales.
¿Será acaso que la preocupación central de esos administradores de la fe, consiste en competir para ganar adeptos y mantener su estatus de poder y credibilidad como alternativa religioso-espiritual? ¿O será que, paradójicamente, les preocupa más salvarse a sí mismas, antes que la humanidad?
En urgente repensar el papel de las religiones a la luz de la exigencia de construir otro mundo posible. No sólo para enfrentar la crisis económica, sino también la política, la espiritual, la intercultural y la medioambiental.
El destino de las religiones está ligado al futuro del género humano, y como tal, no pasa por las cúpulas burocráticas que administran las religiones, sino por las voces de billones de mujeres y hombres de todo el mundo que exigen ante su dolor y miseria cotidianos; sensibilidad, compasión y solidaridad, con un sentido crítico y esperanzador.
Esas voces transformadas en grito desgarrador obligan a las religiones establecidas a repensar y construir un mundo mejor a la luz un nuevo paradigma civilizatorio porque la tierra es un planeta pequeño, viejo y limitado que no soporta un proyecto de explotación (económica y ambiental) ilimitada, que transita de crisis en crisis, como el actual.
Este proyecto ecuménico unifica las religiones a partir de una premisa: Ser humano es luchar por la plenitud de la vida, en un sentido económico, político, espiritual, intercultural y medioambiental (Frei Betto).
Si el sistema actual está agotado, y con él, la concepción de religiones dispersas y separadas: ¿Podrán abrazar éstas, de manera unificada, este mandato de plenitud, para refundar otro mundo posible, más compasivo, más sensible a las necesidades del que sufre más, más humanitario y más responsable?
Ese es el reto.