El curandero que quita lo gay
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Andaba el escándalo ese de las sectas cristianas que, no sé si para atraer adeptos, ellos dicen ganar almas para el reino de Dios, juraban tener la cura contra la homosexualidad.
Hacía años yo había leído un reportaje sobre un brujo, médico, chamán, vaya a saber, de algún barrio bravo en el Defe que aseguraba quitar lo gay usando electroshoks.
Y hablaba el tal señor, muy jocosamente, sobre los historia de éxito de su poco convencional terapia.
De muchachitos y muchachitas, gays, que habían sido llevados con él por sus papás y se compusieron.
A mí se me ocurrió que podíamos publicar una historia similar para el Semanario y me puse a buscar quién, aparte de los cristianos, tenía los tanates de decir que había descubierto el remedio para volver ¿normales?, a quienes tienen una preferencia sexual diferente, que, aseguran algunos sexólogos, no es más que una simple variante de la sexualidad.
Caminé y caminé por casi toda la ciudad y no encontré nada.
Consulté con adivinas, santeras, hechiceras y nada, lo que Dios no quiere, santos no pueden, me dijo una, las otras opinaban más o menos lo mismo, pero con expresiones más procaces, lo puto ya no se quita, me dijo otra.
Seguí buscando, buscando, pero nada.
Lo que si encontré fue un montón de tiendas esotéricas por todas partes, en las que se expendían los objetos más extraños, surrealistas, curiosos.
Lociones para enamorar, polvos para hacer y deshacer embrujos, veladoras de la buena suerte, esencias para apendejar, pero no para desapendejar, qué raro, y un sinfín de productos mágicos que no me alcanzaba la vista para apreciarlos todos.
Lo que si llamó mi atención, y con mucho asombro, era que llegaba gente y más gente a estas tiendas para adquirir esos géneros. El obrero, el ama de casa, el estudiante y un largo etcétera.
Y así me la viví por varios días, recorriendo estos negocios en los que, supe luego, se vendían como pan caliente unas pastillas para aumentar la potencia sexual, se la toman los viejitos y les funciona bien padre, me contó con desenfado la dependienta de una de estas tiendas.
Total, que no di con ningún curandero que dijera quitar lo gay.
Hasta que de mucho encontré a un brujo en la colonia Panteones que me dijo haber devuelto la hombría y la felicidad a varios homosexuales, haciendo un ritual con un fetiche, un pene de cera, que venden en las tiendas esotéricas, fotos, alfileres, listones y un calzón sin lavar del interesado.
La verdad es que a mí me pareció y me sigue pareciendo inverosímil, pero bueno, eso fue lo que encontré.
A los pocos días vi publicado el texto en el Semanario bajo un título que decía: El curandero que quita lo gay.