Un cambio de modelo en Europa

Opinión
/ 22 febrero 2015

¿Qué está ocurriendo en Occidente para que el populismo deambule como una estela que recorre de Este a Oeste todo el continente? ¿Qué está pasando para que el populismo cale en la piel de la ciudadanía europea? El hartazgo, el cansancio de la población hacia unos dirigentes políticos que parece que se han convertido en una casta propia, menoscabando al resto, tiene en parte la culpa. Europa se ha empobrecido; el desempleo ha aumentado de una manera notable y las desigualdades son cada vez mayores. Gran parte de los países europeos tienen algunos políticos que se han dedicado más a enriquecerse que a mirar por el ciudadano.

En Grecia, el partido radical de izquierda Syriza, de Alexis Tsipras, está gobernando desde hace un mes. Con ejecutivos anteriores cuyos políticos evadieron gran cantidad del capital, con un déficit público y privado enorme, con una inflación galopante y una sociedad empobrecida, un joven político le regaló a los griegos aquello que querían oír. Hoy Grecia y su gobierno populista se niegan a pagar una deuda que tienen contraída con muchos países europeos a menos que sea con créditos prácticamente vitalicios. Grecia está a punto de caer en una bancarrota de la que difícilmente podrá salir.

Hace cinco años Hungría también entró en bancarrota. Su sueño de pertenecer a la Unión Europeo primero, y después que su moneda, el florinto, desapareciera para que, en el 2012 apareciera el euro, se desvaneció cuando el país se resquebrajó. Tuvo que venir otro populista, Viktor Orbán, con muy mala prensa entre sus colegas europeos pero con un pueblo que le ama. Orbán y su populismo nacionalista, con ciertos tintes xenófobos, tiene el éxito asegurado con los magiares.

En Francia, Marie Le Pen y su partido de extrema derecha, tienen prácticamente asegurada su victoria, tras los fracasos de los gobiernos de Sarkozy —una derecha moderada— y de François Hollande y su socialismo pragmático. España es otro paradigma. Un joven ilusionante con ideas de quitarle el dinero a los ricos para dárselo a los pobres, Pablo Iglesias, y su partido político Podemos, podrían ganar las elecciones del próximo mes de noviembre.

Podemos nació hace un año y hoy es la primera fuerza política en intención de voto por encima del Partido Socialista y del Partido Popular. Sin embargo, sus amigos de viaje Venezuela, Irán o Ecuador no son los más confiables. ¿Puede estar detrás la mano iluminada de países cuyos gobernantes se creen aún más iluminados? Lo cierto es que dan igual los nombres y los líderes. Iglesias, Tsripas o Le Pen no son más que la excusa, una careta. Detrás hay algo mucho más profundo. El contenido, no es un partido o un líder; el contenido real es que el ciudadano europeo está pidiendo a gritos un cambio radical, un cambio, no político, sino de modelo. El que tenemos hoy, ya está agotado.

alberto.pelaezmontejos@gmail.com

Twitter @pelaez_alberto




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