Mientras el dinero fluya
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Un tema con reveses y vueltas: si los creadores deben o no involucrarse en los procesos sociales. Que sí. Que no. Que a veces. Estas y otras posturas con sus justificaciones como amplias caudas. Largas discusiones se han gestado sobre ello; muchas acaban mal. Es que no estamos acostumbrados a discutir; eso. Y discutir es poner frente al otro una postura y aguantar la diferencia sin armar la gresca, seguir en ese diálogo a veces tenso, a veces fructífero o estéril también, pero necesario. Vayámonos escuchando, vayamos dejándonos transformar por el otro.
Recientemente, Gabriel Macotela Palencia expresaba ante el abrigo de la noche, en el bosque tropical de Quintana Roo: no podemos quedarnos al margen, lo que está pasando ya es demasiado.
Es evidente que el quehacer artístico es por sí mismo un proceso que manifiesta una postura ante el mundo y ante el sistema mundo del creador; recordemos el Guernica de Picasso como mínimo ejemplo.
Lo que aparece invariablemente en estas discusiones, no es gratuito ni ajeno, aunque parezca: a veces el creador no recibe un pago justo por su trabajo, o los apoyos se concentran en unos cuantos y el resto de los creadores se queda en desamparo (el asunto de la calidad es ya otro tema). Sin dejar de considerar esto, cambio el enfoque a lo que ocurre a partir de Ayotzinapa: creadores de gran trayectoria se están involucrando âmuchos de ellos lo han hecho tradicionalmente, otros ingresan a esta categoría, con sus posturas y acciones ante una realidad nacional que con el último acontecimiento rompió diques del tradicional aguante mexicano. Muchos de ellos son entonces, emblemas.
Puntualizo en una situación: los estímulos que recibimos o reciben los creadores, grandes, cuantiosos o pequeños, vienen de la carga impositiva obtenida de los ciudadanos, sobre todo de la clase que no puede escapar de estos cobros, esto representa al grueso de la población de clase media. Y si bien, la realidad nacional lacera a todos por igual, evidentemente se carga más en las clases trabajadoras, por el carácter anónimo y de desventaja que otorga su gran número, un número que es bien maquillado, definido como masa amorfa y usado solo para beneficios electorales.
Solo un ejercicio elemental: esos estímulos vienen de la sociedad, entonces: ¿podría un creador mantenerse al margen de lo que ahora pasa? ¿Podría seguir recibiendo esos estímulos sin que le importe? Y más, como creador, testigo del tiempo en el que se vive ¿es posible pasar por esta vida sin tocar el tema?
No sé, tal vez mientras el dinero fluya, no habrá para algunos, otra cosa qué discutir.
Que sí. Que no. Que a veces. ¿Dónde pones la palomita?
claudiadesierto@gmail.com