Tiempo de Navidad

Opinión
/ 20 diciembre 2014
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Es tiempo de celebrar la Natividad del Señor, y ante la avalancha del consumismo que parece ser el signo de la época no está de más recordar lo que fácilmente olvidamos, abrumados por los compromisos de familia, de amistad y de trabajo traducidos en comprar para regalar, para adornar la casa y el pino, para hacer la posada y la cena del 24. Lo anterior implica reunir a la familia cercana, visitar a la no tan cercana y hablar a los que están lejos y no pudieron venir, asistir a alguna pastorela y a las posadas: del trabajo, de los amigos, del club, de la escuela de los hijos y de los vecinos, y participar en los intercambios de regalos. Y aunque reforzar los lazos familiares y las amistades es una de las mejores cosas que se pueden hacer, al final todo se convierte en compras frenéticas que exigen conocer el arte de hacer rendir el dinero so pena de gastar lo que no se tiene.

Sin embargo, es bueno tener presente que la Navidad es la fiesta que recuerda el nacimiento de Jesucristo, su aniversario y el del nacimiento de la comunidad cristiana, y que las diversas tradiciones y costumbres, tales como el árbol, el nacimiento, el Santa Claus, los Reyes Magos, las posadas, las piñatas, las pastorelas, los villancicos, los dulces y los platillos propios de la temporada, surgen alrededor de ese gran acontecimiento.

En México se conserva la tradición de las pastorelas según la versión evangélica del nacimiento de Jesús, aderezada con bailes y cánticos ejecutados por los pastores y con un sencillo argumento: el ángel anuncia a los pastores el nacimiento del Mesías, y en el trayecto a Belén enfrentan toda clase de argucias del demonio para evitar que lleguen a su destino. Al final siempre hay una lucha feroz entre el ángel y Lucifer, de la que sale triunfante el primero. En Saltillo y la región, todavía hoy algunos barrios, ejidos y rancherías montan cada año su pastorela. En algunas, el manuscrito y los papeles de los personajes principales han pertenecido siempre a una familia y por derecho natural se heredan de padres a hijos. Muchos grupos de teatro hacen también puestas en escena, unas veces a la manera tradicional y otras con piezas teatrales modernas alusivas a la época y al tema, pero utilizadas como un disfraz para la representación dramática de sátiras políticas y sociales.

Las posadas, las pastorelas, los villancicos y muchas celebraciones navideñas están fusionados al folklore y a la literatura mexicanos. Fernández de Lizardi popularizó las pastorelas en el siglo 19; los villancicos, de indudable raíz española, adquirieron calidad de obras de arte poético y musical gracias a Sor Juana Inés de la Cruz y a otros autores mexicanos de la Colonia, y don Ignacio Manuel Altamirano escribió La Navidad en las montañas, una de las novelas clásicas de la literatura mexicana.

Los grandes cantantes de todas las nacionalidades graban las canciones navideñas, y los niños en todas las ciudades cantan villancicos cuyo origen se pierde en el tiempo. La Navidad tiene en los grandes poetas de todos los tiempos a sus mejores exégetas, como los hermosísimos villancicos de la poeta chilena Gabriela Mistral.

Es tiempo de reflexiones como la que hace un siglo y medio hiciera el autor de Canción de Navidad, Charles Dickens: Es bueno ser niño en algunas ocasiones, pero nunca mejor que en Navidad, cuando el poderoso miembro fundador de la misma también era un niño.

edsota@yahoo.com.mx




Profesora de Lengua y Literatura Española. Dirigió el departamento de Difusión Cultural de la Unidad Saltillo de la UAdeC. En 1995 fue invitada por la Universidad Tecnológica de Coahuila, unidad Ramos Arzipe, para encargarse del área cultural, que incluía la formación del Centro de Información y cuatro años más tarde vendría la fundación del Centro Cultural Vito Alessio Robles, recinto que resguardaría la biblioteca de su padre, y donde hasta hoy labora.

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