Estrellas luminosas

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Opinión
/ 9 noviembre 2014
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El francés Charles Claudel decía “la juventud no es para el placer, sino para el heroísmo” por ello, en septiembre del año pasado, en este mismo espacio, comenté el caso de un extraordinario joven mexicano

Isaac Eleazar Hernández Fernández, quien desde pequeño se propuso alcanzar un enorme sueño: ser bailarín. Así, mientras todos los de su edad – incluyendo a sus 10 hermanos – jugaban lo inimaginable, él bailaba en el patio de su casa al ritmo de la música, tal vez vislumbrando su sueño hecho realidad.  

Isaac, a sus 24 años y tras largas jornadas de trabajo, es considerado como uno de los más notables bailarines clásicos del mundo. Él es indudablemente un soñador profesional, que ha sabido, mediante la disciplina y la dedicación, concretar sus más altos anhelos en esta exigente disciplina.

Es tan sencillo…

En aquella entrega en relación a la determinación de Issac comentaba: hay que emprender los sueños, en contra de todo y de todos, antes de que sea demasiado tarde, antes de que los vientos dejen de soplar, antes de que la misma edad determine lo que es estúpido, imposible, o bien utópico. Antes de que esos sueños se contaminen con las críticas de los envidiosos, mediocres o de los que temen navegar en solitario.

Tal vez, lo peor que le puede pasar a un ser humano es atentar contra su propia libertad, situació fácil de lograr cuando no se ama a nadie ni se deja ser amado, no se arriesga nada, no se cree nada, no se vive por nada ni por nadie, cuando no se tiene conciencia, cuando los sueños empiezan a ser eso: solamente sueños.

Los anhelos e ideales fácilmente son presa del conformismo, Martin Descalzo lo dice con palabras que estrujan el corazón: “¡es tan sencillo, tan fácil y agradable entregarse en las manos del conformismo! ¡Tan duro, en cambio, atreverse a ser lo que se es y a creer lo que se cree no por el tonto afán de ‘ser diferentes’, sino por fidelidad a nuestra propia alma!”.  

Resplandeciente

Refiero lo anterior porque he descubierto otra estrella naciente, a una mujer fiel a su alma, que es ejemplo y modelo para la juventud mexicana, la cual precisamente incursiona en la misma disciplina que Isaac, me refiero a la jovencísima veracruzana Paulina Guraieb, quien le da esplendor a la “más bella de las expresiones corporales”, a esa disciplina en donde la perfección y la elegancia se manifiestan en toda su magnificencia.

Para dimensionar la grandeza de su pasión por el baile solo basta comprender la respuesta que ella dio a un medio de comunicación cuando se le preguntó ¿qué sientes cuando bailas? Ella contestó: “La verdad es que no hay palabras. Es el mejor sentimiento. Es como felicidad, satisfacción, emoción, nervios, todo junto. Solo de pensar en eso se me pone la piel chinita”.

Paulina empezó a bailar ballet a los cuatro años como ella misma lo comenta “mi mamá me metió a clases, pero como ejercicio para hacer algo en la tarde. Luego, me di cuenta de que tenía posibilidades de hacer algo en esta disciplina y empecé a ir concursos”; por ello y sin dudarlo, a sus escasos siete años, decidió dedicarse enteramente a la danza, así a los 13 años estudió en la academia de ballet de Houston Ballet Academy, donde permaneció por espacio de tres años, desde entonces se ha perfeccionado en diversas escuelas de arte.

Preseas doradas

Hoy, a sus 17 años, es considerada como una de las más notables bailarinas del mundo, ya  ha sido campeona nacional en tres ocasiones, ganadora del Hope Award 2007 Youth America Grand Prix en Nueva York, en Cuba obtuvo medalla de oro en la categoría Senior y el Grand Prix del Ballet, que es la presea más alta que se le otorga al mejor bailarín de todo el concurso y el verano pasado obtuvo la medalla de bronce en la USA International Ballet Competition, consideradas las olimpiadas de este arte. También ha sido condecorada con dos Oros en el Concorso Internazionale di Danza Expression en Florencia, Italia. Actualmente, brilla con todo su esplendor en la Compañía Nacional de Danza, donde podrá cumplir otro inmenso sueño: bailar nada menos que en Bellas Artes.

