Tenía que ser El Chavo
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Tras la muerte del gran Roberto Gómez Bolaños, se nos agolparon los recuerdos de épocas gloriosas que jamás volverán
Tenía que ser El Chavo, quien moviera los sentimientos de muchos de nosotros, provocando que tras la muerte de su creador, el gran Roberto Gómez Bolaños, se nos agolparan los recuerdos de épocas gloriosas que jamás volverán. Lo primero que me vino a la mente fue la pregunta que un amigo de primaria del Colegio La Salle de Monclova me hizo hace casi 40 años: ¿Viste anoche al Chavo del 8?. Yo le contesté ¡Si, estuvo padrísimo! Y Es que me da pena, pero mentía. Entonces no teníamos televisión. Mi madre, con dificultades pagaba la colegiatura y con muchos esfuerzos tiempo después compró un televisor.
Desde entonces, jamás me perdí capítulo alguno de El Chavo, que se transmitía todos los lunes a las 8 por el canal 8. Años después, El Chavo y todos los que vivían en su vecindad visitaron Monclova y a mi madre, que era reportera de un periódico local, le pidieron entrevistarlos y me llevó con ella. Ahí, tuve la oportunidad de conocer a Chespirito y a Quico. Guardo una fotografía de ese suceso.
Eran los inicios de los 70 y se había esfumado de México, el sueño del desarrollo estabilizador que el país disfrutó por casi 25 años. Fue esa época idílica en donde a nuestros padres les dijeron que pronto alcanzaríamos el primer mundo y ahora tocaba pagar el precio. En medio de esa crisis, surgía el talento de Chespirito que escuchaba el consejo de Nietzsche cuando aseguraba que El hombre sufre tan terriblemente en el mundo, que se ha visto obligado a inventar la risa. Y como motivos para llorar había muchos, Chespirito eligió hacernos reír.
Lo hacía con historias sencillas, ligeras y poco complicadas, pero que en forma irónica, denunciaban la pobreza y las desigualdades de México. Fue así que creó al Chavo del ocho, un niño abandonado, siempre de 8 años, que vivía en pobreza extrema, durmiendo en apenas un barril de madrera y que su máximo sueño era comerse una torta de jamón. Ahí, convivía con don Ramón, siempre desempleado y viudo con su hija, La Chilindrina; con doña Florinda también viuda y que vivía con su hijo, Quico; con la señora quedada, doña Clotilde, la bruja del 71. El Chavo hacía rabiar al rentero de la vecindad, el Señor Barriga y al querido actor saltillense, el Profesor Jirafales, soltero y eterno enamorado de doña Florinda.
Tenía que ser el Chavo, quien tras su muerte, nos llevara a recordar sus personajes y elementos que se encuentran presentes en el imaginario popular de Latinoamérica: El Chavo, El Chapulín Colorado, El Chompiras, El doctor Chapatin, Chaparron Bonaparte, la Chiripiolca, el Chipote Chillón, El Chanfle y la pastilla de Chiquitolina. Lo mismo sucede con sus frases memorables, que son parte de nuestro vocabulario: Se me chispoteó, Fue sin querer queriendo, Es que no me tienen paciencia, Tómalo por el lado amable, Bueno, pero no se enoje, Y ahora, quién podrá defendernos, Lo sospeché desde un principio, No contaban con mi astucia, Mis antenitas de vinil están detectando la presencia del enemigo, ¡Síganme los buenos! entre otras.
Por ahí he sabido de algunos pocos, que ponen en duda su calidad de genio creador. A ellos, les decimos que a Chespirito poco preocupan sus dichos pues su Escudo es un corazón. Él fue un hombre que se retiró a tiempo y que vivió sus últimos años alejado de los reconocimientos y manteniendo un bajo perfil. Hoy quizás se encuentre en una vecindad más grande y sin pobreza, un lugar en donde se ha encontrado por fin con su gran amigo don Ramón para disfrutar de su anhelada torta de jamón.
Apenas la semana pasada, antes de la noticia de su partida, estuve viendo junto a mi hija Regina que recién cumplió 11 años, algunos capítulos de El Chavo. Ella los conserva todos y hubo momentos en que debimos de decirle que ya viera otra cosa. Estábamos juntos al momento de enterarnos que había fallecido y ella muy triste y con lágrimas, me preguntó si era cierto. Yo le contesté que moría Roberto Gómez Bolaños, no Chespirito pues él y sus personajes viven en la eternidad. Me preguntó: Papá ¿Por qué la gente tiene que morir? De nuevo tenía que ser El Chavo, quien me hizo contestarle que así era la vida, que siempre se nos va sin querer queriendo.
@marcosduranf