El plan maestro de AMLO (2 de 2)
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Querido lector, amada lectora, sufride lectore, esta vez y sólo por esta vez, le suplico que, si gusta acompañarnos en este viaje hacia lo extraño, lo fantástico, lo inesperado... se remita a la pasada entrega (martes 25 de enero), para no repetir todo el antecedente y poder concluir con esto de una buena vez. Ande, que aquí lo esperamos... ¡póngase mascarilla y nos trae algo del Oxxo!
‘Intentábanos’ respondernos cuál es la intención detrás del macuspano empecinamiento de López Macaneador en realizar la dichosa consulta de revocación de mandato.
Él la vende como un ejercicio imprescindible para el fortalecimiento de la vida democrática del País (ajá...).
Pero si algo sabemos es que AMLO es cualquier cosa, menos un demócrata. De hecho, como que la democracia es su kriptonita, la pluralidad de ideas su dolor de cabeza y el disenso su mayor encabronamiento.
Es de sobra sabido además que cualquier consulta de revocación le favorecería ampliamente a AMLO, quien con una mano en la cintura y la otra sosteniendo una quesadilla, la ganaría de calle. Y por decir que “la ganaría” nos referimos al hecho de que sería apabullantemente ratificado por una amplia base de votantes incondicionales. Eso lo podemos deducir de la simple observación, pero a cualquier medición de las preferencias me remito: Amlito es igual de popular que las micheladas con tkt light (en ambos casos, buácala).
Pero entonces, si al Presidente no le gusta la democracia y sería totalmente redundante ratificar el respaldo del que goza su régimen... ¿Como pa’ qué tanto empeño en la revocación esa?
No pocos han advertido que eso reforzaría la de por sí sólida popularidad del Presidente quien, pese a sus yerros, omisiones y matinales ridículos, mantiene sus muy saludables porcentajes en nada distantes a los del día de su ascenso al poder.
Sería pues como echarle unos buenos troncos de leña a un bosque que está en llamas.
Pero no... Por más cómodo que AMLO se sienta y desenvuelva en los menesteres electorales, por más puntos porcentuales que le restaurase el ejercicio de revocación, no se justifica la vehemencia con que persigue este objetivo y el ardor con que se lo pelea al INE.
Está AMLO decididamente emperrado en realizar la revocación, sí o sí, pero no es porque anhele sentir el calorcito de su pueblo en forma de votos, no.
Como ya dijimos, el sucesor de Sopes Tragador -sea el canciller, la doctora o quien resulte- tiene la elección ganada. No sólo porque la oposición es inexistente, sino porque la votación masiva y cautiva de AMLOQUILLO se volcará en su favor.
Cosechar votos en nombre de uno de los Presidentes mejor posicionado del mundo (aunque nos arda), uno que tiene becado a medio País entre adultos mayores y chaviza nini, será relativamente sencillo, como recoger pitufresas en el bosque.
Sucede que, pese a decir disparates como que México se fundó hace cinco o diez millones de años, el Señor de los Pambazos debe conocer algunos eventos más recientes de nuestra historia, como ese periodo llamado El Maximato, régimen durante el cual, el general Plutarco Elías Calles, fundador del PRI (PNR) y cabronazo de tiempo completo, ejercía el poder de facto detrás de los presidentes que él mismo impuso luego de su mandato.
La intención de AMLO sería la de instaurar un régimen similar al de Calles, apoyado en la aquiescencia que el pueblo le prodiga.
Pero al Jefe Máximo original, luego de manejar como quiso a los presidentes Portes Gil, Ortiz Rubio y L. Rodríguez, le salió uno que era más cabrón que guapo, mismo que no se dejó ningunear; hablamos de mi general Lázaro Cárdenas del Río, prócer de los hidrocarburos y verdadero Tata Jedi, quien no sólo rompió con Calles y su nefasta influencia, sino que lo mandó al más ignominioso exilio casi por el resto de su vida.
AMLO (quien se proclama #TeamCárdenas pero es más #TeamCalles que nadie) puede proponer a los presidenciables que quiera y el pueblo se los va a palomear con esa avalancha de votos que el lopezobradorismo representa.
Pero una vez en el poder ¿Cómo evitar que el sucesor/sucesora no se le rebele? ¿Cómo impedir que el títere que ponga no cobre autonomía y pida, cual Pinocho político, ser un niño de verdad?
¿Qué pasaría si su delfín o ‘Delfina’ se le alebresta y no quiere acatar los compromisos hechos por AMLO, si no quiere continuar con sus obras y proyectos, si no quiere seguir cultivando la imagen del líder macuspano, si no quiere darle al Ejército todo lo que pida, si no quiere darle al narco las facilidades que ya están pactadas o si no quiere conservar en su gabinete a los viejitos que López designe?
¿Qué pasaría si el o la presidente en turno decide romper con López Obradiurs y agarrar el toro por los cuernos para componer sus entuertos?
¡Justo allí es que AMLO y toda su amplia base de bienquerientes le aplicarían al presidente indisciplinado la Revocación de Mandato, pues una palabra del tabasqueño bastaría para que el pueblo bueno y sabio le retirase el poder al mandatario, a mitad de sexenio!
Si el nuevo gobernante hace emputecer al Thanos de Macuspana, éste desde su rancho La Chingada, sólo tiene que decirle a sus votantes si es hora de deponer al Presidente y nombrar a quién habrá de relevarlo. Porque la Presidencia expira, pero el liderazgo moral que ejerce sobre la chairiza no.
Es para AMLO la revocación de mandato su botón de pánico, su palanca eyectora, la directiva 4 con que evita cualquier insubordinación, para que los sucesores le profesen obediencia absoluta, pues estarán siempre amagados por el poder electoral del Mesías tropicoso.
Pero primero es menester -¡le urge ya!- dejar esa revocación implementada e instituida: “¡Pinche INE, pinche Suprema Corte, pinche Lorenzo Córdova, nomás interponiendo trabas y excusas!”.
Y esa, queridos míos, fue la gran revelación que tuve hacia fin de año pasado, mientras hacía cosas de adultos (lavar los trastes).
Y ustedes... ¿qué piensan?