De la cintura p’abajo

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Opinión
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De la cintura para arriba todos podemos ser buenos. Si la Santa Madre Iglesia quitara de los mandamientos el sexto y el noveno, más gente se iría al Cielo

Los angelitos son muy buenos porque no tienen nada de la cintura para abajo. Así los representaban los pintores en los cuadros piadosos: una cabecita con rizos dorados, y abajo un pechito y una espaldita que apenas dejaba sitio para poner las alas.

Definía el antiguo catecismo: los ángeles son espíritus puros. “Es un ángel”, se dice de quien es muy bueno. Ninguna gracia tiene ser muy bueno si se es espíritu puro. Malo cuando interviene la materia; entonces sí eso de ser un ángel se vuelve cosa muy cabrona.

https://vanguardia.com.mx/opinion/el-ultimo-amor-de-simon-bolivar-GG22422631

De la cintura para arriba todos podemos ser buenos. Si la Santa Madre Iglesia quitara de los mandamientos el sexto y el noveno, más gente se iría al Cielo. A lo mejor pusieron esos dos mandamientos para evitar aglomeraciones en el Paraíso, y que no se vuelva un mall en sábado en la tarde, o una playa de veraneo en julio. Los mandamientos que hablan de la carne son muy rigurosos. Si le ves las piernas, el tetamen o el trasero a una mujer guapa ya pecaste con ella en tu corazón. Y no hay arreglo posible.

Un señor iba a casar a su hija. Su esposa le dijo que los compadres iban a comulgar en la misa de la boda; se vería muy mal si él no lo hacía. Así, lo llevó con un sacerdote comprensivo a fin de que lo confesara y lo pusiera en disposición de recibir la sagrada eucaristía.

-¿Cuándo fue la última vez que te confesaste?

-Ya no me acuerdo, padre. 20, 30 años; por ahí.

-Voy a ayudarte para que no batalles. Te iré diciendo los mandamientos, y tú me dirás si los has cumplido o te has apartado de ellos. Empecemos. ¿Has amado a Dios sobre todas las cosas?

-Sí, padre, con excepción de mi esposa, mis hijos y mis nietos. A ellos los he amado más.

-El Señor entenderá eso, hijo –replicó el buen sacerdote–. ¿Has tomado el nombre de Dios en vano?

-No sé cómo se hace eso. Digamos entonces que nunca lo he tomado.

-Bien. ¿Has santificado las fiestas?

-Las he gozado, algunas. Claro, antes más que ahora.

-¿Honraste a tu padre y a tu madre?

-Sí. Y Diosito me lo premió haciendo que mis hijos nos honraran a su madre y a mí.

-¿Has matado?

-No. Pero ganas no me han faltado, tratándose de algunos hijos de la chingada.

-¿Has robado?

-Todos hemos robado algo alguna vez, aunque sea el tiempo de los demás cuando llegamos tarde a una cita.

-Tienes razón. ¿Has mentido o calumniado?

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-Eso sí, padre: he levantado falsos testimonios. Pero al final siempre han salido ciertos.

-Entonces no eran falsos, de modo que en eso también estás libre de culpa. Ahora dime: ¿has deseado a la mujer de tu prójimo?

-Nada más la del prójimo que la escogió buenona, padre. Con la de los otros he sido muy cristiano. He deseado a la mujer de mi prójimo, sí, pero a la mía ya no la deseo nada. Supongo que con eso se emparejan los cartones.

Lo dicho: los problemas no vienen del corazón o la cabeza, sino de la cintura para abajo.

Escritor y Periodista mexicano nacido en Saltillo, Coahuila Su labor periodística se extiende a más de 150 diarios mexicanos, destacando Reforma, El Norte y Mural, donde publica sus columnas “Mirador”, “De política y cosas peores”.

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