El furor de la Temgesic
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No sé si recuerde usted que en Saltillo hubo un tiempo, ahora ya no tanto, en que andando uno por la calle se topaba con personas que, receta en mano, se la vivían pidiendo una ayuda económica para surtir tal o cual medicamento.
“Es que estoy enfermo, fui con el doctor y me dio estas medicinas y ando pidiendo una ayuda para completarlas…”, era más o menos el cuento.
Cierta vez uno de eso avispados lectores de Semanario, de esos que merecen llevar el nombre de reporteros ciudadanos, nos avisó que por algunos barrios se andaba moviendo un grupo de pandilleros que se dedicaban, receta en mano, a pedir dinero a la gente para surtir un insospechado farmacéutico.
Después de investigar en centros de rehabilitación para drogadictos, nos enteramos que se trataba de una inyección llamada Temgesic, que por esos días se había puesto de moda entre la población de jóvenes adictos.
¿Y qué tenía aquella inyección que estaba causando furor entre los cholos de barrios bravos y populares colonias de la ciudad?
Pues nomás sus efectos que, según consultamos con especialistas en toxicología, eran muy similares a los que produce la heroína en el organismo.
Pero además daba la casualidad que era un medicamento controlado, y su venta exigía, a fuerza, una receta médica.
Pues resultó, supimos andando la investigación, que estos muchachos adictos al Temgesic acudían con varios galenos de Saltillo, de poca ética al parecer, para que, previa cuota, les extendiera una de aquellas recetas en las que prescribían con su retorcida letra, y también retorcida conciencia de facultativos, el nombre de la socorrida ampolleta.
Está visto que en este, como en la mayoría de los temas oscuros, escabrosos, entre uno más le rasca, más sale mugre:
Quiero que sepa que uno de esos médicos era un pediatra que operaba en la colonia República
Poniente; y el otro ni médico era, según reportó después la Secretaría de Salud, sino un contador público que se dedicaba a traficar con recetas falsas de a 300 pesos. Haga usted el favor.
Todo esto sin contar las consecuencias que causaba al cuerpo el consumo excesivo del Temgesic.
Aquella investigación nos llevó más o menos un mes, entre que taloneamos la calle para dar con los adictos y con los seudomédicos y traficantes de recetas.
Para eso me tuve que hacer pasar por adicto y visitar a estos doctores, cuyos nombres y direcciones conseguí de las rectas que me enseñaban los cholos cuando se acercaban a pedirme dinero para comprara la “medicina”.
De esos “médicos” jamás volví a saber nada, sólo que uno de ellos, el contador, se había fugado después que sus fechorías salieron a la luz.
Y ahora me pregunto… ¿qué habrá nuevo bajo el Sol?