Cuando me digan que una mujer está hecha ‘una Magdalena’, no pensaré en una mujer inundada en lágrimas: la veré sonriente, coronada de piedras rutilantes
El retrato que de la Villa hace don Antonio para presentarlo ante la imaginación de su parienta es un rosario de piropos al solar nativo, una canción al amado terruño
Cierta noche, cuando el señor Morelos Zaragoza estaba en su oficina haciendo las cuentas del día, un asustado sirviente le avisó que el oso había escapado de su jaula y andaba suelto por el hotel
En el Salón de Actos recordé a la ilustre maestra doña Juanita Flores viuda de Teissier, la señora prefecta, quien con bondadosa energía llevaba la conducción del alumnado, y desde el foro enviaba a cada grupo al salón que le correspondía
Llegó en su caballo a aquel pueblo el hombrón de mi relato, y como había cabalgado la mañana entera decidió refrescarse el gurguñate en la cantina que estaba frente a la plaza del villorrio
Veamos el segundo carruaje. En él va una familia de pelirrojos: pelirrojo el señor; pelirroja la señora; pelirrojos los hijos y las hijas. A este carruaje se le conoce como ‘La cerillera’