Buda y el cuchillo

Opinión
/ 25 agosto 2024

El cuchillo sigue aquí en la mesa. Y no, no es que sea un cuchillo averiado por Buda, es mi tesoro.

A Silvio Andrés Salcedo

Tengo frente a mí un cuchillo. Su mango es de madera. Buda, lo mordió una mañana en la que clavé su filo de metal en la tierra del jardín para ir por un rosal y lo dejé allí, en sus brillos, olvidado.

Buda ni una herida sufrió. Allí estaba sujetándolo y hundiendo las afiladas perlas que son sus dientes y sus colmillos en la madera. Permanece esa imagen: Buda en el jardín masticando un cuchillo.

Pero Buda ya no está en mi jardín ni en mi vida y sí lo está, pues embebió al cuchillo con sus marcas, un cuchillo que hasta hoy he dudado en desechar. Hoy yace esa saeta sobre la mesa como un elemento material que, en su forma rotunda, me permite afirmar, ante quienes me visitan, que Buda estuvo aquí. Buda estuvo aquí, repito en la habitación de mi mente, Buda estuvo aquí.

Hay un particular trazo limpio y largo que corre desde el extremo superior del mango del cuchillo y concluye a la mitad; acaba justo milímetros antes de donde asoma un clavo que sella esa cara del mango con la otra, para aprisionar el acero delgado de bordes ondulados.

Buda sigue allí en el cuchillo y aquí, en mí, al evocarle. Prosigo en el acto de traerlo al presente a través de un repaso: su particular forma de mirarme y de arrugar la parte superior del brillante entrecejo, o de yacer a mi lado en el piso, sereno, mientras yo escribía. O de estar juntos frente a la tarde, sentados. O andando por el bosque mientras cojeando, sereno, llega y me muestra cómo una espina lo ha penetrado. O sonriendo al tiempo que yo le plantaba un sonoro beso.

Estamos hechos de un presente continuo, decía San Agustín de Hipona. Ahondo, de acuerdo a sus propias palabras: “tal vez sería más propio decir que los tiempos son tres: presente de las cosas pasadas, presente de las cosas presentes y presente de las futuras. Porque éstas son tres cosas que existen de algún modo en el alma, y fuera de ella yo no veo que existan: presente de cosas pasadas (la memoria), presente de cosas presentes (visión) y presente de cosas futuras (expectación).” Buda está presente aún y cuando no vea su figura.

Y Buda, porque es Buda, me aclaró durante su estancia en esta casa, lo que es permanecer impasible ante el reclamo o la furia de otros. Imperturbable enfrentaba a seres menores en talla; él en esos momentos existía como si pasara el viento, como si fuera una brizna natural la ofensa.

Cuando digo: Buda usaba un cuchillo para jugar, es una metáfora. Cuando escribo: Buda estaba en el jardín, es otra metáfora. Cuando pienso: Buda era un ser negro y brillante, hay otra metáfora.

En el jardín Buda pasaba entre las flores del plumbago que, con dedos pegajosos de clorofila se adherían a él untándole flores azules que destacaban entre el negro de su figura. Esa imagen me hace feliz.

Buda, en su contento, azotaba su cola larga con fuerza, golpeando mis pantorrillas o deshaciendo a veces las rosas del jardín. Buda ladraba de un modo ronco y agradable.

El cuchillo sigue aquí en la mesa. Y no, no es que sea un cuchillo averiado por Buda, es mi tesoro. Desde hoy pasa del cajón de los cubiertos, a la caja de herramientas. Mi mano izquierda sentirá esas fisuras, hundiré su filo para plantar otra albahaca, para quitar algunos terrones que no ayudan al cajete de las papayas o para cortar -luego de pasarlo por alcohol-, algunos gruesos hilos de la vid que siguen invadiendo la altura del fresno.

Como antes, estaremos Buda y yo forcejeando por el cuchillo y le diré: “deja eso”. Entonces ambos iremos de nuevo a pasear mientras la gente lo saluda por su nombre y él sonríe elevando sus belfos de una forma clara.

El vocablo Buda proviene del sánscrito buddha que significa despierto o iluminado.

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Nacida en Monclova, Coahuila. México, en Junio 3 de 1969. Licenciada en Ciencias de la Comunicación. Maestra en Historia de la Sociedad Contemporánea. Doctora en Ciencias y Humanidades para el Desarrollo Interdisciplinario. Ha publicado entre otros, “Los frutos del sol“ (Castillo MacMillan 2005) libro infantil y poemarios entre los que figuran Casa de sol (FECA-CONACULTA 1995), “Ruido de hormigas“ (Gatsby Ediciones, 2005), Carne para las flores, antología personal (Aullido libros, España 2011), Las flores desenfundan sus espinas, antología personal (Secretaría de Cultura de Coahuila, 2013) y “Donde la piel“ (Mantis Editores/CONARTE, 2019). Aparece en “Anuario de poesía mexicana“ (Fondo de Cultura Económica, 2006).

Obtuvo el primer lugar en fotografía Coahuila luz y forma 2003. En poesía, recibió beca del FONCA, estímulos como joven creadora y como creadora con trayectoria del FECA y del PECDA en varias ocasiones. Fue becaria FORCA-Noreste 2011-2012, en Lima, Perú donde impartió talleres sobre poesía objetual. Como invitada de honor del Festival Internacional de Teatro Tánger 2013 en Marruecos, se leyó su poesía traducida al árabe. Parte de su trabajo también tiene versiones en inglés, alemán, portugués y francés. Entre las revistas en las que ha publicado, destacan el número inaugural de la revista de poesía contemporánea de Valencia “21veintiúnversos“, ( octubre de (2015), y “Lichtungen“ (noviembre de 2016) en el apartado “Literatura del norte de México“, en el que sus poemas fueron traducidos por Christoph Janacs.

Fotografías medio ambientales, video poemas y atmósferas sonoras fueron exhibidos en la Galería Mohammed Drissi de Tánger (Julio-agosto 2021). Participó en la muestra de arte coahuilense titulada Segar el mar, dentro del 49 Festival Cervantino. Parte de su trabajo se encuentra en el portal virtual www.thenatureofcities.com, al lado de artistas medio ambientales del mundo. Actualmente es Directora de Divulgación Científica en el Museo del Desierto.

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