Tres viñetas de septiembre

+ Seguir en Seguir en Google
Opinión
/

Dulce mirada

Vienen desde no se sabe dónde, pero a las nueve con cinco minutos de la mañana, se disponen a atravesar la Plaza del Compositor que se encuentra en la colonia República. Un joven fuerte, con decisión y mirada puesta en el horizonte empuja una silla de ruedas en la que traslada a un hombre de unos treinta y tantos años.

Ambos forman parte del paisaje de la ciudad desde hace ya algún tiempo. Muchas veces se les observa en el bulevar Carranza, frente a las oficinas de Hacienda, en la esquina con Periférico Luis Echeverría. Seguramente se dirigen hacia allá; por lo pronto, cruzan el parque y el hombre de la silla de ruedas descubre los detalles que va encontrando a su paso. Mira con fruición, se diría que hace rato no sale de casa, pues lo escudriña todo.

Carece de piernas. Ello no es impedimento para que en su rostro brille una hermosa sonrisa, que se vuelve aún más amplia cuando ve en la respuesta de la gente el intercambio de miradas. No se necesita estar cerca de él para recibir un cálido saludo que se extiende a las manos, ofreciendo una dulce despedida conforme se aleja.

Mercado Juárez

¡Qué diferencia hay entre los dos pisos del Mercado Juárez! En ambos, los aromas son penetrantes, muy mexicanos, pero diametralmente distintos. En la planta baja, el aire fresco circula por donde se camine. Y el aroma del cuero y las cobijas de lana saturan la atmósfera. Aquí ya está todo dispuesto para proveerse de lo necesario para las fiestas de la Independencia. A diferencia de los centros comerciales, donde conviven lo mismo adornos navideños, que del Halloween y la fiesta del 2 de noviembre, en el mercado está sólo lo que usted necesita para los festejos patrios: vestidos, sombreros, trajecitos de manta.

Y lo de siempre, los cintos de vaqueros, sarapes, y ya decíamos, cobijas de lana y otros materiales. Sí hay concesiones a lo norteamericano, por supuesto. Así, podemos encontrar mantas con figuras de películas yanquis, como de Cars, por citar una. Pero lo más, lo más, es lo típicamente mexicano y lo típicamente saltillense: objetos de recuerdo con el nombre de nuestra ciudad impreso: monederos, ceniceros, vasitos de tequila, en fin.

Si en la planta baja corren con libertad los vientos cruzados de la calle Allende con los de la prolongación de Padre Flores, Aldama y Pérez Treviño, en la parte superior quedan atrapados. Acá arriba, el calor producido por las hornillas flota inmóvil. Se concentran los olores de la barbacoa, el menudo, el caldo de res y se mezclan con los de la carne cruda. Todo ello confundido con el polvo de las piñatas bañadas de tierra y los molcajetes que aguardan, en ingentes cantidades a numerosos compradores.

El trajín es más intenso; un ir y venir constante de comensales que van eligiendo sitio para comer o descansar. Gente que ya le sabe en cuál quedarse, y si la televisión presenta en su programación el partido de fútbol, la clientela es mayor.

Dos mercados parecieran ser este Mercado Juárez. Los dos iguales de saltillenses, iguales a sí mismos todos los días, desde hace no sé cuánto tiempo. Aromas que vienen de lejos, pero que permanecen intactos a través de los años, como la Magdalena de Proust.

 Patriotismo globalizado

Justo en la esquina de Juárez con Allende, sobre la Plaza Esteban de la Nueva Tlaxcala, uno de los tantos puntos de venta de objetos relacionados con la fiesta patria que se avecina. Bien surtido, en él aparecen tambores con los tres colores pero que hacen una concesión a los niños: el parche del tambor tiene como figura principal un Batman o un Superman, un Hombre Araña, para el gusto de los niños que los tienen como Súper Héroes, y las Princesas para las pequeñas. De todo hay en la viña del Señor, y si con estas figuras se afianza la venta, pues a darle. Patriotismo globalizado.

De los objetos más pequeños, aretes, moños, a los grandilocuentes y significativos para la temporada, como banderas o sombreros de palma, todo en este puesto es una fiesta tricolor. La luz del sol, a mediodía, es intensa y esos colores brillan espléndidamente.

Un soleado domingo como este no parece anunciar que tengamos el otoño a la vuelta de la esquina. Disfrutemos los últimos días antes de que empiecen a caer las hojas; disfrutemos del preludio de las fiestas patrias y, en ellas, la mexicana sonrisa de los niños al empujar el aire por las cornetas, en su camino al sur, por Allende.

Saltillo, al inicio de septiembre.




María C. Recio es una de las voces más influyentes en la crónica contemporánea de Coahuila. Su trabajo se caracteriza por el rescate de la memoria colectiva, combinando la investigación histórica con la narrativa literaria. Se ha especializado en el género de la entrevista y la crónica urbana.

Periodista, escritora y cronista con más de 30 años de trayectoria.

NUESTRO CONTENIDO PREMIUM