Practicar, practicar, practicar

La afamada bailarina Ruth Saint Denis manifestaba “nuestros cuerpos son a la vez las estaciones de recepción y transmisión de la vida misma. Es la más alta sabiduría para reconocer este hecho y entrenar a nuestros cuerpos para hacerlos sensibles y receptivos a la naturaleza, el arte y la religión”. y Martha Graham puntualizaba “la danza es una canción del alma, de alegría o de dolor”.

Muchas razón tienen porque el ballet clásico representa la comunicación entre el cuerpo y el alma,  siendo una de las artes más excelsas que implica el dominio de “una técnica donde la disciplina en nuestro cuerpo es el único elemento a trabajar, no sólo a nivel físico sino también a nivel psíquico, dando la oportunidad de abrirnos a un mundo de expresión y comunicación con el que se da al mismo tiempo un desarrollo de la fuerza, la flexibilidad y dominio del cuerpo. El ballet clásico expone los principios fundamentales del movimiento seguro, eficaz y estético”, por ello este arte implica disciplina, concentración y constante dedicación como lo demuestra Paulina que practica ocho horas diarias, renunciando a las diversiones y actividades sociales que realizan las jóvenes de su edad. Ella sabe que para alcanzar sueños excelsos no existe sustituto de la autodeterminación,  el esfuerzo y la constancia. Ella sabe que el cuerpo nunca miente.

Testimonios de esperanza

¿Qué podemos aprender de estos dos jóvenes, de estas estrellas luminosas?

Primero, Issac y Paulina representan la antítesis de la vulgaridad, la desesperanza, la mediocridad y la abulia, son jóvenes que contrastan en este convulsionado país al brillar con luz propia, que construyen con sus propias voluntades sus presentes y así van delineando sus futuros.

Segundo,  ellos proclaman que hay causas para seguir, que jamás hay que tener miedo antes de  emprender un sueño, antes de tener problemas, antes de afrontar los retos, que no es bueno caminar encogidos, espantados, que es menester posar la mirada en lo alto, en el mismísimo  cielo.

En tercer lugar, para convertir los ideales en realidades fecundas, es necesario desarrollar nuevos hábitos comprendiendo que todo cambio implica coraje y perseverancia, que es fundamental, parafraseando a Martín Descalzo, empezar lo soñado, luego emprender, después seguir emprendiendo, luego continuar a pesar de los fracasos y sinsabores y, por último, jamás hay que dejar de luchar porque el que se lanza en pos de grandes ideales bien sabe que solamente es dueño del esfuerzo no de los frutos, comprende que solo le pertenece la generosidad con que emprende su vocación de vida, hace su labor diaria y ama a sus semejantes.

La férrea voluntad de estos jóvenes convertida en arte, encienden la esperanza de un México triste, precisamente, menesteroso de vida, paz, diálogo y optimismo.

cgutierrez@itesm.mx
Programa Emprendedor
Tecnológico de Monterrey, Campus Saltillo.







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Escritor y cinéfilo de tiempo completo. Actualmente trabajo como colaborador en el periódico Vanguardia de Saltillo, Coahuila, con quienes laboré en diversas áreas durante cerca de seis años, desde mis prácticas en la universidad hasta luego de mi graduación. También realizo reportajes y entrevistas para la revista Newsweek en Español, desde mi llegada a la Ciudad de México en febrero de 2017.

Me apasiona la crítica de cine, labor a la que dedico buena parte de mi tiempo para mantenerme al día con los estrenos más recientes, así como tener un amplio panorama de los clásicos en este mismo ámbito. Escribo y leo por placer. Publico textos en mi blog personal (blogenllamas.wordpress.com), en su mayoría relatos cortos. Tengo dos libros de cuentos publicados por el Municipio de Saltillo: “Demasiado Tarde” (Acequia Mayor, 2016) y “Los Ausentes” (Acequia Mayor, 2017).

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