De ineptitud a aptitud

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Opinión
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Ser inepto es un tipo de inmadurez.

La madurez es la capacidad para desempeñar la propia misión. Este plomero no hizo bien los ajustes. Este carpintero no tomó bien las medidas. Este pintor no dio la tonalidad adecuada. Esta pareja no tiene los conocimientos necesarios para guiar un hogar. Y también este funcionario no tiene las virtudes cívicas políticas necesarias para planear y lograr el bien común.

Hay instituciones educativas. La familia, la escuela, la universidad, las iglesias. Respecto a la familia, hay un párrafo interesante del documento de los obispos de este país: Educar para una nueva sociedad, Puede leerse en él:

 Es básico que cada familia tenga conciencia de su vocación como comunidad educativa, como espacio esencial e imprescindible, sujeto activo, lugar privilegiado y pilar de toda educación humana y cristiana.

La familia, como célula originaria de la sociedad, es la instancia primordial donde se genera y va madurando una verdadera educación, donde los hijos asimilan los valores humanos y cristianos, donde se vive y practica la solidaridad entre las generaciones, el respeto mutuo, el perdón y la aceptación del otro, el amor a la propia vida y a Dios.

Uno de los bienes más preciosos es la presencia de los padres que comparten el camino de la vida con los hijos, transmiten sus experiencias y la sabiduría adquirida con los años. Sólo se puede comunicar una cultura pasando juntos el tiempo y exhortando con un ejemplo convincente. La ausencia del padre puede tener graves consecuencias. Así mismo, es insustituible la ternura y fortaleza de la madre. La familia, la escuela, la parroquia deben buscar hacer sinergia para apoyarse en la tarea educativa de las nuevas generaciones. (No. 64).

Escuela, universidad y comunidades de fe son ambientes educativos para asimilar y activar en la convivencia los grandes valores de verdad, justicia, libertad y amor. Han de multiplicar las experiencias de trabajo  compartido, de colaboración solidaria.

Es indispensable el desarrollo de destrezas desde actitudes de mutuo respeto y complementación para una convivencia productiva y gozosa. Causa extrañeza  la ausencia de diplomados, maestrías, post grados, capacitaciones especializadas de quienes intentan ocupar puestos de servicio público. Sería un gran acierto exigir legalmente a todo candidato libre o de cualquier partido, en cualquier nivel, haber participado en un curso universitario de información política y de ética para la vida pública, antes de lanzarse a una campaña.

El paso de ineptitud a aptitud por una educación y capacitación suficientes y exigidas, podría evitar omisiones, fallas y hasta irresponsabilidades delictuosas y criminales




El autor de Claraboya, quien ha escrito para Vanguardia desde hace más de 25 años, intenta apegarse a la definición de esa palabra para tratar de ser una luz que se filtra en los asuntos diarios de la comunidad local, nacional y del mundo. Escrita por Luferni, que no es un seudónimo sino un acróstico, esta colaboración forma ya parte del sello y estilo de este medio de comunicación.

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