AMLO y Biden

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Opinión
/ 29 septiembre 2021

Los Estados Unidos han sido y son, por mucho, la realidad de política exterior más importante para México. ¿Puede imaginarse mayor asimetría que la existente entre los dos vecinos? Cualquiera que sea el tema de que se trate, estamos y estaremos fuertemente interrelacionados. Es una realidad geopolítica que se impone, naturalmente dada nuestra vecindad. Unen a las dos naciones 37 millones de mexicanos que radicamos en territorio estadounidense y 3 mil 169 kilómetros de frontera común que nos unen tanto como nos separan.

El Presidente de México invitó al dictador Cubano a los festejos de la independencia y lo hizo co-orador principal en esa ceremonia, al tiempo que se mandó a la última fila al embajador de los Estados Unidos, en un soleado 16 de septiembre.

AMLO lanzó una iniciativa para crear un nuevo organismo interamericano en sustitución de la OEA con la intención, entre otras, de neutralizar los ataques del Secretario General Almagro contra otro dictador: Nicolás Maduro, sobre quien ya pesa una orden de aprehensión en Estados Unidos.

Finalmente, invitó al presidente de China, Xi Jinping a dirigir un mensaje a quienes asistieron a la celebración, en un momento en el que las tensiones entre Estados Unidos y China por el liderazgo mundial y económico se encuentran al rojo vivo.

¿Cómo leer estos gestos?

Frente al gobierno de Donald Trump, Lopez Obrador y su gobierno se alinearon a todos sus deseos y caprichos. Fuera el libre comercio, la seguridad o la migración, en ningún tema asomó resistencia alguna, no se dejó ver la supuesta valentía de que ahora hace gala el gobierno obradorista.

Es probable que no existiera otra posibilidad, Trump fue como un chivo en cristalería, no daba espacio alguno para el juego político de las vencidas y los coqueteos entre las partes. Con tanto en juego quizá no había más que agachar la cabeza y obedecer. Hoy frente a una administración diferente en Estados Unidos, con Joe Biden al frente, se percibe un viraje de 180 grados en la actuación del gobierno mexicano.

Dependiendo de la postura que cada quien asuma, la actitud de López Obrador ante el vecino y principal socio de México, puede parecer tanto una postura valiente, como una actitud suicida. Sea lo que fuere, parece claro que algo importante está gestándose en las relaciones bilaterales y que sea esto lo que sea, nunca van a informarnos.

Muy probablemente nos endilgarán una arenga demagógica plagada de mentiras o medias verdades. No será la primera vez que esto suceda ni será la última. Existen temas que los gobiernos prefieren no compartir con la opinión pública. ¿Será que no nos consideran mayores de edad, capaces de procesar estos asuntos; será que se trata de temas difíciles de explicar, será que importan poco a la opinión pública, o será que hoy en día cualquier postura corre el riesgo de tergiversarse?

En todo caso me atrevo a plantear tres hipótesis:

A. El liderazgo mundial está cambiando. Aunque Estados Unidos todavía conserva suficiente poder, podemos decir que la, apenas ayer, potencia hegemónica, ya comparte una buena tajada de poder con China, el vigoroso gigante asiatico. Si sus aliados de siempre en Europa y Asia, ya tienen a China como principal socio comercial, ¿por qué México no? México y Canadá son hoy en día la excepción en este viraje.

B. Para posicionarnos frente al gobierno estadounidense, como ya hicieron otros en el pasado, la 4T busca medir al gobierno de Biden. Estirar la liga para ver cuánto aguantan en Pennsylvania Avenue. Un gobierno del partido demócrata suele ser mucho más permisivo frente a este tipo de acciones, porque tienen otras prioridades y eso permite al gobierno de México jugar la carta nacionalista que genera apoyo en la base electoral del Presidente López Obrador.

C. México está repitiendo una versión levemente modificada del papel que jugó durante la Guerra Fría: sus gestos, decisiones y discursos visibles son parte de una estrategia articulada de común acuerdo por el Departamento de Estado y la Secretaría de Relaciones Exteriores. Conforme a ella, para legitimarse ante un público nacionalista y anti estadounidense, el Gobierno mexicano representa algo que en el fondo no es, acercándose a gobiernos contrarios al estadounidense, particularmente al chino, cubano, venezolano y nicaragüense. Esta cercanía permite al gobierno estadounidense enviarles mensajes por medio del mexicano y, además, le sirve de oídos y ojos ahí donde no puede estar presente.

En alguna de estas tres alternativas, o en una mezcla de ellas, podemos encontrar explicación al repentino viraje de López Obrador. Sea cual sea, no debe sorprendernos, no sería la primera vez que esto ocurra, ni será la última.

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Columna: Regresando a las Fuentes

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