Dirige Alondra de la Parra, 9a de Beethoven en un mundo fracturado
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Grupo DETONA Atestigua conmovedor concierto en Cancún
Cancún, QRoo.-
¿Les platico? ¡Arre!
La directora de orquesta Alondra de la Parra -quien, por cierto, nació en Nueva York el año 1980 y a sus tempranos 2 se mudó a México- comparó el tiempo convulso que vivió Ludwig van Beethoven con la época actual:
”Esta noche nos reunimos para buscar la armonía dentro de un mundo fracturado porque realmente está fracturado, de la misma manera que lo estaba en el momento en que Beethoven compuso esta sinfonía. Cuando la compuso, en 1824, Europa estaba marcada por una guerra y profundamente dividida por la desconfianza política”. Alondra de la Parra.
La humanidad -dijo con ironía- parece no haber aprendido mucho en 200 años.
De esa manera presentó el concierto sinfónico ”Voces de fraternidad”, donde dirigió a músicos de primer nivel que interpretaron la ”Sinfonía núm. 9 en Re menor, Op. 125, Coral”, este jueves 30 en la quinta edición del Festival PAAX GNP.
Los solistas fueron Serena Sáenz (soprano), Gaëlle Arquez (mezzosoprano), Arturo Chacón-Cruz (tenor) y Gianluca Margheri (bajo-barítono), junto a La Orquesta Imposible y la Orquesta y Coro de la Comunidad de Madrid.
Casi 200 años y seguimos con la misma pregunta. Beethoven sufría de un aislamiento profundo porque estaba completamente sordo, luchando contra esa soledad y el deterioro físico. Dentro de esta situación se habría pensado que el genio alemán hubiese escrito una obra sumamente trágica. Tenía motivos para escribir una obra llena de desesperación y, sin embargo, tomó la decisión de hacer una obra optimista que llamara a la hermandad.
Alondra explicó que la Novena de Beethoven es una obra donde, en cada uno de sus movimientos, el autor se atrevió a lo que nadie antes había hecho.
Desde el primer movimiento refleja el vacío y la ansiedad del conflicto ideológico, una metáfora que logra a través de cuerdas temblorosas.
”Es como el susurro, el nervio de la Tierra, de la humanidad. Nunca había empezado así una sinfonía”, Alondra.
Fue inaudito que el segundo movimiento arrancara con el scherzo -”el desafío, el juego”- o que, sin tratarse de una ópera o un réquiem, aparecieran cantantes para darle un grado de cohesión conceptual a la música.
La Novena de Beethoven es una obra que no tiene comparación. Es necesaria para la vida. Entraña una partitura muy complicada para los cantantes; es un papel muy complicado.
Beethoven no tenía la experiencia de escribir para voces. Escribió algo muy difícil para la voz.
Habitualmente, el público no se da cuenta, pero el coro canta muy finamente y el resultado es increíble: una vibración, una masa de voces que llegan junto con la orquesta al final a un esplendoroso himno a la unidad.
Cada frase que Beethoven escribió para cada una de las voces es muy difícil técnicamente.
Puccini, Verdi hubieran sido más cuidadosos al escribirlo con saltos o melodías más fáciles de entender.
Beethoven hizo una ingeniería de sonido para crear una amalgama excelente.
Los artistas tienen que encontrar la manera de conectar con el público, sin subterfugios.
Deben lograr una comunicación pura, así, en el contexto de esta obra maestra, cumplen con su razón de estar en la Tierra.
Para cualquier cantante, interpretar la Novena de Beethoven es la mayor satisfacción que pueden sentir.
Al final, largos minutos de aplausos y ovaciones del público de pie.
Cajón Desastre:
- Mañana, cambio completo de programa, sin faltar la Irreverente de mi Gaby, el Incomparable Iván y toda su Compañía.