Casa Tiyahui: La divergencia cultural del Centro Histórico
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Existe un mundo aparte en la calle de Juárez, un lugar donde otro mundo es posible. Hace ya 17 años se abrió un espacio con mucha creatividad y un sentido muy propio de lo que buscaban, dándole así una filosofía a este recinto cultural para todas las disciplinas artísticas. Y pioneras también, sus creadoras, en el mundo de las pizzas: El Delirio.
La primera vez que fui no había este hostigamiento gastronómico y las cosas simples eran muy cautivadoras. Tenían unos aderezos de jamaica, mayonesas de sabores específicos, una “agusticidad” en medio de esta casona que marca uno de los vestigios de importancia arquitectónica del Centro Histórico. Un sitio rebelde, democrático y de idealismo. Así es su propietaria e hijas que llevan la bandera de la coherencia con que piensan, hacen y predican.
El reciclaje, la personalidad, las simples cosas han hecho de Casa Tiyahui un sitio de valor y tradición. En una ocasión fui a bailar música cubana ¡qué cosa más grande, caballero! Me sentía en La Habana. El ambiente, las personas, los mojitos, la casa, mi vestido vaporoso y mis zapatitos de domingo como la Penélope. Bailé como si nadie me viera y creo que de eso se trata este espacio, de dejarnos ser, comer pizza chida, tomar boing, mezcal de la casa y ver su cartelera, que siempre es muy actual, muy a los tiempos que vivimos.
Kuin Bermea lleva la batuta, siempre entusiasta y convencida de cada cosa que hace. Me encanta su silencioso “me vale madre” y lo hace como solo ella sabe hacerlo, con sus hijas que son parte de este ejercito zapatista de ideas imparables.
Casa Tiyahui no tiene pretensiones, están alejadas del bullicio del ego, son pioneras en las hoy bendecidas pizzas, de movilización cultural, eventos, en alzar la voz si es necesario.
Siempre que escucho “¿quién dijo que todo esta perdido? Yo vengo a ofrecer mi corazón” llega a mí la colectividad filosófica de este sitio que todo mundo debería visitar.
Además de que otro mundo es posible, entre sillas y mesas cargadas de tiempo, de huellas, reivindican el uso del reciclaje. Dándole espacio a la nueva oportunidad, darle un valor a lo que pensamos en ocasiones que ya no lo tiene. Con el sombrero en la mano, ante una mujer revolucionaria guerrera y siempre creativa, con su verdad.
Lo ideal sería estar en una velada con el cubanísimo Silvio Rodriguez, Kuin, otros entes y especies de singular rareza de este primer cuadro y una servidora, guitarra en mano y unos buenos mojitos, todo para una charla incómoda, arreglando este mundo de un metro cuadrado. Que circule en la colectividad imaginaria de muchos arropados por esta trinchera de mil batallas.
Casa Tiyahui y sus memorables mercaditos, sus cantos y poesía, su baile; lo instrumental que existe dentro de ese corazón divergente y resiliente. Cuando vienes llegando al centro por la de Juárez, a los lejos ves las torres de la iglesia San Francisco, donde puedes caminar la plaza, al fondo se ve la imponente Catedral de Santiago y en medio de este poder se ubica Casa Tiyahui.
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