Eclipse, perigeo y equinoccio

Opinión
/ 20 marzo 2015

Para observar el eclipse total se requiere estar en coordenadas precisas.

En la coreografía sideral los tres astros, tierra, luna y sol hacen el espectáculo. Está en la tierra el graderío de la observación. El astro rey pone la luz y la superluna reina aporta la sombra. Es sombra nórdica que cubre Dinamarca y Noruega.

Para quienes volaron por allá en la fecha, las ventanillas del avión se convirtieron en equivocados cuadros de lunas crecientes y menguantes, antes y después de los momentos de tiniebla total. No era luz de luna sino de sol. Y no era la tierra sino la luna la que lo ensombrecía. Y estaba en perigeo (del adjetivo griego ?????????). Es punto de la órbita elíptica que recorre un cuerpo natural o artificial alrededor de la Tierra, en el cual dicho cuerpo se halla más cerca del centro de la misma. El punto opuesto, el más lejano al centro de la Tierra, se llama apogeo.

El equinoccio es el momento del año en que el Sol está situado en el plano del ecuador terrestre. Ese día y para un observador en el ecuador terrestre, el Sol alcanza el cenit (el punto más alto en el cielo con relación al observador, que se encuentra justo sobre su cabeza (90°). El paralelo de declinación del Sol y el ecuador celeste entonces coinciden. Sabemos que equinoccio proviene del latín aequinoctium y significa noche igual.

Ocurre dos veces por año: el 20 o 21 de marzo y el 22 o 23 de septiembre de cada año, tres épocas en que los dos polos terrestres se encuentran a una misma distancia del Sol, así la luz se proyecta por igual en ambos hemisferios. En las fechas en que se producen los equinoccios, el día tiene una duración igual a la de la noche en todos los lugares de la Tierra. En el equinoccio sucede el cambio de estación anual contraria en cada hemisferio de la Tierra.

Así esta primavera llega con tarde nubosa y salpicaduras leves de lluvia. Con la danza cósmica en que coinciden eclipse, perigeo y equinoccio para que la superluna se dé el lujo de tapar el sol. Ella que siempre lo refleja. El invierno fue terco en quedarse y lento en su despedida.

En el panorama nacional se requieren muchos deshielos y disipación de nieblas que impiden la transparencia propia de una primavera. Se requiere más calor humano para humanizar las relaciones ateridas de desconfianza. Los brotes nuevos y las florescencias de la creación podrán inspirar el resurgimiento pascual de las comunidades humanas

El autor de Claraboya, quien ha escrito para Vanguardia desde hace más de 25 años, intenta apegarse a la definición de esa palabra para tratar de ser una luz que se filtra en los asuntos diarios de la comunidad local, nacional y del mundo. Escrita por Luferni, que no es un seudónimo sino un acróstico, esta colaboración forma ya parte del sello y estilo de este medio de comunicación.

NUESTRO CONTENIDO PREMIUM